Guía Urbana de Santiago: Museo Interactivo Audiovisual de Las Condes

© Plataforma Urbana

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Ir al Museo Interactivo Audiovisual (MUI) de Las Condes es vivir una experiencia inédita en Chile porque se trata del primer museo completamente audiovisual del país.

Esto significa que a diferencia de otros espacios culturales, aquí no se exhiben esculturas, pinturas ni objetos milenarios, sino que hay 13 salas que cuentan una historia que nos invita a viajar sin salir de la ciudad, de una manera interactiva y tecnológica.

En cada momento, todo lo que uno vive en esta casa -diseñada por los arquitectos Carlos Cruz Eyzaguirre y Escipión Munizaga Suárez en 1943 y una de las primeras del Barrio El Golf de Santiago- resulta ser una sorpresa, por lo que más de alguno queda con la boca abierta.

Historia

El Museo Interactivo Audiovisual abrió sus puertas al público en octubre de 2015, pero la historia  de la casona en donde funciona comenzó en 1943. Ese año, el matrimonio conformado entre el corredor de la Bolsa de Santiago, Gonzalo Barros Ortúzar, e Isabel Subercaseaux Errázuriz, le encargó el diseño de su casa a los arquitectos Carlos Cruz Eyzaguirre y Escipión Munizaga Suárez, autores de las embajadas de Alemania, Colombia, República Checa y España, entre otros edificios de Santiago.

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Los terrenos de la futura propiedad estarían en la calle Isidora Goyenechea del naciente Barrio El Golf, un sector de Santiago que en los años 30 empezó a ser habitado por familias acomodadas de la época y que comenzó a dejar atrás su aspecto rural al tener amplias avenidas, jardines y plazas diseñadas por el arquitecto y paisajista austríaco-alemán, Óscar Prager (1876-1962).

Prager es autor de importantes espacios públicos del país como el Parque Balmaceda, en Providencia; la ladera sur del cerro Santa Lucía, en Santiago; el Parque Pedro de Valdivia, en La Serena; y la Plaza de Armas de Osorno, entre otros.

Su relevante trayectoria hizo que la familia lo eligiera para diseñar los jardines de su casona que hoy conservan camelias, lavandas y añosas palmeras.

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La construcción demoró tres años, haciendo que en 1945 llegara el matrimonio y su hija, Amalia, a vivir en ella. Diez años después, fue habitada por Amalia y su marido, Arturo Griffin Ríos, quienes vivieron aquí hasta 1970, cuando tuvieron que venderla por problemas económicos.

Posteriormente, la compró la Municipalidad de Las Condes que, entre los años 80 y 90, la destinó como oficina de los Juzgados de Policía Local y luego del Registro Civil. Sin embargo, en 2012, su destino cambió rotundamente cuando se decidió que sería un nuevo espacio cultural.

Para esto, se inició un proyecto de restauración que demoró tres años y que permitió recuperar los balcones y la fachada original, además de cierta ornamentación y las columnas que están en la entrada de la casona. Tras esto, fue posible empezar a darle vida al museo.

Fue así como la Corporación Cultural de Las Condes decidió impulsar un nuevo espacio cultural  en la comuna acorde a nuestros tiempos. Por esto, la tecnología es el principal elemento que caracteriza al Museo Interactivo Audiovisual y que le permite ofrecer una experiencia educativa nunca antes vista en otros recintos con estos fines.

¿Cómo es un museo exclusivamente audiovisual?

Una visita al MUI es prácticamente un recorrido por otro mundo, porque los niños, jóvenes y adultos se reúnen en el jardín para sumergirse en una historia que transcurre en 13 salas de la casona. Cada una está ambientada según un capítulo en especial de esta historia que se cuenta a través de videos, hologramas, mappings, pantallas que hacen proyecciones en 3D e incluso un cine 4D.

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En todo momento, el recorrido se hace en grupo y en compañía de un guía del museo, quien es el encargado de “activar” lo que ocurre en cada sala que, sin lugar a dudas, nunca es igual a la anterior.

La colección que este 2016 exhibe el MUI es “Roma: Vive la ruta del imperio”, una muestra en la que se puede aprender de manera interactiva sobre la Antigua Roma, por lo que es muy diferente a como se estudia en una sala de clases. Este mismo formato dará vida a las colecciones de los próximos años y que en la exhibición del 2017 será exclusiva sobre Chile.

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La preparación de cada colección es un trabajo que por los soportes en los que se exhibe demora un año, en el que un equipo de actores, historiadores, profesores y técnicos participa en la creación de la exhibición.

El proceso comienza con la elección de un tema relacionado a los contenidos que se ven en los colegios y liceos. Luego, se desarrolla un guión que es recreado por actores y que son quienes a través de su relato proyectado en videos, guían el recorrido por el museo.

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Incluso, los personajes son los encargados de hacer que los visitantes sean parte de las diferentes escenas que, durante este año, permiten conocer qué fue lo que ocurrió hace miles de años en una de las civilizaciones más importantes de la historia antigua.

