Comunas arrasadas por el megaincendio de 2012 en Biobío hoy lucen recuperadas

Incendio Biobio 2012Por Sebastián Henríquez.

Fuego destruyó 30 mil hectáreas y hubo varios fallecidos:

Exitoso plan de restauración podría aplicarse en las zonas afectadas por la actual ola de siniestros. Especialistas a cargo aseguran que la protección del suelo es clave.

Las carreteras cortadas, las llamas que destruyen cientos de casas, un incendio que deja gran cantidad de damnificados y hasta fallecidos por su causa.

No es el escenario de este verano, sino el de enero de 2012, cuando ocurrió en la Región del Biobío el incendio de Pichiqueime. El mismo que, en su momento, fue calificado como el mayor siniestro de la década.

Las comunas de Ránquil, Quillón, Quirihue y Florida fueron arrasadas y se perdieron 30 mil hectáreas de bosques.

Bomberos, brigadistas de la Conaf y extranjeros combatieron las llamas durante semanas, hasta que una lluvia -una anomalía en ese verano de sequía- apagó el fuego. Fue la primera vez que se habló de un megaincendio.

La zona comprendida por estas cuatro comunas resultó afectada más allá del daño que produjo el siniestro. Las quebradas en donde se ubicaban las fuentes de agua estaban amenazadas por la erosión y la pérdida de la capa vegetal del suelo ponían en riesgo la productividad agrícola. El daño auguraba una mala temporada para el campo y el turismo en la zona.

Hoy, sin embargo, el escenario es diferente. Las viñas de Ránquil fueron reconocidas por su calidad, Quirihue será capital de una de las provincias de la futura región de Ñuble y Quillón recuperó sus cultivos.

“Quillón quedó muy golpeado”, cuenta Alberto Ghyra, su alcalde. “Pero, entre el esfuerzo de la gente de acá y lo que organizaron para reparar el daño, la comuna se levantó de nuevo”, cuenta este hombre de campo.

Y es que, en el área afectada, se aplicó un plan de restitución que, según cuentan los involucrados -empresas, organismos públicos y los vecinos- ha logrado sus objetivos. La iniciativa nació el mismo 2012, tras la visita de funcionarios de la FAO, que recomendaron enfocar el trabajo en recuperar el suelo.

Con este antecedente en mano, la Conaf elaboró un plan que demandó cerca de US$ 1,5 millones al Fondo de Desarrollo Regional, y que buscaba reponer la capa vegetal. Según cuenta Juan Francisco Gajardo, profesional que coordinó la iniciativa “fue un tema difícil. Un desafío, porque no habíamos visto incendios tan grandes y se nos pidió resultados a dos años”.

“Reforestamos y, sobre todo, buscamos cómo hacer manejo de rebrotes de árboles para no tener que plantar de nuevo. Tuvimos que apurarnos, porque se venía la temporada de lluvias y ahí podíamos perder el suelo”, agrega.

Los privados también implementaron sus ideas. “El objetivo principal fue minimizar el impacto en el suelo, producto del incendio que lo dejó expuesto”, cuenta Juan Carlos Sandoval, jefe de Agua y Biodiversidad de Forestal Arauco Norte. La empresa buscó también relacionarse con la comunidad, y capacitó a los lugareños en trucos para evitar la erosión. Mientras, la Corporación de la Madera entregó más de medio millón de árboles a los afectados.

Las tres mil hectáreas de bosque nativo perdidas se dejaron sin tocar para ver cómo evolucionaba el terreno, y se recogieron las semillas.

Por su magnitud, y porque incorporaba un manejo integral del daño, el plan es considerado el primero en su tipo, y un éxito que podría ser aplicado en las comunas que se han visto afectadas por la peor temporada de incendios de la historia del país. Siniestros que hasta ayer habían arrasado casi 600 mil hectáreas.

Ambos especialistas cuentan que la clave es la protección del suelo. Y Sandoval añade que “esta experiencia de restauración asistida de vegetación nativa en la zona del incendio de Pichiqueime pudiera tener una alta probabilidad de éxito para sitios similares, en cuanto a recuperar la riqueza de especies”.

3.000
hectáreas de bosque nativo se perdieron en el incendio de Pichiqueime en 2012, que arrasó unas 30 mil ha en cinco comunas del Biobío. Hoy, este bosque se está recuperando.

US$ 1,5
millones , solo de parte de Conaf, se destinaron a recuperar los suelos afectados por el fuego. La Corporación de la Madera, además, donó medio millón de árboles a los afectados.