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29
Jun
2012

Un crack en la ciudad: rupturas y continuidades

Por Dr. Arq. Guillermo Tella, Doctor en Urbanismo.

El proceso creciente de dispersión y de fragmentación territorial al que asisten las metrópolis, ante el progresivo desvanecimiento de la tradicional “ciudad compacta”, conduce a una fractura de las tradicionales tendencias de crecimiento de las ciudades. El vaciamiento de las áreas consolidadas, la descentralización del terciario avanzado, el desarrollo de los sistemas de infraestructura viaria, el aumento de la movilidad intraurbana y el incremento de la ocupación del suelo inciden en el surgimiento de piezas urbanas a modo de ínsulas autónomas, en yuxtaposición y convivencia con bolsas de marginalidad, vacancia y pobreza.

A través del tiempo, numerosos estudios centrados en la cuestión urbana identificaron a la ciudad en relación con la jerarquía de funciones y de equipamientos existentes sobre un territorio. La huella trazada permite centrar la atención en los fenómenos de apropiación de centralidades territoriales.

En el marco del capitalismo industrial (fordista), a mediados del siglo XX se consolidó la “metrópolis moderna”, con una estructura jerárquica de relaciones funcionales y sociales. En el proceso de crecimiento, la ciudad invadía el espacio rural circundante, dando lugar a una expansión urbana continua, en mancha de aceite, con una neta separación entre campo y ciudad. Los núcleos centrales, de alta densidad, eran habitados por la burguesía, y los bordes urbanos, a modo de “periferias-dormitorio”, por el proletariado industrial.

Dado que el centro decidía y controlaba los destinos de la periferia, era la industria y la residencia de los sectores sociales bajos los que se desplazaban hacia los suburbios y consolidaban un crecimiento relativamente compacto. Con lo cuál, la ciudad tradicional, si bien ofrecía una distinción entre el paisaje urbano y el paisaje rural, presentaba una fuerte dependencia económica, social y cultural del campo.

Desde esta perspectiva, la periferia fue entendida como el “no-centro”, y constituía aquella parte de la ciudad que rodeaba al núcleo consolidado. Carente de estructura funcional autónoma, de atributos de centralidad, de identidad y de sentido de pertenencia, era el lugar donde se habitaba por necesidad, con baja densidad y homogénea composición social. (cfr. Bozzano, 1999).

Sin embargo, en tiempos del capitalismo avanzado (postfordista), el progresivo desvanecimiento de la tradicional “ciudad compacta” evidenciado en las últimas décadas, cada vez más dispersa y fragmentada, ha constituido un tema recurrente en los estudios urbanos, que comenzaron a manifestar las limitaciones de los conceptos de “centro” y de “periferia” para explicar la realidad urbana que en ellos se observa. (Soja, 1996).

En tiempos de la sobremodernidad, de superabundancia de acontecimientos y de individualización de referencias, los componentes se adicionan sin destruirse; contexto en el que emergen los no-lugares como espacios anónimos de confluencia. El lugar es considerado por M. Augé (2000) como el espacio del encuentro entre unos y otros, donde se expresan la identidad, la relación y la historia, y el no-lugar como el espacio donde nada de ello se sucede. La oposición entre lugar y no-lugar evidencia la desaparición de la frontera entre lo privado y lo público, y el surgimiento de “espacios del consumo”, de carácter no identitario, donde la historia es transformada en elemento de espectáculo.

Cómo definir el fenómeno actual

¿Cómo definir entonces el fenómeno actual? No se trata de un proceso de urbanización porque la ciudad no crece en “mancha de aceite”, por expansión continua y con concentración en un núcleo central. Tampoco es una suburbanización debido a que se no observa un crecimiento urbano en coronas compactas en torno a la ciudad central. No resultan suficientemente explicativas las tendencias de periurbanización, que ofrecen una integración a la dinámica metropolitana de los antiguos núcleos rurales. Por otro lado, la difusión de las actividades urbanas hacia los espacios rurales, entendidas en términos de Dematteis (1998) como rururbanización, también parecen poco abarcativas.

