Vivienda detecta 8.534 casas con problemas de construcción para los damnificados del terremoto

viviendas terremoto 27fPor Manuel Valencia, El Mercurio.

Balance del proceso de reposición de propiedades a casi cinco años del 27-F:

Ministra Paulina Saball detalla el avance del plan lanzado en 2010. Las mayores dificultades: casas sin servicios sanitarios o desinterés de constructoras en zonas rurales.

Han pasado casi cinco años desde que el terremoto de 8,8 grados Richter sacudiera seis regiones y dañara a más de 370 mil viviendas, hospitales, colegios, puentes, caminos y equipamientos urbanos. A pocas semanas de la emergencia, el recién asumido gobierno de Sebastián Piñera prometió, como pilar de su gestión, entregar un país completamente reconstruido antes de dejar La Moneda, en marzo de 2014.

Quedan dos semanas para marzo de 2015 y el proceso sigue incompleto. El Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) ha fijado su término para 2016. No solo por las 17.178 viviendas pendientes todavía (8% del total de 222.187), sino porque parte de las que fueron entregadas en la administración anterior tenían problemas constructivos y no contaban con conexión sanitaria, entre otras dificultades.

“Luego de un trabajo de catastro y evaluación técnica, identificamos 8.534 viviendas con defectos constructivos derivados de la mala ejecución de las obras; y, lo más grave, algunos casos en los cuales se omitieron obras asociadas a la provisión de servicios básicos o a la seguridad de las construcciones, y por tanto de las personas que las habitan. Algunos problemas constructivos fueron detectados antes que las viviendas fueran habitadas y otros se evidenciaron en el uso de las mismas”, explica la ministra de Vivienda y Urbanismo, Paulina Saball.

Agrega que para resolver algunas situaciones se ha exigido a las empresas constructoras obras de reparación el cobro de las boletas de garantía. “En otros casos, ha sido necesario recontratar obras y asignar recursos adicionales para dar solución a los problemas constructivos. Queda por resolver la situación de 3.913 viviendas; todas con diagnóstico ya formulado y en proceso de concreción de los respectivos proyectos”, explica.

De esas casas, el Minvu ya ha logrado resolver las obras pendientes de 4.621, lo que ha requerido evaluaciones técnicas y financiamiento adicional, de acuerdo a Saball.

La cartera también ha debido enfrentar la última etapa de las construcciones en sitio propio, es decir, en los mismos terrenos donde estaban las casas destruidas por la catástrofe. Esos proyectos enfrentan la complejidad de su localización, repartida en más de 600 kilómetros. “Una situación especial la constituyen las soluciones en el sector rural; por su dispersión, modalidad constructiva y a veces por la irregularidad de la propiedad, han sido muy complejas de ejecutar. Pocas empresas han estado disponibles para asumir esta tarea”, señala.

Subsidios renunciados

Otro desafío lo plantean las llamadas “aldeas” de emergencia. Tras el terremoto, el Gobierno creó 107 para 4.395 familias como una solución de transición. La ministra Saball asegura que ese proceso está en su fase final. “En la actualidad solo quedan cinco aldeas en las cuales viven un total de 152 familias, todas en la región del Biobío, una en Chiguayante y cuatro en Talcahuano”, especifica.

La titular de Vivienda detalla que la solución definitiva de estos grupos está vinculada al término de dos proyectos. “Uno en caleta Tumbes, que incorporará a 134 familias, que tiene un 95% de avance y su término proyectado para primer semestre de 2015. El otro es el proyecto Mirador de Biobío, son 298 departamentos, que tiene un 80% avance y proyecta su término para enero de 2016. En este proyecto se contempla la solución para 14 familias de Chiguayante. Finalmente, cuatro familias de la Aldea El Morro optaron por adquirir viviendas ya construidas”, asevera la titular de Vivienda.

El año pasado, tras la designación de la ex directora de Senama Paula Forttes, como delegada presidencial de la reconstrucción, el Gobierno modificó el catastro de viviendas que venía informando mes a mes la administración Piñera.

En el análisis original, el número de viviendas total del plan ascendía a 222.418, pero en junio creció a 240.657. Luego, en septiembre se redujo nuevamente a 228.223, porque se consideraron 12.435 subsidios renunciados por los beneficiarios. La cifra aumentó en 36 casos más hasta el último informe de enero. “Corresponden, en su gran mayoría, a subsidios de reparación y las razones principales de dicha renuncia se deben a que las familias repararon por sus propios medios lo que estaba dañado”, precisa Saball.

“La mayor complejidad ha sido activar proyectos que estaban paralizados, atender la molestia de las familias cuyas viviendas presentan problemas y vincular a las que solo tenían un subsidio en la mano con un proyecto concreto y viable que transforme el papel en una vivienda”.

PAULINA SABALL
Ministra de Vivienda y Urbanismo

PRIORIDAD

Urgente, según la ministra, es la gestión de proyectos para 1.116 familias que aún no reponen sus viviendas.

 Resta un 7,5% de solucionesSegún el último balance de Vivienda, el 92,5% de las familias damnificadas ya tiene su solución habitacional terminada. Un 6,3% está en proceso de construcción y aún queda por iniciar un 1,2% de las soluciones.

De acuerdo a la ministra, en los 11 meses de gobierno, se ha terminado el 52% de las obras que en marzo de 2014 estaban en ejecución. “Iniciamos obras en el 30% de las que aún no partían”, explica.

También se dio curso a la regularización de 39.720 viviendas que están entregadas sin recepción municipal. De ellas, 1.637 tienen su recepción conforme.

Damnificados en mediaguas no resisten otro invierno”No aguanto un invierno más acá. Aunque no estén listas las casas en abril, yo agarro mis cosas y me voy sí o sí a vivir allá”, dice Eliana Bastidas, una de las vecinas de la aldea “Maryland”, en caleta Tumbes de Talcahuano.

Su casa fue arrasada por el maremoto y, desde marzo de 2010, vive en una mediagua. “No quedó nada. Incluso a nuestra gatita se la llevó el mar”, agrega Manuel Araya, su esposo.

Los vecinos de la aldea “Maryland” dicen que lo peor es el invierno, ya que el agua “corre como un río por la calle y bajo los pilotes de las casas”. El sitio en que se emplaza la comunidad está en pendiente y no hay evacuación de aguas lluvia.

“Eso provoca humedad. Los niños en esa época no andan en la calle y hay que tener cuidado de no enfermarse. A veces se acumula tanta agua abajo que no se puede pasar”, dice Virginia Marchant, presidenta de la junta de vecinos.

Otro de los problemas que ya tienen cansados a los damnificados es el estado de los baños. “Son comunitarios, y después de cinco años ya estamos agotados”, dice Patricia Mendoza.

Para ella, al igual que para el resto de los vecinos, el invierno ha sido lo más incómodo. “Yo estaba embarazada para el terremoto. Mi hija, cuando nació, estuvo hospitalizada y se acostumbró a tener todo temperado, así que tuvimos mucho cuidado cuando llegamos a la mediagua: la arreglamos, sin la ayuda de nadie, para que ella estuviera bien”, recuerda.

Virginia Marchant afirma que las autoridades se comprometieron a que las casas definitivas -que se construyen a unos cuantos metros de la aldea en un cerro- serían entregadas antes del invierno de 2014, lo que finalmente no ocurrió.