101 razones para amar Santiago

Tomar un vaso de cola de mono muy helada en el bar La Unión Chica, de calle Nueva York y ver la placa en homenaje al poeta Jorge Teillier; esperar el atardecer en el puente Racamalac lleno de candados de amor eterno y contemplar la monumental obra de Frank Stella del Museo Salvador Allende son parte de las 101 razones que proponen nuestros amigos de Amo Santiago para querer la ciudad capital.

“Una forma de contagiar nuestro amor por Santiago es empezar por valorar lo que tenemos“. Rodrigo Miranda, periodista y editor de Crónicas Marcianas de Amo Santiago, escribió estas primeras 101 razones para Amar Santiago. Así empezó este  lindo desafío de Amo Santiago de fotografiar y producir las una o más imágenes que acompañan cada una de estas razones. “Un primer impulso para llegar (por qué no) al millón de razones y más”.

A continuación los invitamos a conocer las primeras 101 razones para amar Santiago


1. Un vaso de mote con huesillos muy helado en la cumbre del Cerro San Cristóbal
2. El sándwich de carne mechada y la sangría del Liguria de Manuel Montt
3. Oír el vinilo My favorite things, de John Coltrane, en la disquería Kind of blue, de calle Merced
4. Emocionarse ante el mural de Roberto Matta de la Municipalidad de La Granja, rescatado bajo 14 capas de pintura que lo silenciaron desde 1973
5. La lasaña de espárragos de la trattoría Calypso y pasar la tarde en el Cajón del Maipo
6. Hojear el libro de fotografías de Sergio Larraín en la librería Metales Pesados de Bellas Artes
7. Tomar un vaso de cola de mono muy helada en el bar La Unión Chica, de calle Nueva York y ver la placa en homenaje al poeta Jorge Teillier
8. Bañarse en la cascada del Parque Aguas de Ramón
9. Visitar la tumba de Vicuña Mackenna en el Cerro Santa Lucía
10. Los juegos infantiles de Federica Matta en la Plaza Brasil
11. Los anticuarios del Barrio Italia (antes que desaparezcan por la gentrificación)
12. Perderse por los galpones del Persa Bio-Bio, comprar un letrero de micro antiguo pintado a mano por Zenén Vargas y almorzar en el local de comida thai
13. Hacer trekking en el Parque Puente Ñilhue, camino a Farellones
14. Caminar por el Parque Forestal y tomar un helado de chocolate araucano en el Emporio La Rosa
15. Un concierto kitsch y ochentero de Lágrimas, Celos y Dudas
16. Bañarse en el estero del Santuario de la Naturaleza del Arrayán en un día de calor
17. Ver el atardecer desde el puente Racamalac, lleno de candados de amor eterno
18. El cebiche mixto, el pisco sour peruano (catedral) y la crema volteada del Olán, de Seminario
19. Desayunar un chocolate italiano y medialunas en el café De la Barra
20. Descubrir parte de nuestra historia en el renovado Museo Precolombino
21. Fumarse un pito y volarse con las pinturas de Matta en el Museo de Bellas Artes
22. La monumental obra de Frank Stella del Museo Salvador Allende
23. Leer acostado en una pera y bajo un quitasol del Parque Bicentenario de Vitacura y recorrer sus lagunas
24. Entrar gratis en tu cumpleaños al Tagadá y a Monga de Fantasilandia
25. Visitar la casa-museo de Eduardo Frei Montalva, símbolo de la perdida austeridad republicana
26. Ver el cielo estrellado en el Observatorio Cerro Calán
27. Contemplar el patio de la Iglesia San Francisco, un oasis de silencio en pleno centro, y ver ahí la medalla y diploma del Premio Nobel de Gabriela Mistral
28. Panul, el último bosque precordillerano de Santiago, al interior de Lo Cañas
29. Andar en bote por la renovada laguna de la Quinta Normal
30. Un domingo en contacto con la naturaleza en el Parque Yerba Loca


31. Un picnic urbano en el Parque Juan XXIII de Ñuñoa y sus juegos con forma de jirafa, cocodrilo, tortuga y ballena, hechos por los propios vecinos a fines de los 60
32. Los grafitis de calle Departamental, un museo de arte urbano gratuito y al aire libre
33. Conocer los parques La Castrina, La Bandera, André Jarlan y Violeta Parra
34. Pasar de largo una noche, comer pastel de choclo en la Casa de Cena después del carrete y amanecer tomando desayuno en La Vega Central
35. Ir a comprar a la Pérgola de la Flores y cantar la canción de la obra de teatro
36. Almorzar en Juanito Ollas, en el Mercado Tirso de Molina
37. Contemplar los lentes de Salvador Allende en el Museo Histórico Nacional
38. La elegancia arquitectónica del Portal Fernández Concha de Plaza de Armas
39. Perderse por la red de pasajes del centro de Santiago, entrar por Alameda y salir en Plaza de Armas
40. Ver el amanecer dentro de las Termas de Colina en el Cajón del Maipo
41. Ver a Arcade Fire y NIN en el festival Lollapalooza
42. Aprender a bailar cueca chora en La casa de las cuecas, de Avenida Matta
43. Comprar lapiceras y fichas de salitrera en la feria de anticuarios de Plaza Perú
44. El sándwich Pilón del Ciudad Vieja, de Bellavista
45. El menú coreano para compartir, cocinado en un brasero al centro de la mesa, del restaurante Hae Un Dae, de Patronato
46. Una sopa de cebolla del Normandie en un día de invierno
47. Un helado de limón albahaca o harina tostada del Il Maestrale del Patio Bellavista
48. Ver en familia una obra de marionetas del ex La Troppa, Jaime Lorca, en el Anfiteatro del Museo de Bellas Artes
49. Los dioramas históricos del artista Zerreitug, en el Metro U. de Chile, Cal y Canto y Baquedano
50. Armarse un tour por las casas y edificios modernistas y con gárgolas del arquitecto Luciano Kulczewski, el Gaudí chileno
51. Una cita romántica en el restaurante Zully, del barrio Concha y Toro
52. Cortarse la barba con navaja en la Peluquería Francesa
53. Después de trotar, un juego de fruta natural del Mercado Tirso de Molina