Finalmente, no es posible hablar de efectos asociados a fases culminares del “ciclo vital” de la ciudad –como señalan P. Hall y D. Hay (1980)–, a partir de procesos de desurbanización, como declive demográfico, o de contraurbanización, como recuperación del núcleo central. Este ciclo urbano, en cambio, pareciera corresponder con aquello que G. Dupuy (1991) denomina como los “nuevos territorios del automóvil”, en el contexto de un proceso de dispersión suburbana conocido como urban sprawl, que tiende a dispersar la población y a concentrar actividades a modo de exurbanización o edge cities. (cfr. Garreau 1992).

En consecuencia, en la nueva realidad urbana, la creciente movilidad pendular, la expansión y complejización de usos, la multiplicación de redes y flujos, y la disolución de unidades territoriales convencionales atentan contra la capacidad explicativa de las tradicionales definiciones sustentadas en umbrales de densidad y de desplazamientos. La descentralización del terciario, el vaciamiento de las áreas consolidadas, el aumento de la movilidad intra-urbana y el exponencial incremento de la ocupación del suelo se encuentran en la base de un proceso de dispersión periférica, en donde conviven bolsas de marginalidad con centros de negocios, a modo de piezas autónomas que se yuxtaponen en forma discontinua entre terrains vagues.

El escenario planteado da cuenta de un proceso específico de transformaciones urbanas que no puede ser descrito como una simple suburbanización de actividades económicas. En Buenos Aires presenciamos un proceso de reestructuración de la centralidad que transforma todos los ámbitos urbanos y suburbanos. Funciones comerciales, de oficinas y de entretenimientos mutan de manera sustancial. La lógica de ubicación que caracteriza a esta reestructuración urbana en gran parte se acoge a los sistemas de centralidad seculares de esta ciudad, y genera problemas sociales, funcionales y ambientales específicos que resulta indispensable afrontar. (Tella, 2001).

Componentes distintivos del sistema

Las áreas centrales de la ciudad constituyen las zonas con mayor accesibilidad y las de mayor concentración y diversidad de actividades; atributos principales para definir un centro. Esto conduce al natural desplazamiento de las viviendas de los lugares centrales hacia las periferias, así como las zonas de mayor densidad suelen concentrarse sobre los ejes principales, y la población con menores ingresos se localiza generalmente sobre las áreas intersticiales o de menor accesibilidad.

Con lo cual se produce de manera continua: una sustitución de usos (de rural a urbano, de residencial a comercial), una diferenciación espacial (de densidad de población y de concentración de actividades) y una segregación territorial (de equipamientos por niveles socioeconómicos). En este marco, el particular caso de Buenos Aires es posible reconocer tres componentes distintivos del sistema de centralidad: el área central, los subcentros tradicionales y las nuevas centralidades.

Área central: El área fundacional de la ciudad de Buenos Aires concentra el mayor número de viajes y de actividades en un reducido espacio. Asimismo, pueden identificarse en su interior espacialidades de fuerte atracción, tales como las áreas de transferencia, y de concentraciones diversas (comerciales, políticas, bancarias, financieras, institucionales, culturales, recreativas). Entre ellas convive una trama de actividades y de prácticas sociales que articulan ambas espacialidades. (Bozzano, 1999).

Subcentros tradicionales: Desde su arribo, asentados sobre las tierras altas, los ferrocarriles surcaron el territorio con más de 150 kilómetros de vías, que dieron origen a más del 90 por ciento de los subcentros actuales. A través del tiempo, la red vial fue acomodando su traza respecto de la ferroviaria, y el transporte público le imprimió fluidez y continuidad comercial a los corredores vehiculares.

Nuevas centralidades: Nuevas formas de concentración y de dispersión manifiestan la vocación hacia una economía de servicios en la ciudad, que induce a la diseminación de las actividades sobre el territorio, con migración de actividades de las áreas centrales hacia los bordes metropolitanos; conformando aglutinamientos insulares de pequeños fragmentos urbanizados entrelazados sobre entornos no urbanos. Esta situación manifiesta una relación dicotómica entre procesos que tienden a una mayor integración económica pero, también, a una mayor dispersión espacial.

