Primer Lugar Concurso Recuperación y Puesta en Valor del Monumento Histórico Palacio Pereira

El Martes pasado les anunciamos en exclusiva a los ganadores de dos importantes concursos de arquitectura promovidos por el gobierno: El Plan Maestro para el Eje Bulnes (ver resultados aquí) y la Recuperación y Puesta en Valor del Monumento Histórico Palacio Pereira.

El Palacio Pereira es uno de los Palacios con más historia de Santiago. Su importancia desde el punto de vista patrimonial y su ubicación en el corazón de Santiago, hacían primordial una propuesta de renovación.

Cecilia Puga, Paula Velasco y Alberto Moletto fueron los arquitectos premiados con el primer lugar en este concurso. Presentamos la propuesta completa a continuación.

elevación sur

EL ARTE DE LA NEGOCIACION : La recuperación del Palacio Pereira

“A church of the 11th century might be added to or altered in the 12th, 13th, 14th, 15th, 16th, or even the 17th or 18th centuries; but every change, whatever history it destroyed, left history in the gap, and was alive with the spirit of the deeds done midst its fashioning. The result of all this was often a building in which the many changes, though harsh and visible enough, were, by their very contrast, interesting and instructive and could by no possibility mislead.”

*WILLIAM MORRIS – The Society for the Protection of Ancient Buildings Manifesto 1877 (1)

La negociación entre preservación (el edificio como artefacto histórico) y habilitación (el constante ajuste entre lugar y necesidades humanas) está perfectamente identificado por Morris al inicio del SPAB (2). Morris celebraba la superposición de la necesidad social, pero esta apreciación estaba matizada por la forma en que era ejecutada –la pericia con que se introducían los ajustes son testamentos de la habilidad artística del hombre. “Qué” se hacía, intrínsecamente incluía el “cómo” era hecho. El Concurso Palacio Pereira ofrece un punto de partida desde el cual intentar una reconciliación entre dos posiciones potencialmente antagónicas – conservación y renovación. El modo en el que estos dos conceptos se articulan en la intervención resulta crucial para inyectarle vida al edificio, envolviendo, protegiendo e incoporando su condición de ruina.

corte transversal

Las dos posiciones –moderna y tradicional- inevitablemente se enfrentan en un punto físico, y este aspecto requiere del mayor cuidado. La “verdad” de una construcción es inherente a la arquitectura vernácula, tan valorada por Morris; sin embargo, la articulación de esta “verdad” se hizo efectivamente necesaria una vez que nuestras habilidades para camuflar la estructura y el material en función de objetivos simbólicos se generalizó. La manipulación de la “verdad” en la construcción del Palacio Pereira de Lucien Ambroise Hénault’s no es menos teatral que la de John Nash o la de Schinkel: la expresión material y constructiva fue voluntariamente orquestada para lograr el telón de fondo de las elites de la época y no para expresar una recargada albañilería. Si hoy el Palacio es un escenario para la cultura que encarga su remodelación, ¿cómo podemos ahora apropiarnos de su estado ruinoso y simultáneamente manejar el concepto de verdad e historia?

Al seleccionar su estrategia material, el proyecto busca atraer la atención sobre la complejidad de habilitar una ruina, sin priorizar ni la intervención nueva ni el carácter elegante y decadente del Palacio. El paso del tiempo ha dado al edificio lo que el Romanticismo llamaba “lo sublime”, donde el efecto material ofrece al observador una comprensión directa del tiempo, inspirando respeto y veneración, pudiendo asociarse en el siglo dieciocho con la estética de la Ilustración unida a los procesos naturales y a la capacidad de asombro humano.

Cortesía de Alberto Moletto

La condición del Palacio es única en Santiago; la presencia del decaído Palacio es un espejo para la ciudad moderna y sus cualidades estéticas, una medida del progreso social y cultural. Lo que comenzó siendo la expresión “inauténtica” (de mampostería estucada) de la cultura de una élite Europeizante, con el tiempo, y a raíz de su abandono, ha adquirido la pátina de la verdad, y esta decadencia material le ha dado a la construcción su mayor logro: su lugar en un genuino contexto local.

La interrogante sobre cómo enfrentar la materialidad del edificio tal como está es clave para el concurso.

A través de una reparación material delicada que combina técnicas contemporáneas de análisis (con el fin de lograr especificaciones precisas sobre morteros, estucos y albañilería) y el uso eventual de resinas súper resistentes y acero inoxidable (para unir, suturar y consolidar la construcción) las ruinas del edificio deben ser mantenidas. Esto permitirá tener un edificio donde nuevas actividades puedan habitar, respondiendo al llamado de Morris de continuar agregando capas a la historia al lugar.

El vacío existente al interior del sitio ofrece la posibilidad de reconstruir la tipología del bloque original y responder a la simetría del Beaux Arts para crear una nueva unidad. La estructura principal del edificio nuevo es de su tiempo, y está hábilmente inserta para permitir su uso sin alterar el sello del viejo Palacio, alejando la nueva estructura y las fundaciones de sus frágiles muros de ladrillo.

El uso del corredor en forma de cruz se ve replicado en el nuevo patio, reinterpretando el espacio de acceso al Palacio como un jardín de invierno que une el corazón del edificio antiguo con aquel del nuevo edificio, como un espacio social y ambiental de descanso.

