El Cementerio General se está muriendo

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Por Rodrigo Guendelman, fundador de @santiagoadicto

A veces los superhéroes necesitan una mano. Tomás Domínguez no usa capa ni tiene poderes extraños, pero es un gigante del patrimonio nacional. Es la única persona que se ha ocupado de conocer, estudiar y proteger durante los últimos doce años el Cementerio General. Pero hoy, a pesar de todo el esfuerzo que ha desplegado este arquitecto chileno, no basta con su energía ni con sus ganas: el cementerio se está muriendo y a nadie más parece importarle.

Antes de detallar esta crisis, un paréntesis. ¿Cuándo fue la última vez que caminaste sin apuro, cual turista que disfruta perderse, por las calles de este recinto de Recoleta? Una cosa es ir a un funeral, acompañar a los deudos y luego retirarse. Otra cosa muy distinta es pasear por el cementerio. Palabra de un adicto a Santiago: no hay un lugar más alucinante en esta ciudad. Por sus toneladas de patrimonio, por su hermosa arquitectura, por la cantidad de próceres que allí están enterrados, por el silencio, por sus árboles y por su gran extensión, se trata de la joya de las joyas urbanas.

© Jose Antonio Parrague

Y si nos centramos en su importancia histórica y social, hay más argumentos que permiten entender de qué estamos hablando. “El cementerio es un espejo miniaturizado e idealizado de la ciudad. Todos los fenómenos sociales y arquitectónicos, las tendencias artísticas y los modelos urbanos se van reproduciendo acá”, dice Tomás Domínguez.

Desde que fuera inaugurado por Bernardo O´Higgins en 1821como recinto general para ricos y pobres, ha sido testigo del entierro de más de dos millones de personas. Y eso lo convierte en un lugar fundamental para la memoria nacional, pues allí encontramos las raíces y la fuente de origen de la sociedad chilena. Es un potente símbolo patrio, el lugar donde termina y comienza el espíritu nacional. En sus 86 hectáreas de terreno hay cerca de mil obras de alto valor arquitectónico que, ojo, conforman la mayor colección de arquitectura funeraria conocida en Latinoamérica. Sumemos a eso que sus doscientas esculturas lo ubican como uno de los más antiguos e importantes museos del país. “Todas estas razones posicionan a este conjunto patrimonial como una obra colectiva de grandes proporciones construida por generaciones, que es reflejo y sinopsis de nuestra historia republicana y que asombra, causa admiración por su pasado, su urbanismo, su arquitectura, su calidad artística y su belleza paisajística”, escriben en el sitio www.laciudaddelosmuertos.org

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Cierre paréntesis. Vamos a la crisis. “Las situaciones que afectan al Cementerio General de Santiago dañan nuestra identidad y deshonran a nuestros antepasados. Su agónica decadencia física y administrativa amenaza con la eventual muerte del Panteón Nacional”, dice Tomás. ¿A qué se refiere? Al lamentable estado del cementerio post terremoto del 2010. Lo declara el hombre que sabe más del tema, y el mismo que, en 2010, logró que fuera declarado Monumento Nacional. En total, el daño ocasionado por el terremoto fue de $12.200 millones y su costo de reconstrucción es de $3.200 millones, casi lo mismo que el gobierno dispuso para reconstrucción patrimonial…en todo el país. Es decir, el deterioro actual producto del 27F es evidente y prácticamente nada se ha hecho para mejorarlo. A eso hay que sumar “el negro historial de manejo acumulado durante la última década, marcado por situaciones como el loteo de calles, la utilización de mausoleos como bodegas y camarines, la edificación de obras dañinas para el contexto patrimonial, el acopio de basura en las calles y la venta de los derechos originales de agua para llevar recursos para las arcas municipales”, se lee en laciudaddelosmuertos.org. Y queda algo más grave: “la misma administración encargada de custodiar el descanso de los muertos del Cementerio es quien viola los derechos de perpetuidad con la finalidad de obtener nuevos terrenos para la venta en beneficio de la Municipalidad de Recoleta”.

© Plataforma Urbana

Por eso, ante un escenario tan adverso, hay una sola solución. Lograr que el Cementerio General sea postulado y reconocido como Patrimonio de la Humanidad. Su impresionante belleza, su importancia patrimonial y su decadente estado actual no sólo lo merecen: lo necesitan. Si el Cementerio llega a ser Patrimonio Mundial, ganamos todos: Chile, Santiago, Recoleta, nuestra historia, nuestra gente. Y los únicos que pierden son los corruptos.

Es hora de jugársela y apoyar esta iniciativa. ¿Cómo? Usando el hashtag #cementeriopatrimoniomundial y tuitéandole al Ministerio de Educación, @mineduc, pues es ese organismo el que decide si postula o no a un lugar.

Si pudimos parar el daño a los mosaicos del metro, también podemos lograr que nuestro maravilloso cementerio deje de morir y sea, además, motivo de orgullo global. De nosotros depende.