Por Consuelo Roldán, Estudiante de Arquitectura UC
Después del terremoto del 27F, hemos sido testigos a través de la prensa, de algunas de las soluciones que ha propuesto e implementado el gobierno para solucionar el problema de la vivienda, desde mediaguas y otros tipos de construcciones de emergencia, hasta algunos casos de viviendas definitivas que incluso eran personalizables.
La emergencia de la situación ameritaba responder a través de todos los medios, eran más de 2 millones de damnificados en el territorio nacional, y la solución debía generarse rápido. Sin embargo, junto con esta rapidez, se avecinaba la pérdida de varias construcciones patrimoniales que resguardaban parte de nuestra identidad, en una importante cantidad de pueblos en zonas rurales. Como si fuera poco, muchos dueños, por falta de asesoría o por temor, se vieron influenciados al tomar la decisión de demoler sus casas de adobe o quincha, aumentando así el porcentaje de patrimonio que perdíamos, sin ser esto necesario.
Bajo este desolador panorama, surgía una nueva interrogante ¿cómo resguardar el patrimonio, entregando una solución rápida pero duradera en vivienda, que evite éxodos masivos de estos pueblos altamente dañados, y que evite así la creación de pueblos fantasma? SEGUIR LEYENDO


































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