Hasta la década del ’80, Tom Every trabajó demoliendo edificios y fábricas, pero una vez que renunció, optó por dedicar su tiempo a una labor completamente opuesta: crear obras de arte. Manteniendo su esencia industrial, se abocó a recuperar partes antiguas de carburadores, tuberías y cualquier pieza metálica que podría soldar. En recopilar el material necesario demoró décadas, pero al terminar su búsqueda, resolvió que fabricaría esculturas que instalaría en un parque público que él mismo diseñaría.
Ya en su faceta de artista se autodenominó Dr. Evermor, un inventor de la época victoriana que le permitió crear el “Parque de Arte del Dr. Evermor” en el sur de Baraboo, en Wisconsin (EE.UU.), en donde sus visitantes pueden tocar las estructuras, pasear entre ellas y escuchar la música que algunas reproducen. Su entusiasmo con su nueva labor lo llevó a elaborar más de cien obras, entre las que se encuentra una de las esculturas de chatarra más grandes del mundo que fue reconocida en una de las versiones de los Récords Guinness.
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