(El Mercurio. 8/07/2009)
Por Soledad Neira.
Volvieron a poner en operación el sistema de agua potable, el alumbrado público, el abastecimiento de combustible y el arribo de víveres.
En un pueblo de facto, “con Dios, pero sin ley”, dicen, se ha convertido la devastada ciudad de Chaitén, donde la decisión de las autoridades de Gobierno de declararlo inhabitable se ha convertido en un desafío para los rebeldes, en su gran mayoría colonos de la zona o sus hijos, que viven en un pueblo que no tiene ningún servicio público, pero que se mueve.
Son cerca de 70 personas, en su mayoría familiares entre sí, como las Gutiérrez, los Ovando o el concejal Bernardo Riquelme, a quien muchos reconocen como la “autoridad”.
Con luz, agua y petróleo
La polémica conexión de agua “de cañería”, que les cortaron a dos días de poner en operación por su cuenta, no es el único “adelanto”. La mayoría tiene luz, y se jactan de ser el único pueblo en Chile en que son los residentes los que le entregan energía eléctrica al sistema de alumbrado público, desde sus generadores.
El combustible es clandestino. No tienen permiso, pero lo llevan desde poblados cercanos como Palena o La Junta, e incluso de Argentina, en tambores. Lo venden en bidones, a $8 mil los 20 litros, y entre sus clientes incluso hay funcionarios públicos. SEGUIR LEYENDO


















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