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23
Sep
2008

La elite chilena clama: ¡No a la participación ciudadana!

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Hace un par de semanas, Carlos Peña se refirió en su columna de El Mercurio al problema de Transantiago. Al menos en esta ocasión, el rector de la Universidad Diego Portales – a la sazón, uno de los principales líderes de opinión en el panorama de la elite chilena actual – defendió la importancia del problema político, por sobre el técnico, en las fallas en la implementación del sistema de transporte metropolitano. Utilizaremos este discurso de Peña para comentar, desde nuestro interés en la ciudad, algunos debates que se han dado entre los “pensadores-opinólogos” de nuestra querida política nacional.

En la columna, el aludido examina los defectos que, según él, “no pertenecen a la esfera de la inteligencia, sino a la de la voluntad”. Peña dice:

“El anhelo de cuadrar el círculo y hacer algo inédito llevó a pensar que lo que era racionalmente concebible (un sistema de transporte con precios al alcance de todos, que además internalizaran todos los costos) era también fácticamente posible. Ese paso de un mero deseo a la voluntad de realizarlo no fue técnico, sino político. Fue el deseo inmoderado de éxito (algo que Aristóteles llamaría “pleonexia”, codicia) lo que condujo a este desastre.”

Me parece útil el debate entre lo técnico y lo político, especialmente en un contexto nacional donde tanto la búsqueda como la administración del poder han entrado en un régimen de cada vez mayor elitización tecnocrática de la toma de decisiones, y una extrema pauperización de la política electoral, con primacía de discursos cada vez más populistas – esto si es que éstos logran ser escuchados por alguno de los envejecidos electores. Sin embargo, más allá de lo anterior, hay entre los dichos de Peña algo que se ha repetido entre los pensadores-opinólogos, como fue el caso de él mismo junto a Eugenio Tironi y Roberto Méndez, en la Revista Qué Pasa del pasado 12 de Septiembre.

Dice Peña en El Mercurio (las negritas son mías):

“Si el deseo inmoderado de éxito (eso fue el Transantiago, pero también hubo otros) pudo ser bien tolerado en un gobierno que hizo del relato el sello de su gestión (”puedes soportar cualquier cosa si cuentas una buena historia acerca de ella”, aconseja I. Dinensen), eso mismo ya no fue posible en un gobierno que renunció a la escenificación y el aura del poder y prefirió, en cambio, presentarse a sí mismo en la más estricta horizontalidad con los ciudadanos. Ahí fue cuando el asunto simplemente se desfondó. La suma de deseo inmoderado y, por decirlo así, sencillez escénica es simplemente intolerable: si quien gobierna es como nosotros, si siente, piensa o quiere como usted o como yo, si su tiempo es también el nuestro, ¿por qué entonces habríamos de soportar los tropiezos y la espera?

Lo aquí dicho por peña me recordó lo dicho por Tironi en el artículo “Por qué la elite está pesimista”:

“Hemos pasado por un período caracterizado por una débil autoridad externa, normativa, castigadora, y por la promoción de la expresividad, la participación y la movilización. Esto será recordado como un punto de quiebre que nos hizo madurar como personas y como sociedad -en cierto sentido, pasar de la adolescencia a la adultez-; pero ahora, por lo menos, todo eso nos tiene un poco cansados y asustados de nosotros mismos, pues hemos descubierto que no éramos tan nobles como nos imaginábamos”.

¿Es que nuestra elite está diciendo “No al gobierno ciudadano”?

Tironi deja bastante más en claro sus apreciaciones; cuando le preguntan ¿Qué discurso de futuro se requiere hoy para superar el pesimismo?, responde que “Primero lo que dije antes: para decirlo crudamente, más normas y menos participación.

Desde el comienzo, la presidenta Bachelet definió el sello que pretendió poner a su mandato como el de un “gobierno ciudadano”. Independiente de si se trata de una mera imagen de marketing, o un hecho real, resulta interesante que en el discurso de los pensadores-opinólogos, junto con resaltar, como lo hace Méndez, que “el gobierno de la presidenta Bachelet ha sido una experiencia un poco frustrante para las elites”, se ataque directamente, si no es su existencia efectiva, al menos sí la presencia del concepto de participación ciudadana, horizontalidad o gobierno ciudadano, como parte del discurso oficial.

No quiere decir que exista una relación entre el mentado “gobierno ciudadano” y la verdadera participación ciudadana. Sin embargo, la coincidencia de nombres merece al menos comentarios.