En el sistema de centralidades de Buenos Aires se pone de manifiesto, entonces, una situación de fuerte tensión entre la continuidad de algunas tendencias tradicionales de reproducción y la ruptura de otras, ante a la emergencia de nuevas lógicas de concentración de actividades, de movilidad intraurbana y de apropiación del espacio.

© Guillermo Tella

Los patrones territoriales identificados

Desde esta perspectiva, se han identificado diez patrones territoriales que intentan definir el nuevo escenario metropolitano de Buenos Aires:

Consolidación selectiva: La configuración metropolitana presenta dos aspectos principales de crecimiento y de consolidación territorial, a partir de los cuales la mancha urbana se cualifica, densifica y expande: el predominio de los sectores centrales por sobre los ámbitos periféricos, y el predominio de los ejes principales por sobre los espacios intersticiales.

Monocentralidad dominante: La aglomeración urbana se conforma a partir de una fuerte estructura monocéntrica, en torno al área fundacional de la ciudad, sobre la que confluye un encadenamiento radial de subcentralidades urbanas de diferentes jerarquías, alineadas sobre la axialidad de los ejes ferroviarios y confirmadas por la confluencia de corredores vehiculares.

Polarización urbana: La diseminación sobre el territorio de una serie de nuevos artefactos urbanísticos, contenedores de actividades terciarias, produce un crack en la ciudad a través de la instalación de una nueva trama de centralidades que polariza la estructura metropolitana, genera ínsulas territoriales y consagra un sistema reticular de movilidad desde la lógica del automóvil particular.

Ámbitos contenedores: Mientras que los centros tradicionales son utilizados por los sectores bajos de la sociedad, estructurados a partir de la continuidad que ofrece el transporte público y de “la calle” como ámbito de integración, los sectores medios y altos se apropian de las nuevas centralidades, a partir de un espacio de carácter privado que funciona como soporte colectivo de las prácticas sociales.

Diferenciación tipológica: Este proceso de insularización territorial se manifiesta al menos en tres tipologías claramente diferenciadas: (a) sobre una expansión metropolitana, con dependencia del sistema viario; (b) sobre una centralidad consolidada, con apropiación de sinergias territoriales; y (c) sobre un centro local-residencial, con integración a la trama urbana.

Tipologías metropolitanas: La insularidad sobre expansión metropolitana se compone por artefactos urbanísticos que presentan áreas de influencia de escala metropolitana; vinculaciones directas con el sistema troncal de movilidad vehicular; baja ocupación, consolidación y articulación con el entorno urbano; y una apropiación de los atributos de accesibilidad de la zona.

Tipologías urbanas: La insularidad sobre centralidad consolidada aparece compuesta por artefactos urbanísticos que presentan áreas de influencia de escala urbana, vinculaciones directas con importantes corredores comerciales, densa concentración de actividades terciarias del entorno urbano y adscripción al sistema de centralidad de la zona.

Tipologías locales: La insularidad sobre centro local-residencial se conforma por artefactos urbanísticos que presentan áreas de influencia de escala local, vinculaciones directas con arterias comerciales vecinales, inserción en un tejido residencial consolidado con baja densidad edilicia y poblacional, e integración a la dinámica socio-urbana de la zona.

Articulación sistémica: En consecuencia, conviven en la región metropolitana de Buenos Aires dos sistemas de centralidad: (a) la de los centros tradicionales y (b) la de nuevos centros. Ambos sistemas, de relativa autonomía e interacción conflictiva, se articulan en un nodo dominante: el área central de la ciudad, y ello explica el fuerte carácter monocéntrico que, desde sus orígenes, ésta aún ostenta. (Tella, 2003).

