Guía Urbana de Chile: Museo Nacional Ferroviario Pablo Neruda, Temuco

Casa de Máquinas © Andrea Manuschevich para Plataforma Urbana

La maestranza de Temuco, uno de los centros ferroviarios más importantes del sur de Chile durante el siglo pasado, se transformó en 2004 en el Museo Nacional Ferroviario Pablo Neruda. Su nombre se eligió en honor al escritor chileno que vivió sus primeros años en la ciudad y que fue hijo de un hombre que trabajó gran parte de su vida en este lugar.

En este museo no sólo hay más de diez Monumentos Históricos, entre los que están locomotoras y emblemáticos edificios, sino que también están los primeros vagones de pasajeros de Chile. Todo esto convierte el recorrido por esta maestranza en un viaje por la historia y las costumbres de la época de oro del tren en Chile.

Historia

© Andrea Manuschevich para Plataforma Urbana

Desde fines del siglo XIX, Temuco cumple un importante rol ferroviario para la zona centro-sur del país, el que se originó con la llegada del primer tren a la ciudad en 1883. Desde entonces, la historia de la ciudad que se fundó sólo dos años antes, quedó marcada por los trenes.

A medida que su población fue creciendo, Temuco comenzó a experimentar una mayor demanda ferroviaria, lo que la Empresa de Ferrocarriles del Estado trató de cubrir en 1905 con la compra de los actuales terrenos del museo, en donde se construyó una Casa de Máquinas (1933) y una Carbonera (1935).

© Andrea Manuschevich para Plataforma Urbana

Éstas instalaciones, tuvieron más de 50 años de esplendor, cumpliendo importantes funciones como lugares de abastecimiento y reparación. Sin embargo, en 1983, el complejo ferroviario debió cerrar tras la masiva llegada de los trenes eléctricos, que se había iniciado en 1954, y que terminó por remplazar a los que funcionaban con carbón.

Este cambio tecnológico produjo que más de 600 personas debieran buscar nuevos trabajos. Uno de ellos fue José del Carmen Reyes, padre del escritor Pablo Neruda, quien vivió junto a su padre hasta su adolescencia en Temuco y le dedicó el poema “Maestranzas de Noche” al complejo ferroviario.

En 1989, varios de los edificios y de las locomotoras de este lugar se nombraron como Monumentos Históricos, pero no fue hasta 2004 -año en que se inauguró el museo- cuando se rescató el patrimonio cultural, ferroviario e histórico de la región.

© Andrea Manuschevich para Plataforma Urbana

Carbonera y trenes en el parque

© Andrea Manuschevich para Plataforma Urbana

Al llegar a la entrada del Museo Ferroviario, ubicada en la Av. Barros Arana, lo primero que se ve entre los árboles son los antiguos trenes que están en los jardines públicos del museo.

Entre algunos vagones antiguos destaca una Carbonera, el edificio más alto del museo que tiene 40 metros de altura y que cuando estaba en funcionamiento almacenaba hasta 3.000 toneladas de carbón con el que se cargaban los trenes. Para esto, los ferrocarriles entraban al edificio a través de un túnel, en donde recibían el carbón que caía desde la punta de la Carbonera.

Junto a ésta última, se puede ver una Grúa Pescante a Vapor, que servía para arreglar las ruedas de los trenes y enrielarlos, la que fue declarada Monumento Histórico en 1998.

Casa de Máquinas

© Andrea Manuschevich para Plataforma Urbana

En el fondo del parque, está el que sin lugar a dudas es la mayor atracción del museo: la Casa de Máquinas. Este enorme edificio de 100 metros de diámetro fue declarado Monumento Histórico en 1989, y las más de diez locomotoras que ahí se encuentran también fueron nombradas como tal en 1989 y 1998.

Mientras estuvo en funcionamiento, entre 1941 y 1984, sirvió como estacionamiento y taller de 32 locomotoras, las que llegaban a la Casa para ser reparadas antes de continuar su recorrido aún más al sur, hasta Carahue, Cherquenco o Cunco, en la Región de la Araucanía, o hasta Puerto Montt, en la Región de Los Lagos.