Tengo el convencimiento personal de que uno de los principales desafíos para el desarrollo de Chile es la construcción y consolidación de la Sociedad Civil. Esto quiere decir, el espacio que media entre los individuos y las instituciones que nos gobiernan. Y es que además de pedirle cosas al papito Estado, debiéramos acostumbrarnos a que muchas de lo que nos hará vivir y desarrollarnos mejor pasa por lo que nosotros mismos hagamos.

Los problemas del asistencialismo en relación a la pobreza; la calidad de la educación; la impermeabilidad de la oferta política; las situaciones laborales y la eficiencia productiva; la precariedad de la participación ciudadana; las prácticas abusivas en el mercado;  muchas de estas precariedades en Chile pueden ser asociadas con la urgencia de la conformación colectiva de espacios que medien entre los individuos y las instituciones. Creo que hoy, más que nunca, se necesita de buenos liderazgos en los espacios intermedios de agrupación, en lo que puede mediar entre el espacio en el que estamos solos, y el gran Estado y la grandota Empresa; esos son los espacios de la sociedad civil, en los que estamos acompañados.

Por un lado, recordar – nunca está de más – que la participación no es por decreto. Me parece que todo esto abre demasiadas preguntas para quienes nos preocupa el futuro de Chile. Mientras tanto, la elite es elocuente en rechazar la “participación ciudadana”. ¿Es que acaso la aparente confusión, y falta del “liderazgo” que clama la elite, tiene que ver con un verdadero cambio en la forma en que nos gobernamos?

10 Comentarios »
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La derecha ni siquiera tiene un Lider, por eso la desesperación y el pesimismo.

La participación ciudadana la veo como un co-gobierno, una estructura paralela que se independiza de la econocracia y se organiza en comunidades autosustentables, dejando a un lado las grandes mafias transnacionales. No es ese murmullo guiado de la mano, sea cual sea la patraña política de turno, ni la masa enagenada que rompe cosas.

 
# Septiembre 23, 2008 a las 10:13
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Alberto Montealegre Beach dice:

Lo que está detrás de estos pensadores es una inclinación y una simpatía por el fascismo: una forma de paternalismo estatal que gobierna otorgando lo que la élite (política, intelectual o sobre todo racial (porque en ella se incluyen los “inteligentes”, los “genios” y los capacitados”, es decir los que son por naturaleza los “mejores”)) quiera y decida a su arbitrio otorgarle al ciudadano, considerado un niño o, en términos fascistas, un bruto. Cuando usan mañosamente el “nosotros”, entienden por esa palabra algo que no se puede extender colectivamente.

El problema es que la participación ciudadana le resulta inconveniente a todos los poderosos, aún para aquellos que la han utilizado como propaganda. Pués ella no sólo implica mostrarle al ciudadano lo que se está pensando hacer, sino también escucharlo efectivamente, corregir lo planteado y, sobre todo, volvérselo a presentar para que lo apruebe o se convenza de las bondades reales de una solución. Todo, en cambio, se hace en el sentido contrario. Estos gobiernitos de cuatro años y sin reelección, diseñados así no precisamente para beneficiar al peatón y el hombre común dándole más oportunidades de votar, son incapaces de propiciar una participación ciudadana que no sea un bluf electoral. El yugo de los “realistas del tiempo” es más duro que el de los tecnócratas que conversan sólo entre pares.

 
# Septiembre 23, 2008 a las 11:37
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Gran tema para debatir. Gracias Nicolás por tan acertado post. Coincido con Alberto, en Chile hay una peligrosa tendencia al fascismo, y un terror a la democracia.

Mi provocación va hacia los que estamos de acuerdo en este diagnóstico crítico de nuestra sociedad. ¿Estamos realmente fomentando la participación y la crítica en nuestros actos cotidianos? , hablo de consecuencia, de politización en el amplio sentido, de democratización, lo que implicaría importantes cambios en el corto y mediano plazo, partiendo por nuestros espacios y hábitos más cercanos, en los lugares de estudio, de trabajo, de ocio, de familia, en el barrio (si algo queda), ¿qué temas estamos discutiendo o proponiendo?

