El Último Grito realiza intervención urbana junto a los ciudadanos de Ciudad de México

© El Último Grito, vía Twitter.

A fines de octubre se realizó la primera versión del festival internacional Abierto Mexicano de Diseño que exhibió muestras de arte y diseño en el Centro Histórico de la capital mexicana con el fin de acercar la cultura a las personas en el espacio público.

La elección del centro como lugar de exhibición fue escogido por la organización porque es considerado como una sede natural por el valor cultural que le dan más de 1.400 edificios que tienen un gran valor arquitectónico y porque es un espacio muy transcurrido, ya que por ahí pasan dos millones de personas diariamente.

Las charlas y exposiciones que se hicieron para el festival giraron en torno al tema central que fueron los oficios, teniendo en cuenta que éstos tienen técnicas de trabajo de creación colectivas que reúnen a los diseñadores y a los ciudadanos en la construcción de muestras que se hacen con materiales reciclados y sustentables. Una de las intervenciones urbanas que se armó en las calles del centro con la ayuda de las personas que pasaban por el lugar fue diseñada por el estudio El Último Grito.

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El trabajo que hizo la firma española consistió en desarrollar un nuevo concepto de asientos públicos que, más allá de que cumpliera su función, aportara un valor estético a la ciudad, dejando que las personas probaran una forma de construcción más simple en que sólo ocuparan sus manos como herramientas. Por esto, diseñaron un objeto urbano “que explora la naturaleza social, política y filosófica de las relaciones entre la ciudad y sus usuarios”.

Fuente: psfk.com

El primer día de trabajo, el equipo del estudio contó con la ayuda de voluntarios del festival. Sin embargo, al poco tiempo de empezar a construir el asiento, los niños que viven en el lugar (por calle Moneda), se acercaron a preguntar por la curiosidad que les generaron los materiales de embalaje, como bolsas plásticas y cartones que servirían como materiales principales.

Fuente: psfk.com

En un principio, la percepción de las personas al ver el asiento en sus primeras etapas era de extrañeza, ya que no entendían si era un montón de basura que se mantendría en las calles. No obstante, cuando al día siguiente los encargados y voluntarios comenzaron a cubrir el asiento con stickers de colores, los vecinos lo valoraron de otra forma, convirtiendo el asiento en el protagonista de la calle y en un juego al que los niños se subían.

Vía @designboom

La intervención se mantuvo en la calle Moneda, entre Seminario y Academia, hasta el 27 de octubre, día en que terminó el festival.