Estocolmo y Hamburgo ganan la Capitalidad Verde Europea

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Así como el premio por la capitalidad europea de la cultura dinamiza un desarrollo urbano en función del sector cultural, surge por primera vez la Capital Verde Europea, que busca incorporar políticas sustentables en la agenda urbana. Este año, tras una pugna entre las ciudades que postularon al título verde, la Comisión Europea galardonó a Estocolmo y Hamburgo para los años 2010 y 2011 respectivamente. El premio reconoce a zonas urbanas, donde cuatro de cada cinco europeos viven actualmente, como epicentro de los desafíos en materia medioambiental.

A continuación, la clave del éxito en Estocolmo y Hamburgo junto con los criterios que definen a los ganadores.

Estocolmo:

Gestión: El éxito en el caso de Estocolmo radica en la incorporación de temas ambientales no solo en proyectos aislados sino previamente en el marco de gestión, como parte de un plan estratégico mayor: convertirse en una ciudad sin energías fósiles hacia el 2050. Por tanto, junto con las operaciones urbanas se diseña una serie de estrategias donde destaca la comunicacional, que busca informar y concienciar a los habitantes para alcanzar una mejor calidad de vida.

Equidad: Actualmente, el 95% de los habitantes vive a menos de 300 metros de áreas verdes con una importante consideración por la biodiversidad local, espacios recreativos y reducción del ruido.

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Hamburgo:

Gestión: Con el objetivo de reducir las emisiones de carbono en un 80% hacia el 2050, Hamburgo genera impactos mediante la sumatoria de una serie de medidas proactivas de ahorro energético.

Equidad: Se ha distribuido el sistema de áreas verdes con el fin de consolidar un acceso generalizado. Por otra parte, alrededor de la totalidad de los habitantes pueden disponer de transporte público a menos de 300 metros. En términos de información, la ciudad busca que todos puedan acceder a ideas innovadoras en materia sustentable a través del programa “tren de ideas”, que consiste en un bus que promueve los planes prospectivos.

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Los criterios se miden en prácticas que abarcan transversalmente desde la escala individual cotidiana hasta la planificación urbana:

1. Contribución local a la lucha contra el cambio climático.
2. Movilidad local y transporte de pasajeros. Dominan en esta categoría las ciudades con alta presencia de bicicletas.
3. Espacios verdes abiertos al público. La abundancia de parques es uno de los baluartes de las ciudades nórdicas.
4. Calidad del aire.
5. Contaminación acústica. Muchas ciudades nórdicas tienen leyes más estrictas contra el ruido y cultura del silencio.
6. Producción y gestión de residuos.

Cantidad de basura generada y reciclada.
7. Consumo de agua. Se incluye el uso del agua en el ámbito doméstico, como las duchas y la cocina.
8. Gestión de aguas residuales.

9. Gestión sostenible de la autoridad local.
10. Uso sostenible de la tierra. 

La propuesta de ambas ciudades internaliza el concepto de capitalidad verde en un plan estratégico mayor. Para garantizar esto, se alinean en objetivos largoplacistas que permiten la sustentabilidad del plan, orientando una serie de prácticas que colectivizan los esfuerzos tanto de una ciudadanía activa e informada como de los principales agentes que construyen la ciudad.