54. Una buena película en el cine El Biógrafo, con butaca numerada y acomodador
55. Comprar alguna de sus publicaciones al Divino Anticristo de Lastarria
56. Atravesar el Puente del Arzobispo por arriba de sus arcos (ojalá algo borracho)
57. Almorzar con mantel en el pasto de la Plaza Padre Letelier, en Pedro de Valdivia Norte
58. Visitar el ex hospital de tuberculosos y hacer rafting en el Cajón del Maipo
59. Visitar la galería de arte contemporáneo AFA, la única en la Plaza de Armas
60. Recorrer la galería Plop, la única especializada en ilustración y cómics, en calle Merced
61. Almorzar en el Sindicato de Folcloristas de calle Phillips y comer su pan con forma de guitarra con pebre
62. Ulk, el perro embalsamado de Arturo Alessandri, del Museo Histórico Nacional
63. Recorrer el Museo del Instituto de Anatomía de la Universidad de Chile, con sus órganos conservados en frascos con formol y la “momia” de Monsieur Martel
64. Los lentes hipster de la Optica Bahía de calle Merced
65. Los olvidados murales de Nemesio Antúnez, en la galería Montero y en los ex cine Gran Palace, Nilo y Mayo, en el centro de Santiago
66. El Teatro Huemul y el primer barrio modelo para obreros, comerciantes y empleados fiscales construido en 1911 en calle Franklin
67. La Chascona, la casa de Pablo Neruda en el barrio Bellavista, y el retrato de Diego Rivera a Matilde Urutia que da nombre al lugar
68. Comprar un sombrero en Dónde golpea del monito
69. Recorrer el Barrio Cívico, de la Plaza de la Constitución hasta las misteriosas piedras del Parque Almagro, conjunto escultórico en homenaje a Pedro Aguirre Cerda que nunca de terminó
70. Los letreros luminosos del Parque Bustamante: las piernas de las pantys Monarch y la copa de champagne Valdivieso
71. El Barros Luco del Café Torres, donde se creó el sándwich
72. El Cristo de Mayo de la Iglesia de San Agustín que tras el terremoto de 1647 se le corrió la corona de espinas al cuello y fue botado a la calle por La Quintrala porque “no soportaba a hombres que le pusieran mala cara en su casa”
73. La lucha libre del Club México
74. Llevar tu propia silla al Forestal y ver el festival Documentales en el Parque
75. Conocer el departamento de Jorge Alessandri en el paseo Phillips, desde donde caminaba todos los días hacia La Moneda
76. Los nuevos murales de Inti a la salida del Metro Bellas Artes
77. El parque del cómic chileno de Gran Avenida con estatuas de Condorito, Von Pilsener y Mampato, en la comuna de San Miguel
78. La Quinta Michita, del arquitecto Fernando Castillo Velasco, en La Reina
79. Ir a una manifestación estudiantil por una educación pública, gratuita y de calidad
80. Ver la sorprendente instalación subterránea La geometría de la conciencia, de Alfredo Jaar, en el Museo de la Memoria
81. Los dulces árabes del Bombón Oriental
82. Comprar un envase de Klenzo antiguo en el galpón del Parque Los Reyes
83. Ver las obras de Lily Garafulic, Marta Colvin y Federico Assler en el Parque de las Esculturas de Providencia y luego pegarse una reparadora siesta
84. Ir en familia a una marcha gay por el matrimonio igualitario
85. El sobrecogedor espacio de memoria histórica de Londres 38
86. El jardín de rosas del Parque por la Paz de Villa Grimaldi
87. Un piquero en la piscina Antilén
88. Ir a ver una obra en el Teatro del Puente, el único sobre un puente en el mundo, oír el torrente del Mapocho y sentir cómo se mueve su estructura
89. Visitar las históricas casas de Salvador Allende en Tomás Moro y El Cañaveral
90. Recorrer los largos pasillos de la Villa Portales, icono de la llegada de la modernidad a la arquitectura chilena
91. El edificio-barco de Sergio Larraín en Ismael Valdés Vergara, frente al Cerro Santa Lucía.
92. Escuchar el cañonazo de las 12 y acordarse de comer un completo en el Dominó
93. Escuchar al último pianoman de Santiago en el bar Don Rodrigo, en Bellas Artes
94. El esqueleto de ballena del Museo de Historia Natural
95. Tirarse cerro abajo por los toboganes del Parque de la Infancia y recorrer el sendero rústico del Cerro San Cristóbal que lo conecta con el Zoológico
96. La terraza panorámica del Hotel W
97. El muro verde del edificio Consorcio, de Borja Huidobro
98. Una plateada con puré picante de Don Peyo
99. El show de transformistas de la discoteque Bunker
100. Hacer yoga en el cerro San Cristóbal
101. Hacer todo este recorrido de nuevo y en compañía

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