Reconstrucción identitaria de lo público

Este modelo de organización del territorio metropolitano, signado por particulares lógicas de movilidad, de aprovisionamiento, de recreación y de producción, conduce a un tipo de ciudad dispersa y fragmentada, cerrada y excluyente, y atenta contra los valores de la ciudad tradicional. Tradicionalmente, la plaza era el lugar del abasto público, del comercio de alimentos perecederos. Al mismo tiempo, constituía uno de los escasos ámbitos urbanos en los que, además de su función de abastecimiento, se desempeñaban como articuladores sociales, fortaleciendo las relaciones de vecindad.

En Buenos Aires se manifiesta un cierto paralelismo entre la ubicuidad del mercado como realidad absoluta y el modo en que sus herramientas globales, el andamiaje funcional de una economía transnacional, se implantan sobre sistemas territoriales previos. Sin promover una tabula rassa, considerando al espacio como una suerte de áreas deseables y conexiones viales eficientes, este modo de operar sobre el territorio logra descomponer y desarticular a la ciudad preexistente, y la vacía de valores y contenidos.

El cambio profundo que resulta de pasar de un sistema abierto e inclusivo, como es el tejido tradicional de la ciudad, a este nuevo esquema va acompañado por cambios de conducta del hombre urbano. Sucede que, mediante una nueva red de recintos y conectores, se rompe la interioridad de la ciudad redefiniendo la pertenencia y la figura del ciudadano. Contrasta en este escenario la función del Estado, otrora gestor del bien público y hoy identificado con el gerenciamiento inmobiliario, con la inversión transnacional, direccionando recursos fiscales a obras de mejoramiento de áreas privilegiadas en detrimento de áreas con profundas necesidades insatisfechas.

Buenos Aires muestra en estos tiempos cómo su subordinación a nuevos modelos de ciudad y de disciplinamiento social, el de la ciudad global y el de la ciudadanía de consumo, desarticula el contrato fundacional representado en su trama indiana. Tachada por yuxtaposiciones funcionales y herida por exclusiones sociales, aquella trama que hasta no hace mucho tiempo funcionaba como integradora de barrios, humores y vivencias distintas, parece no ser hoy un espacio de participación y sí resulta lleno de violencias y temores.

Hacia una integración de las ínsulas

La desarticulación por desuso del espacio público y de la calle, el encapsulamiento de funciones de recreación en contenedores de tipo semi-público y la dependencia del transporte vehicular privado cambian la vida urbana y desactivan los ritmos comunes del paseo barrial donde los vecinos marcaban una velocidad tan asociada a la medida del loteo. La pérdida de una estructura tradicional como la ciudad y la liberación en formas violentas de las fricciones generadas por la convivencia social demuelen el sentido profundo del habitar. Al hacerlo, se pierde el marco referencial que guía el comportamiento social, y regenerar los lazos de comunidad deviene en una ardua tarea.

Resulta interesante observar cómo estos artefactos se convierten en nuevas pseudo-plazas para el esparcimiento-consumo de los ciudadanos, que ostentan derecho de admisión y permanencia restringida de público por parte de sus propietarios. Tratándose de estructuras fundamentalmente centrípetas, disgregan en el exterior mediante la disolución del zócalo comercial tradicional.

Sólo a partir de la revisión de los procesos profundos y estructurales que afectan hoy a Buenos Aires, tanto en su dimensión conceptual e instituyente como en aquella construida e instituida, será posible delinear respuestas. La presencia que en distintas escalas generan nuevas centralidades en la ciudad, reconoce una yuxtaposición del sistema tradicional de ciudad con uno nuevo y dominante.

Desde esta perspectiva, las estrategias posibles parecieran ser: potencializar nodos de concentración de actividades de carácter social, económico y cultural; corregir la distribución territorial de equipamientos “de prestigio”; incorporar las dinámicas locales; favorecer trazados que permitan la permeabilidad y el contacto entre partes; definir nuevas formas de articular lo público y lo privado, lo individual y lo colectivo, y configurar un tejido conectivo, continuo y equilibrado.