Cortesía de Alberto Moletto

El trabajo de recuperación de edificios históricos es una constante lucha por revelar y descubrir, absteniéndose de alterar o destruir. Pero, sin revelar o descubrir, sin aceptar el cambio radical que trae consigo el descubrimiento, no existiría interpretación. La historia modela nuestra relación intelectual con el pasado basándose en realidades físicas y materiales. La Modernidad se caracteriza por la estandarización del montaje y las tácticas de uso de componentes, una delicada estética inmaterial en contraste con la construcción “tradicional” basada en intervenciones que operan mediante el calce, la interconexión y la acumulación de operaciones que buscan proteger los materiales blandos mediante el uso de otros cada vez más duros. La fusión de ambas materialidades por medio de una trabajosa atención a los detalles que se requiere en el Palacio, cuestiona la polarización de lo histórico y lo moderno – materiales manufacturados pueden unir, amarrar y también sumar niveles de protección, pero requiere la prolijidad que Morris exigía para hacerlo de modo que restablezca una arquitectura “viva, con el espíritu de los hechos acaecidos, insertos en su remodelación”.

Cortesía de Alberto Moletto

(1) – “Una iglesia del siglo 11 puede haber sido ampliada o alterada en el siglo 12, 13, 14, 15, 16 o incluso en los siglos 17 y 18; pero cada cambio, cualquiera sea la historia que destruyó, dejó a la historia en un resquicio…”

Descripción

En términos generales, entre reconstruir y partir de lo existente, se opta por esta segunda alternativa adoptando el espacio liberado por el derrumbe como oportunidad para entender la relación compleja entre pasado, presente y futuro.

A partir de la tipología original del palacio -que ponía en relación la galería en forma de cruz con el patio y sus corredores laterales- la obra nueva se encarga de llenar el espacio liberado por el derrumbe de las construcciones originales, devolviendo al edificio su estructura espacial original. Representando simbólicamente un entramado de andamios, la intervención pone el énfasis en la condición temporal y dinámica de la recuperación patrimonial, haciendo alusión a una “obra en proceso”, y a la reversibilidad de las operaciones que sobre él se efectúan.

Nivel 1

Niveles de intervención

El proyecto establece 3 estrategias o grados de intervención:

En primero considera la recuperación de aquellas piezas que constituyen el universo simbólico del Palacio, tales como la galería en cruz, sus fachadas hacia las calles San Martín y Huérfanos. Se propone recuperar zonas dañadas, estableciendo operaciones de continuidad y consolidación de elementos arquitectónicos originales al edificio. La arquitectura del palacio se entiende en este nivel de intervención desde el lenguaje que en palabras de Moneo, “habla también del tiempo, pero desde la cultura…” (3)

(3) R. Moneo, Arquitectura en la márgenes Arq Bis n.12.

El segundo recupera los salones sur y oriente que acompañan las fachadas en primer y segundo nivel, reconstruyendo partes faltantes allí donde aún permanecen vestigios de molduras, estucos, revestimientos, etc. y dejando algunos de los antiguos salones en su condición de ruina actual, donde quedan las albañilerías vistas con todo su poder evocador. La preciosa desproporción resultante del derrumbe se incorpora al proyecto, generando nuevas posibilidades de conocimiento de la condición material, estructural y espacial del Palacio. Por ausencia se pone en cuestión y se da visibilidad a todo aquello donde la arquitectura y la construcción se hacen mas porosas, frágiles y precarias.

Por último, el tercer grado de intervención se refiere a las estructuras nuevas, las cuales mediante la proliferación de elementos de relativa esbeltez y ligereza van completando todos los intersticios dejados libres por el derrumbe, hasta construir una masa de elementos que contribuye también a contener el vacío de la galería en cruz que actualmente se diluye y desdibuja por la ausencia de uno de los cuadrantes que originalmente la contuvieron.

Este “andamiaje” contiene un espacio singular despejado, un espacio a-programático de relación entre las distintas funciones que lo rodean y que establece una relación sutil y atmosférica entre la galería cruciforme convertida en jardín interior y el patio con sus galerías verticales.

planta nivel 3

Circulaciones y organización del programa

Mediante un simple desplazamiento de las circulaciones desde el eje central hacia un anillo perimetral, se logra articular tanto el edificio nuevo y el antiguo como las áreas públicas y privadas y los programas de la DIBAM y del CMN. La propuesta aprovecha los distintos accesos originales del edificio, distribuyéndolos programáticamente: por San Martín se accede a la DIBAM y al auditorio; por Huérfanos lateral al CMN, dejando el acceso principal para el público y visitantes en general, estableciendo una suerte de continuidad entre el espacio público y el corazón del Palacio. Estos accesos diferenciados permiten organizar el programa DIBAM/CMN en dos hemisferios que se comunican puntualmente en función de las áreas del programa. La DIBAM ocupa el ala sur oriente; el CMN el ala sur poniente.

A través de esta circulación perimetral, se accede a los programas públicos que ocupan barras

transversales a todo el edificio y donde la galería en cruz -convertida en un dispositivo ambiental y climático para hacer mas eficiente el edificio desde el punto de vista energético- es el espacio de desahogo, de descanso y pausa.

Arquitectos: Cecilia Puga, Alberto Moletto, Paula Velasco
Ubicación: Palacio Pereira, Santiago, Santiago Metropolitan Region, Chile
Jefe De Proyecto: Cecilia Puga
Colaboradores: Nuno Castro Costas, Patricio Mardones, Gabriela Villalobos, Rebecca Emmons, Daniel Rodríguez, Francisca Navarro
Ingeniero Civil Estructural: Pedro Bartolomé – Ingeniero Universidad de Chile, 1988
Arquitectos Especialistas En Patrimonio: Alan Chandler ( RIBA, Inglaterra), Fernando Pérez Oyarzun (Chile)
Año Proyecto: 2012
Fotografías: Cortesía de Alberto Moletto