Comienza el recorrido

Una visita a las 13 salas del museo es lo más parecido a viajar, porque en cada una de ellas es posible vivir una nueva aventura.

Las sorpresas del recorrido ocurren desde el principio, cuando dos personajes bastante particulares, el profesor Picarte, y su asistente, un mono llamado Pancracio, le dan la bienvenida a los visitantes en una sala que parece una nave. Pero, no es una nave. De hecho, allí el investigador cuenta que se trata de su último invento, una máquina nunca antes vista que es capaz de cambiar la historia de la ciencia y que nos trasladará a una experiencia que ninguno de los asistentes ha vivido antes.

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El relato continúa en otra sala en donde niños y adultos se sorprenden por igual al ver que la historia se desarrolla en todos los muros de la habitación que está cubierta con pantallas gigantes, por lo que no dejan de mirar en todas direcciones.

De hecho, la sorpresa es un factor muy presente durante todo el recorrido, porque en algunas habitaciones, la decoración “sale” de las pantallas y es parte del lugar. Entonces, si en una sala el relato transcurre en un bosque, podemos caminar entre árboles, mientras que en otras se puede avanzar entre edificios de piedras que representan, por ejemplo, el mercado de Roma.

Pero esto no es todo, porque incluso el clima que estamos viendo en la historia también está presente en ciertas salas, por lo que si un capítulo se desarrolla en medio de la niebla, caminan entre ella, o si es en un entorno con nieve, los niños sienten como los copos de nieve les caen encima.

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Aprender jugando

En la mitad del circuito por las salas uno ingresa a un verdadero cine 4D. Aquí los sentidos están más sensibles porque la función no solo es sentarse a ver una película, sino que es una oportunidad para poner mucha atención a nuestros sentidos.

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Así la historia que uno ve la puede disfrutar de una manera muy diferente a como lo hace en otros cines al usar unos lentes especiales que hacen que la película se vea realmente en otra dimensión, creando la sensación que uno se sumerge en la pantalla. El asiento se mueve al ritmo de lo que pasa en la escena e incluso, el público puede sentir cómo le llega agua y viento en la cara.

Cuando la función termina, el público no para de reír por lo que acaba de vivir, pero en vez de tener que salir del cine, pueden seguir jugando en módulos interactivos que están al lado de la pantalla y al lado de los asientos.

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En las siguientes salas, la entretención continúa y siempre de una manera nueva. Por ejemplo, hay una que tiene una pantalla curva en la que los personajes hablan entre ellos de esquina a esquina, por lo que uno ve y siente que la historia ocurre en su alrededor.

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Hay otra en la que el público se puede vestir como los personajes de la historia, usando en total más de 5 vestimentas, sin siquiera perder tiempo en cambiar su ropa, porque todo ocurre frente a unas pantallas que permiten elegir rápidamente.

También uno puede ver los objetos antiguos que integran la muestra, pero como si salieran por el techo de los módulos interactivos, ya que están proyectados como hologramas.

La última sala es, por lejos, la más emocionante. Aquí se hace un recuento de la historia que acabamos de vivir a través de animaciones y sonidos de la época que se desarrollan en distintos puntos de la habitación, por lo que uno no deja de prestar atención para no perderse ni un detalle.

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Cuando termina, el silencio indica que hay que salir, pero aquí parte otra etapa. Esto porque si bien la historia queda dentro de la casa, la emoción ahora se traslada al jardín y se lo toma completamente. Ahí, tanto niños como adultos no dejan de comentar, casi sin pausas al hablar, sobre qué fue lo que más les gustó.

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Hay que ver: El cine 4D.
Ubicación: Isidora Goyenechea 3400, Las Condes, Santiago.
Horarios: Martes a domingo de 10:00 hasta las 16:45 hrs (último ingreso a exhibición). Lunes cerrado.
• Las boleterías de MUI están abiertas de lunes a viernes de 10.00 a 17.30, sábados y domingos de 10.00 a 17.00 hrs.
• El MUI es un espacio cultural dirigido a todas las edades, pero en el caso de los menores de 12 años se recomienda que ingresen con un adulto.
Entradas: Entrada general: $5.000. Turno grupal (hasta 15 personas): $50.000. Turno colegios (hasta 15 personas): $25.000
Visitas guiadas: Sí. La única manera de visitar el museo es con un recorrido guiado. El recorrido tiene una duración de 90 minutos y los turnos parten cada 15 minutos. Más información aquí.
Metro: Sí, estación El Golf (Línea 1).
Transantiago: 401,406,407,427,426,430.
Estacionamientos para bicicletas: No.
Estacionamientos: No, pero en el Centro Cívico de Las Condes (Av. Apoquindo 3300) y en la Plaza Perú hay estacionamientos públicos pagados.
Cajero automático: No.
Fotografías: Andrea Manuschevich para Plataforma Urbana
Sitio web: www.mui.cl