Dado que este fenómeno de ruptura en las tendencias tradicionales de conformación de centralidad se encuentra atravesando una fase crucial, se torna indispensable generar nuevos mecanismos de producción, evaluar sus efectos y proponer repuestas alternativas a las lógicas de fragmentación instaladas en la ciudad.

Fuentes citadas

–Augé, Marc. (2000), Los no lugares: Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad. Barcelona: Gedisa Editorial.
–Bozzano, Horacio. (1999), Le territoire mètropolitaine. En: Les territoires de la restructuration industrielle dans la Region Metropolitaine de Buenos Aires. Universidad de París III-Sorbonne Nouvelle, Tesis Doctoral.
–Dematteis, Giuseppe. (1998), “Suburbanización y periurbanización. Ciudades anglosajonas y ciudades latinas”. En: Francisco Javier Monclús Ed.; La ciudad dispersa: Suburbanización y nuevas periferias. Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona; pp. 17-33.
–Dupuy, Guy. (1991), Les territoires de l´automobile. París: Anthropos-Economica.
–Garreau, Joel. (1992), Edge City. New York: Anchor Books.
–Hall, Peter y Hay, David. (1980), Growth Centers in the European Urban System. Londres: Heinemann.
–Soja, Edward. (1996), Six Discourses on the Postmetropolis. Imagining Cities, Routledge.
–Tella, Guillermo. (2001), La modernización tardía de una metrópolis semiperiférica. El caso de Buenos Aires y sus transformaciones socioterritoriales recientes. Madrid, España: Revista Urban Nº 6, Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio, Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Universidad Politécnica de Madrid; pp. 61-76.
–Tella, Guillermo. (2003), “La mutación de enclaves urbanísticos en Buenos Aires”. Guadalajara (México): Revista Espiral, Estudios sobre Estado y Sociedad, Volumen IX (septiembre-diciembre); Universidad de Guadalajara; Departamento de Geografía y Ordenación Territorial; pp. 211-237.

En: Tella, Guillermo. (2007), “Un crack en la ciudad: Rupturas y continuidades en la trama urbana de Buenos Aires”. Buenos Aires: Ediciones Nobuko. ISBN 978-987-584-081-2

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JUAN PABLO VIGNEAUX BRAVO dice:
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Como comentario cabe una reflexión que es válida para todos los países latinoamericanos: ¿ES EL CRECIMIENTO EN EXTENSIÓN DE BUENOS AIRES UNA REALIDAD “INEVITABLE”.?
El crecimiento urbano del Área Metropolitana de Buenos Aires ,la que en 1991 la constituían la capital federal y 19 municipios (1) , la lógica de fragmentación espacial que ha consolidado las “insularidades” de las que nos relata eruditamente Guillermo Tella , y que ya no pertenecen a un inconsciente colectivo, es decir, sin conocerlas y sin identidad e imagen urbana cada una de ellas para una mayoría de ciudadanos (K.Lynch) habitantes del gran Buenos Aires, es sin duda causa de una falta de políticas públicas o voluntad política para una planificación del Estado a mediano y largo plazo, de un olvido permanente en las últimas décadas en el discurso y programas políticos de los gobernantes sobre el vinculo entre ciudad y desarrollo socioeconómico, de una impresentable omisión legislativa de los parlamentarios de lo que es una imperiosa obligación ética del Estado como es tener una ley marco general de ordenamiento territorial para todos los ministerios, y el resultado de un crecimiento de libre mercado del suelo y Gobiernos que ceden al lobby y modifican continuamente las normativas y planos reguladores que puedan impedir la urbanización ilegales de estos emplazamientos insulares fuera de limites urbanos demandados por el sector inmobiliario, tierras que por ser rurales o agrarias son de menos valor y dejan grandes utilidades inmobiliarias, dando origen a una oferta que por existir provoca la demanda de un sector social acomodado, de ingresos altos y necesariamente poseedores de automóvil(es), y, por otro lado, sin accesibilidad a ese mercado una abrumadora mayoría de la población, entre ellos los más pobres, que sin trabajo estable y en la marginalidad de la sociedad, con esta conciencia social deformada por las autoridades administrativas de que todo suelo es urbano, recurren a las tomas de terrenos como solución a sus necesidades de vivienda, provocando asentamientos sin urbanización y servicio básicos ( entre ellos y mu importante sin transporte público), originando problemas sociales que los Gobiernos de turno, el Estado, ha debido ir solucionando mediante permanentes regularizaciones a las transgresiones y provocando, de paso, aún una mayor obsolescencia de los instrumentos de planificación metropolitana o comunales, constituyéndose en consecuencia el Estado como el principal transgresor de los instrumentos de planificación territorial, mediante estas modificaciones legales y de los planos reguladores.

