Las políticas públicas en general y las de transporte en particular están hoy fuertemente vinculadas a la producción de desigualdades. Y tales desigualdades se han ido naturalizando en el conjunto de la sociedad que las recibe y padece. En ese marco, promueven el incremento de las asimetrías territoriales e instalan una red de pujas y tensiones que atentan contra el derecho al uso y al goce de la ciudad.
En Buenos Aires la irrupción de las autopistas urbanas y regionales marcó en los años 70 el inicio hegemónico de la era del automóvil particular, y produjo nuevas pautas de crecimiento de la ciudad, expresando su implícito desprecio a los costos y efectos de esta cirugía para los espacios barriales donde se las practicaba. De este modo se pone en evidencia el fin de un paradigma: el de la ciudad solidaria, compacta e integrada.
Hay quienes definen a este modelo urbano en tres velocidades: una primera ciudad en tiempo real, conformada por el 15% de su población, que se desplaza velozmente por autopistas; otra formada por el 60% restante, que se mueve por calles y avenidas; y por último la ciudad inmóvil, con un 25% de habitantes que no puede siquiera desplazarse. Tal modelo logra desactivar los ritmos comunes de la ciudad, tan marcada por una velocidad asociada a la medida del loteo. SEGUIR LEYENDO















“El Triunfo de las Ciudades”




















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