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26
ene
2010

Una política de BONOS: algunas dudas sobre el Minvu, la planificación y el populismo

Calama - Peuco. El bono minero. http://www.flickr.com/rosariomontero

Calama - Peuco. El bono minero. http://www.flickr.com/rosariomontero

Navegando por flickr me encontré con la galería de la fotógrafa Rosario Montero, y entre sus diversos trabajos llamó mi atención la serie de fotos de la ciudad de Calama rotuladas con el título El bono minero. Lo que muestran las fotos es elocuente: casas de un estrato económico medio con altos niveles de modificación en sus fachadas, con evidentes y costosas inversiones, que bien podríamos atribuir a los abundantes bonos recibidos cada año por los mineros de la zona; y es que un bono (en este caso millonario) que pasa directo a los bolsillos de los ciudadanos, se transforma en inversión inmediata, y se nota.

Un bono es un beneficio personal inmediato, y por lo mismo tiene un impacto enorme especialmente en sectores populares. Cambiando de escala desde el millonario bono minero, cabe recordar los bonos por carga que la propia presidenta Bachelet entregó durante el año pasado, y que estuvieron enormemente presente en los debates entre Piñera y Frei. Sea de 40 o 50 mil pesos, puede llegar a significar –como las historias personales lo relatan- que una mujer con 5 hijos, tenga de un momento a otro más dinero del que nunca ha juntado de una sola vez. Y el impacto de eso es altamente significativo.

Ahora, ¿por qué tocamos este tema acá? Porque ante el escenario político actual, como se explicará luego, parece altamente necesario preguntarse por las consecuencias de una política basada en bonos, y sus implicancias a nivel urbano; en otras palabras, un instrumento que genera beneficios individuales inmediatos, ¿es capaz de traducirse en beneficios comunitarios, de la mano de un pensamiento conjunto –como debe ser- de la ciudad?

Decía que esta pregunta resulta pertinente en el contexto actual, ya que nos encontramos prontos al cambio de gobierno, y con él de todos los gabinetes; el caso particular del MINVU y de sus posibles escenarios será analizado con más detalle mañana en este sitio (por Nicolás Valenzuela), pero parece claro que en este ministerio, y en el conjunto de carteras que actúan directamente sobre la ciudad (MOP, Transporte, Medio Ambiente, por nombrar los más relevante), imperará una doble mirada representada por sectores diversos de la Coalición por el Cambio, implementadas en dos áreas de decisiones distintas en torno a la ciudad.

Una primera visión está encarnada por el sector más liberal de la coalición, y que caricaturizado al extremo puede ser visto como el sector representante del empresariado, dónde los intereses de la Cámara Chilena de la Construcción son altamente persuasivos, y cuya principal ingerencia estará (como ha estado hasta ahora) en la planificación urbana y las decisiones en torno a los grandes proyectos urbanos. Una segunda área es el de las políticas sociales avocadas a la construcción de vivienda social y a la habilitación de barrios populares; podemos especular que este aspecto se vincula muchísimo más con el área más conservadora de la coalición, en particular en la UDI, donde el trabajo en poblaciones ha sido uno de los ejes principales en su consolidación como partido popular los últimos años. Sin ánimo de apostar a los equipos a cargo, las duplas de ministro y subsecretario que andan sonado de manera poco oficial (Lavín-Allard, Longueira-Allard) dan cuenta justamente de esa dualidad.

Si sumamos a esto la carrera presidencial que posiblemente empiecen a correr los dirigentes de la UDI, es probable que de haber un ministro de este partido en el MINVU, haya una alta cuota de asistencialismo, con énfasis en los barrios vulnerables: no sólo así lo dicta los valores del área más conservadora del gobierno electo, sino que también ahí están los votos, y la UDI ha sabido construir una red importantísima en poblaciones de todo el país.

En este escenario, los miedos de quienes nos consideramos oposición a la derecha en ese sentido son matizados: los sectores vulnerables no serán dejados de lado; pero cabe la pregunta de cómo se harán cargo de éstos. Ya algo ha salido a la luz en el debate en torno a la intención de unificar el sistema de subsidios, como lo precisa Amaral en los videos publicados hace algunas semanas. Unificar el sistema de subsidios significa en la práctica, privilegiar por sobre todo la variable económica en la designación de recursos, limpiando cualquier otro criterio de asignación (localización, políticas específicas para ciertas zonas, etc.), y acercando bastante el concepto a lo que entendemos como bono: usted no tiene plata, tome la plata para que se compre una casa.

En cuanto a barrios, cabe preguntarse por el futuro de programas como el Quiero Mi Barrio; manteniendo la lógica anterior, resulta plausible pensar que este programa o algún equivalente se mantendrá, pero la inquietud surge en torno a la naturaleza de esta continuidad, ya que gran parte de los avances del PQMB estaban en la construcción de redes sociales de organización y participación, incluso por sobre las obras; me atrevo a aventurar que un sesgo con el que llega este gobierno es el de eliminar intermediarios y entregar de manera directa recursos a las organizaciones. Nuevamente una política de bonos.

Curiosamente, este esquema se parece bastante al clientelismo operado por Chávez en Venezuela para dar recursos a las organizaciones locales; sin embargo, no sería de extrañarse esta similitud entre extremos ideológicos, ya que los gobiernos de derecha tienden a ser más expansivos en sus gastos (basta recordar las críticas de la oposición por las decisiones de ahorrar por parte del Estado ante la subida del cobre un par de años atrás).