© Andrea Manuschevich para Plataforma Urbana

En el centro, hay un gran espacio abierto con una tornamesa de 27 metros de largo en la que se estacionaban las locomotoras y que permitía que cientos de obreros trabajaran simultáneamente en torno a éstas.

© Andrea Manuschevich para Plataforma Urbana

De las 32 locomotoras que en algún minuto llegaron a la Casa de Máquinas, varias aún se mantienen, entre las que destaca la Locomotora Nº 620, la última que aquí se arregló, y un vagón de madera.

Coches de pasajeros

© Andrea Manuschevich para Plataforma Urbana

Al recorrer los cuatro vagones de pasajeros que hay en el jardín, se pueden revivir las costumbres y diferencias sociales de comienzos del siglo XX, reflejadas en la decoración y las comodidades que ofrecía cada vagón.

El trayecto comienza en el Coche Salón, un vagón alemán construido en 1930 y que tenía pequeños departamentos en donde podían viajar hasta 44 pasajeros. Actualmente es utilizado para presentar el museo con un video que muestra imágenes del mundo ferroviario en la región, acompañado por el relato del poema “Maestranzas de Noche” de Neruda.

© Andrea Manuschevich para Plataforma Urbana

Luego, en el Coche Dormitorio, se puede conocer cómo eran las habitaciones de los pasajeros que, por muy increíble que suene, se dividían entre casados y solteros. Por esto, las habitaciones para matrimonios estaban una al lado de la otra y se conectaban por un pasillo principal. En cambio, en el caso de las habitaciones para solteros, éstas sólo se separaban por una cortina.

Coche Dormitorios para casados © Andrea Manuschevich para Plataforma Urbana

El Coche Presidencial es el tercer vagón del recorrido y por supuesto el más lujoso. Aquí lo primero que se puede ver es un comedor y un living que sólo eran ocupados por el Presidente y su familia.

Coche Presidencial © Andrea Manuschevich para Plataforma Urbana

Este coche tenía dos dormitorios separados, uno para el Presidente y otro para su mujer, ya que en esos años era mal visto que durmieran juntos fuera de su casa.

Coche Presidencial © Andrea Manuschevich para Plataforma Urbana

El último vagón del recorrido es el Buscarril, el que se parece bastante a un bus y que fue traído en 1970 desde Alemania, en donde era usado como coche para pasajeros de segunda clase, mientras que en Chile se destinó para la tercera clase.

Buscarril © Andrea Manuschevich para Plataforma Urbana

Autocarril

Autocarril presidencial © Andrea Manuschevich para Plataforma Urbana

Muy cerca de los coches de pasajeros se puede ver un auto muy elegante que llegó a Chile en 1928 y que funcionaba de dos formas: se podía usar en las calles como un auto y si se le sacaban las ruedas podía circular por las vías del tren. Además, se podía acoplar al Coche Presidencial, funcionando como un vagón más.

Mientras estuvo operativo, hasta 1987, fue usado por el presidente Carlos Ibáñez del Campo y por el Director de la Empresa de Ferrocarriles del Estado.

Galería de Arte

Maqueta de Ferromodelismo © Andrea Manuschevich para Plataforma Urbana

Una gran maqueta de ferromodelismo, varias fotos antiguas regaladas por las familias de Temuco y otros objetos están en la Galería de Arte, un espacio que funciona en la antigua Administración del recinto.

Durante todo el año este lugar exhibe también muestras artísticas y culturales, que hacen que este museo sea además un centro cultural.

Hay que ver: Una puerta secreta que une las habitaciones del Presidente y de su esposa en el Coche Presidencial, a pesar que era mal visto que durmieran juntos.

Ubicación

Museo Nacional Ferroviario Pablo Neruda: Av. Barros Arana 0565.

Entradas:

Sólo se cobra entrada para subir a los vagones. La entrada al parque es gratuita.

– Niños y estudiantes, $300; Adultos, $1.000; Adulto mayor, $500; Delegaciones, $3.000.

Horarios:

– Entre abril y septiembre: Martes a viernes de 9 a 18 horas, sábado de 10 a 18 horas y domingo de 11 a 17 horas.

– Entre octubre y marzo: Martes a viernes de 9 a 18 horas, sábado y domingo de 10 a 18 horas.

Lunes cerrado.