“Restaurar el área de los bosques quemados puede demorar 50 o 60 años”

La cubierta de matorrales irá más rápido, pero el daño será muy visible en unos veinte veranos, señala el investigador.

por Nieves Aravena El Mercurio

Conocedor hasta el detalle de la vegetación nativa predominante en cada hectárea del territorio, a Antonio Lara, académico e investigador de la Universidad Austral de Chile, no le cabe duda de que el incendio que afecta a Torres del Paine desde la tarde del martes, es sinónimo de una “catástrofe ambiental” que dejará una herida grande en el patrimonio ecológico del país por largo tiempo.

El experto, quien encabezó el proyecto Milenio entre 2002 y 2008 (hoy Fundación Forecos) para el estudio de estos ecosistemas forestales, cree que el impacto mayor se verá en esta área afectada, que tiene el uso más intensivo del parque, ya que los senderos famosos (la O y la W) cruzan por este paisaje.

“Es grave que haya habido incendios anteriores (de 2005) que coinciden parcialmente con el área quemada de ahora, al sur del lago Pehoé”, observa.

Hasta ahora, cuando van 12.795 hectáreas arrasadas, Lara junto al especialista en sistemas de información geográfica (SIG), Aldo Farías (de Forecos), ha estado vigilando el avance del siniestro y superponiendo la superficie afectada con el catastro de bosque nativo, con el fin de determinar qué se quema en este siniestro, el segundo más grande desde 2005, que afectó a 15 mil hectáreas.

Detectaron que hay más de 3.500 hectáreas de bosques nativos afectados (ver infografía).

Los pastos se renuevan en un plazo de unos 10 a 15 años, “si son sólo praderas”, pero remarca que en el caso de los arbustos, se han consumido algunos de hasta 80 años con unos 2 metros de alto, que poblaron una zona que antes de ser parque fue usada como estancia.

Los renovales (o bosques jóvenes), principalmente de lenga más que de ñirres, que bordean lagos pueden demorar 50 a 60 años en la restauración. La pérdida mayor en términos de paisaje se da en los bosques de lenga adultos de 200 años.

La recuperación requiere escoger e intervenir zonas, no sólo esperar la colonización natural. Son extensos los periodos para tener los atributos similares a los existentes antes del incendio, observa Lara.

Primeros rebrotes

“El rebrote vegetativo de las plantas y colonización por semillas de diversas especies, muchas de ellas introducidas o exóticas, empezará este verano y los primeros años. Pero las comunidades y ecosistemas en este primer período serán muy diferentes y de mucho menor valor ecosistémico y económico que las originales”, señala. Por algún tiempo, los visitantes del parque verán “evidencias del incendio por todas partes (pastos y arbustos muertos y carbonizados, árboles muertos en pie y troncos parcialmente quemados y tiznados que yacen sobre el suelo)”.

Otro impacto de gran importancia es el arrastre de suelos, que en este caso son de baja profundidad (30 cm), que están sobre un sustrato rocoso y todo el deslizamiento de nutrientes desde las laderas afectará la calidad de las aguas de los lagos Grey y Pehoé y a los ríos.

Sugiere realizar acciones de recuperación con base científica dada la magnitud de la catástrofe. “Ante esto, uno no se puede cruzar de brazos, pero tampoco puede plantar miles de hectáreas. Hay que cuidar que las plantas no sean comidas por la fauna silvestre”, indica.

”Por mucho tiempo, los visitantes del parque verán evidencias del incendio por todas partes, pastos y arbustos muertos y carbonizados, árboles muertos en pie y troncos parcialmente quemados y tiznados en el suelo”.

VALOR ECONÓMICO
Uno de los mayores impactos, agregado al daño ecológico, es de orden económico, por el valor de estos bosques y matorrales en la belleza del paisaje. Es el valor de estos recursos como servicio a los visitantes que sostienen al turismo en la zona, advierte.