O nos empezamos a juntar y organizar para hacer crecer esta masa crítica incipiente y realizar verdaderos cambios sociales, NO “esloganes” de campaña, o nos quedamos sentados reproduciendo eso que tanto criticamos de la elite (y terminamos convirtiéndonos cómodamente en parte de ella). El miedo a la participación, que en definitiva significa miedo a la democracia, terror a la justicia social, susto de la elite a perder privilegios o que los “otros” puedan tener sus mismos derechos, que los que siempre (o desde hace algunos años) han manejado el poder tengan que empezar a compartirlo con todos, implica una gran tarea para nosotros, una mochila pesada que llevamos cada día, y que tiene que tenernos atentos a no caer en el letargo ni en la complacencia. Insisto en la consecuencia, y llamo a que nos juntemos, antes de que nos absorba la elite.

 
# Septiembre 23, 2008 a las 20:13
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Felipe dice:

Tengo absoluta claridad que al empresario que se dice sociólogo llamado Eugenio Tironi le importa un bledo el asunto de la participación ciudadana y que su discurso es absolutamente enfocado a legitimar como sea a la decadente concertación, lucrando de ese bien montado negocio.

En su momento fue Juan Antonio Gomez, presidente del partido radical social demócrata, quien culpó a los tecnócratas del transantiago. Ahora es Escalona, en su último libro, que acusa de las mismas responsabilidades a los técnicos. Los consultores y profesionales que trabajaron en el Transantiago dicen todo lo contrario, el desastre del famoso sistema de transporte es absoluta responsabilidad de un megalómano autoritario como fue el ex presidente Lagos, quien, como dice el artículo, mandó diseñar un sistema que no generara costos al fisco ni que subiera la tarifa a los usuarios, es decir, crónica de una muerte anunciada.

Las inversiones en infraestructura del Transantiago fueron mínimas, bastante menores por cierto a los montos que el gobierno brindó a las concesionarias de las carreteras urbanas y la construcción de la costanera norte. Un escándalo.

 
# Septiembre 24, 2008 a las 00:35
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Daniel dice:

Me sumo a las felicitaciones de Claudio, muy buen post Nico. Ojalá este sea sólo el primero de una aeguidilla de artículos respecto a la condición política del espacio público nacional y santiaguino. Yo me comprometo con uno para más adelante.

Concuerdo con Claudio en la necesidad de articular las posiciones críticas hacia transformaciones reales, sustantivas; la lógica elitista presente en el mundillo académico es sinceramente preocupante, y personalmente no me gustaría que, guardando las distancias y diferencias, aquellos que comparten (imos) dichas posiciones adoptáramos el rol que Marshall Berman criticó en los intelectuales franceses post ‘68: ser unos utopistas de escritorio, pontificando desde el sillón de la oficina en alguna facultad.

Saludos y nos veremos, espero que no sólo en seminarios…

 
# Septiembre 24, 2008 a las 15:19
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Diego dice:

No suelo dejar comentarios pero encuentro de verdad muy notable el artículo, felicito a Nicolas Valenzuela
por tan atinado post. Yo creo que el problema aquí es que de pronto nos hemos puesto a darle mucha importancia a estos tipos “intelectualoides” que viven la ciudad desde sus lujosas oficinas abarratodas, sin siquiera saber como se vive el exterior. Nosotros ” los ciudadanos”, que caminamos por las calles, tomamos micro, viajamos en metro y acudimos a parques y plazas, somos quienes debemos preocuparnos de verdad de este tema de la participación. Es rol de cada persona crítica y consciente el abogar y luchar por una mayor participación social ciudadana, por eso y tal como lo dijo Claudio…”O nos empezamos a juntar y organizar para hacer crecer esta masa crítica incipiente y realizar verdaderos cambios sociales, NO “esloganes” de campaña, o nos quedamos sentados reproduciendo eso que tanto criticamos de la elite (y terminamos convirtiéndonos cómodamente en parte de ella).

 
# Septiembre 28, 2008 a las 21:20
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Historía dice:

Es lamentable que los concertacinistas sea meros colaboradores de la derecha.En esta coalición no hay pantalones.Las políticas están echas para los acaudalados y para su biénestar.La concertación juega el rol de perro “faldero” En todo este juego. No tienen verguenza ni decoro. Por cuál derecha vas a votar. Por los de la cola entre las piernas o por los arrogantes!

