“En Santiago aún se sigue hablando de la reforma urbana pendiente desde los años 60”

Por Manuel Valencia, El Mercurio.

John Friedmann, uno de los “padres” de la planificación moderna de Chile:

El académico que asesoró las políticas urbanas de 1965 dice que la capital debe abordar una nueva institucionalidad.

Poco del Santiago que John Friedmann (88) recuerda aún existe. La ciudad a la que llegó en 1965, a los 39 años, para asesorar al gobierno de Eduardo Frei Montalva, era “tranquila, muy distinta de la gran ciudad actual”, dice en un español con marcado acento extranjero.

Oriundo de Suiza, Friedmann es reconocido como uno de los padres de la planificación moderna de las ciudades chilenas. En su asesoría al gobierno fomentó la idea de crear subcentros con servicios de transporte y equipamientos eficientes para desconcentrar las ciudades. Algo de ello se refleja en las actuales comunas del Gran Santiago.

A casi 50 años de esas ideas, dice que muchos desafíos siguen vigentes. “Hoy se siguen usando las mismas palabras. En Santiago aún se sigue hablando de la reforma urbana pendiente desde los años 60. Y eso muestra que hay una tarea continua, por los cambios que se producen a partir de la economía y la distribución del poder. Todo está en evolución constante, pero aún hay un intento por corregir los desequilibrios”.

-¿Cómo observa el Santiago actual? Aunque se siga hablando de lo mismo, ¿se han logrado resolver los problemas de los 60?

“Me impresiona la arquitectura hacia arriba, que obscurece lo que está adentro y se refleja a sí misma en otras torres. Es una cualidad muy global, pero que nada tiene que ver con Santiago y su imagen. La gran torre (del Costanera Center) es una provocación”.

-¿Es muestra de un tipo de planificación que necesita ser corregido?

“Con un edificio de cinco mil estacionamientos en un lugar la ciudad no puede funcionar. Hay otras posibilidades para crear espacios de oficinas, no es necesario este tipo de arquitectura gigantesca que quiere crear una impresión internacional. Es una idea falsa, porque ya todas las ciudades tienen algo así. No es solo un símbolo de poder, sino de la desigualdad que ha aumentado en más de 40 años”.

-Ese tipo de obras también muestra un esfuerzo de Santiago por ser una ciudad global. ¿Dónde se debe mirar para conseguir ese objetivo?

“Vivir aquí es hermoso, pero a la vez está lejano del mundo. Es un país aislado que se dirige hacia adentro. Las clases acomodadas tienen conexiones internacionales, pero básicamente hay un ambiente provinciano. Es importante pensar en un Santiago más internacionalizado. También se deben equilibrar las disparidades y consolidar la ciudad, detener su expansión y establecer una autoridad que pueda tener poderes ejecutivos, además de formales, para controlar el uso del suelo y planificar un desarrollo coordinado entre el centro y los subcentros”.

“No hay una cura mágica para mejorar en planificación. Hay que hacer una intervención desde el gobierno central para equilibrar los insumos entre las comunas y que así las más pobres mejoren su situación”.

“Santiago ya tiene el doble de habitantes que en mi época. Hoy no está bien definido dónde empieza y termina, porque Valparaíso, con el puerto y el Congreso, ya es parte de su círculo económico”.

“Vi el municipio de Vitacura y hay otros muy precarios. Esa diferencia se ve en los barrios que están al entrar a la ciudad desde el aeropuerto, donde se ven muchas carencias”.

DÉFICIT

Ojalá la carrera de alcalde fuera una opción de vida, como se da en algunas ciudades, y no un período en la trayectoria de un político, pero eso es culpa del sistema, no de quienes ocupan el sillón alcaldicio.