El bono se ve más, se traduce en algo más directo, pero ¿qué consecuencias tiene para el desarrollo en conjunto de la ciudad, si entendemos que esta no es sólo la suma de decisiones individuales, sino la construcción del espacio colectivo? Además de su evidente consecuencia populista, (sí, e bono genera popularidad porque significa recursos y soluciones aquí y ahora), una política basada en la lógica del bono se salta la intermediación entre lo que quiere ser cada uno y lo que queremos ser como sociedad; la construcción de esto último, pareciera ser precisamente el rol del Estado y quien lo guía.

Agradezco las conversaciones tenidas al respecto con Nicolás Rebolledo y Nicolás Valenzuela.

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  • Johnny Aspee

    Los mineros bien merecidos se los tienen, creo que son sueldos dignos para su labor, lo malo es que pasa con la mayoria que no trabajamos en mineras, mas que nada con el entorno.
    Las fotos reflejan claramente la vida mas bien privativa de la poblacion cuando comienzan a tener mas dinero, y la arquitectura es muy fiel a eso, se encierran cada vez mas creando fortalezas indestructibles, eso no es mas que el miedo que se tiene cuando valoran mas lo material que lo humano, y que a la vista de ellos ven una ciudad que les pide limosna por un plato de comida.

    Pero mas alla de todo esta el porque no hay mejoras sustanciales de las ciudades, mejoramientos de entorno de los barrios, creacion de puntos de encuentro, de cobijos, de esparcimiento, pero creo que todo vendra a su tiempo y que el estado tenga mas recursos.
    Los bonos que se dieron ayudaron a muchas familias porque yo lo vi de forma muy presencial, y auque sea popular o no, es dinero que la gente no malgasto sino que realmente se necesitabo como una primera inversion de un negocio, o ropa, o entretencion que es tan necesaria, ya que el mercado quizas nunca le iba a dar un credito o un apoyo fininciero, o un padre nunca se podria haber independizado porque nunca le pagaron lo justo.
    Podrian mostrar las mansiones en las faldas del manquehue para contrastar la realidad chilena de verdad.

  • http://temploenllamas.blogspot.com Rodrigo G.

    Felicitaciones…¡¡

    Interesante tema y exposición.

  • http://www.facebook.com/cfriasb Cristián Frías

    Camila:
    Muy bueno tu artículo. Felicitaciones.
    Por desgracia mi comentario no tiene traducción al español…
    grassroots disenfranchisement through shopping spree

    Un matiz sobre el caso Venezuela. Es cierto que Chávez, como medida populista, ha optado por un rol del Estado como ente de subsidio directo. También es cierto, que al menos en el caso de “los ranchos” de Caracas (equivalentes a nuestros campamentos o poblaciones callampa), el gobierno ha inducido / estimulado la organización ciudadana a través de programas de empoderamiento de las comunidades, particularmente a través de proyectos culturales colaborativos. Para más referencia, mira el trabajo de Marjetica Potrč en el “Caracas Case Project” (http://www.potrc.org/project2.htm), proyecto auspiciado por el Ministerio del Ambiente de Venezuela.
    Es una aproximación al problema de la marginalidad ostensiblemente distinto al caso de Colombia, o Brasil, pero que no deja de ser interesante.
    Sobre todo en nuestro nuevo panorama político.

    Saludos.

  • Federico Urqueta

    Mal que mal es el precio justo por estar varios dias y semanas lejos de sus familias

  • Daniela

    Me parece interesante tratar un tema tan gastado como el de los bonos no bajo el lente de “está bien” o “es la peor decisión del mundo”, sino pensando en los resultados no inmediatos que este tipo de políticas genera.

    Al igual que con los principios básicos del capitalismo, es tentador creer que, efectivamente, es el poder de decisión individual el que afecta el mercado global (disculpándome de antemano por lo burdo de mi capitalismo, espero que la idea se entienda), haciendo alusión a la idea de “no es sólo la suma de decisiones individuales, sino la construcción del espacio colectivo”.

    Una vez vencida la tentación, resulta difícil creer que uno tiene poder de decisión al momento de consumir o gastar el bono, puesto que con cada política de “tome, Ud ahora podrá comprar lo que quiera” hay el triple de iniciativas mucho más poderosas que están gritando “Ud solo puede comprar lo que yo le ofrezco”.

    Lejano al sistema de fichas en las pulperías, pero bajo el mismo principio, cuando el bono viene del mismo lado que las alternativas de gasto (bajo el lente más malpensado también), resulta difícil creer que todo va a salir bien y que todos los bonificados van a ser felices comiendo perdices.

    Porque aunque no (siempre) se vea la mano invisible, todos sabemos que a fin de cuentas quien se lleva el puñado es un grupo reducido, y es el mismo que emite las fichas.

    Con el peligro de sonar “antidemocrática”, oligárquica y hasta déspota, creo que en muchos temas, el poder no puede ser colectivo. No porque no me gustaría que así fuese, sino porque la historia nos trata de decir que no resulta. Que hay poderes que no pueden pertenecer a todo el mundo por igual, porque entonces tal poder se diluye.

    Para el caso específico de las políticas sociales de vivienda y planificación, me parece indispensable una mano no invisible, que entregue bonos si es necesario, pero que principalmente genere un sistema, una estructura sobre la cuál desenvolverse; sea esta un sistema de subsidios habitacionales o un plan de educación cívica, que no entregue solo un poquito de poder (dinero) sino también las herramientas para trabajarlo, con un pensamiento escondido detrás y malintencionadamente bien intencionado al bienestar colectivo.

    En resumen, me asusta la política de bonos. Me asusta como me asustó ver la transacción de votos por empanadas regaladas. No porque sea populista, sino porque tienen toda la pinta de pulpería. De, como se dice en el artículo, no favorecer al desarrollo de espacios colectivos, sino a bolsillos individuales, en espacios muy muy distintos.

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