 
# Septiembre 29, 2008 a las 03:02
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Marcelo Cooper dice:

Abriendo otra línea de debate a la interesante cuestión planteada por Nicolás, creo necesario subrayar otro aspecto de lo que arbitrariamente entendemos como Participación Ciudadana. Tendemos a asimilar y meter en un mismo saco lo que ha sido una práctica sostenida en el último tiempo en nuestro país, de lo que debe ser un derecho natural y político en sus más esenciales aspectos. Me refiero a ser capaces de diferenciar lo que es la Participación Ciudadana como instancia de bloqueo de iniciativas públicas o privadas, en contraste con la PARTICIPACIÓN CIUDADANA entendida como instrumento de desarrollo y mejoramiento consensuado de las mismas iniciativas. Son dos paradigmas que apuntan a objetivos claramente opuestos, y da la impresión que en nuestro país impera más bien el primero.
La Participación suele ser un hecho reactivo, liderado y ejercido fundamentalmente por aquellos que se ven violentados en sus condiciones presentes, sean éstas legítimos o ilegítimas. Sin avanzar más en los múltiples vicios y prácticas que esta lógica genera, lo fundamental es que los objetivos son limitados, se agotan en su materialización ideológica, y propenden a la polarización de las partes involucradas.
En esta dimensión de la Participación Ciudadana, hasta estaría de acuerdo con el rechazo de la elite chilena, claro, desde una experiancia técnica.
Por otra parte, da la impresión que este proceder forma parte de un proceso natural de maduración democrática en el cual estamos inmersos; pero también debe haber claridad de cuál es el objetivo que buscamos como sociedad.
En mi opinión, buscaría una forma de Participación que fuera proactiva, extensiva y permanente, y por sobre todas las cosas, que apunte a mejorar las iniciativas, más que a bajarlas definitivamente. Mantener siempre el status quo y el ultraconservadurismo nos pueden llevar a escenarios más serios de los cuales luego nos arrepentiremos. El desarrollo implica necesariamente un cambio, para lo cual es necesario un nuevo paradigma de Participación Ciudadana.
Para trabajar en ello.

 
# Octubre 3, 2008 a las 15:11
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Pablo Fernandez dice:

Tengo serias discrepancias con algunos comentarios:
En Chile no hay una tendencia al fascismo ni parecido. Lo que hay es una falta de participación, una ignorancia de como participar. Creemos que participamos cuando vamos a una marcha, cuando nos votamos a huelga, cuando “paralizamos” el sistema.
Tironi se equivoca, no necesitamos más normas u menos participación. Necesitamos mejores normas y mejor participación. Derechos y deberes. Hacernos cargo de nuestros problemas y participar de las soluciones. No es un problema de la izquierda o derecha, sino de como hacemos política.

 
# Octubre 3, 2008 a las 17:13
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Alvaro Arriagada dice:

Concuerdo absolutamente con Marcelo que antes de cualquier debate hay que definir bien qué entendemos por participación ciudadana. Y no solamente por este concepto, también hay que saber qué entendemos por élite, si está referida el tecnócrata detrás del escritorio, al empresario preocupado de hacer crecer constantemente su capital, los poderes fácticos, etc., o bien los que tenemos acceso a la universidad, los que andamos en micro, metro, los que pertenecemos al tercio mas alto de la población por vivir en Ñuñoa, San Miguel y frecuentar Bellavista, leer el The Clinic, etc. Si la participación es transversal (o lo prentende ser), existe un paso previo que a mi juicio en este país nos saltamos, que es el proceso de concientización, de educación y de que esta llamada “masa crítica” llegue a todos los estratos sociales. Dudo que alguno de los que opinan en estos foros no pertenezca a la “élite” de la formación universitaria, que participa en sesudos seminarios o que esté haciendo o tenga un postgrado o diplomado. Si la masa crítica no se extiende al poblador, al la dueña de casa, los programas nacionales que incluyen participación ciudadana, seguirán siendo instrumentalizados y ocupados como espacios de revindicaciones personales o de colectivos con fines inmediatistas y con altas dosis de egoismo e intereses, que en muchos casos no tienen como centro el mejoramiento de la sociedad en su conjunto. Ese es el mayor riesgo de la democratización de los procesos nacionales sin una población crítica y con una visión mas allá de los intereses personales o inmediatos. Nuestro peor enemigo en este proceso de “concientización” es la prensa (yingo, reality´s, aquí en vivo, che copete, etc..) y los poderes políticos que les conviene que la población siga siendo ignorante y piense de manera egoísta.
Lo digo desde la élite de los que tuvimos la suerte de ir a la universidad, y desde la necesidad que paralelo a los procesos de participación ciudadana, existan procesos efectivos de educación y concientización para todos los estratos sociales. Sólo de esta forma la participación se hará efectiva y todos como sociedad podremos beneficiarnos de sus resultados.

 
# Octubre 3, 2008 a las 17:42
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