
Atlanta se cita a menudo como un ejemplo de planificación urbana que se trabajó para crear un sentido de comunidad.
Un movimiento emergente busca cambiar los patrones de desarrollo para que sean tratados como una cuestión de salud pública.
Apenas se necesita la investigación científica para identificar los aspectos desagradables de la expansión en la periferia de las ciudades. El desorden del comercio, los callejones desaprovechados, el tráfico, la monotonía; todo está a la vista. Las cualidades desagradables de una parte vacía de la ciudad y los barrios degradados son muy visibles. Pero aún así, la gente no piensa en que aquello que encuentran de estética deficiente en sus barrios podría hacer, literalmente, que se enfermen.
Sin embargo, existe una vasta evidencia científica que afirma que la manera en que los lugares están diseñados y construidos sí puede causar graves problemas y complicar la salud de los individuos y poblaciones enteras. La depresión - la de tipo clínico, no la del malestar estético y cultural que envía a la gente de vacaciones, a, por ejemplo, Barcelona - es uno de ellos. Los estudios demuestran que la depresión se correlaciona con la falta de acceso a los espacios verdes, una situación compleja de muchos residentes de zonas urbanas deprimidas, el aislamiento físico de los habitantes de los suburbios, y la inmovilidad forzada de aquellos que no pueden conducir, pero no tienen otra alternativa de transporte. SEGUIR LEYENDO