La ciudad y la planificación urbana como el factor más importante de desarrollo y justicia social ha sido tema olvidado de los programas políticos, y esto se ha acentuado a contar de la década de los 80, en muchos países sudamericanos, con la adopción mundial del sistema de economía de mercado neoliberal, en que en las Constituciones Políticas de las Repúblicas soberanas se ha protegido la propiedad y el derecho privado más que el bien o derecho común, donde se ha privatizado lo que era patrimonio, función y obligación del Estado, como los servicios básicos, se ha suplantado la planificación urbana privativa del Estado por una planificación por condiciones de un sector privado que se rige por sólo o muy principalmente por el valor de mercado del suelo, declarándose el crecimiento en extensión de las urbes sobre suelos agrícolas como “ inevitable”.
El urbanismo y su estudio surge como disciplina a comienzos del siglo XX por la necesidad de comprender el fenómeno del crecimiento urbano en el comienzo de la era industrial, y, en lo posible “evitar” el crecimiento sin ley ni orden, de planificar el desarrollo uniendo disciplinas que abarcan lo espacial, lo geográfico territorial, las ciencias matemáticas, las ciencias sociales y las políticas públicas.
El caso del Gran Buenos Aires (que puede asemejarse al de Ciudad de México), amerita un actualizado análisis político y constitucional que lo justifiquen, el marco general legislativo en materias de ordenamiento territorial que lo explique ya sea por su imperfección o carencia de éste, y se hace más necesario comprenderlo para nosotros ciudadanos de países que son constitucionalmente uno, unitarios, países no Federales, por consideraciones de una demanda ciudadana hoy existente de descentralización y regionalización, de gobiernos regionales empoderados de sus instituciones que se reclama como solución a conflictos sociales y como factor de desarrollo del país, hay incluso propuestas o pensamientos de solución que hablan de Federalismo. ¿Por qué en EE.UU. no existe una ciudad capital federal con un centralismo tan impresionante de la población de un país?. La respuesta debe buscarse en las Constituciones Políticas de cada nación, de los principios establecidos en éstas que organizan el Estado y su institucionalidad y la vida cívica, en la existencia de políticas públicas, en las leyes que rigen, y en la cultura y educación de la población para ejercer sus derechos democráticos. Se estima que el 40% de la población argentina vive en el 1% del territorio.(2)
Suponiendo una latinoamérica que comparte unos muy similares valores culturales y morales (religiosos), y un urbanismo heredado de la conquista española, es bueno plantear la necesidad de un análisis critico-ético a los principales fundamentos que han dado origen a los crecimientos en extensión de las principales ciudades capitales del continente, y sus consecuencias en la inequidad social y espacial, y muy principalmente, como se ha señalado, el análisis de estos crecimientos en extensión desde las década de los 80 y el centralismo de la población total. En Buenos Aires, sabemos, ha existido un explosivo crecimiento de las “villas miserias” desde el año 2000 en adelante, y 10 villas miserias en la ciudad de Buenos Aires están en vías de urbanización desde el 2010, con una inversión a la fecha del gobierno porteño de US$73 millones de un proceso de urbanización que se estima de 8 a 10 años(3). Como ejemplo de este análisis planteado, y para el caso de la capital de Chile, Santiago, expondré en forma crítica sólo tres fundamentos que se daban el año 2001-2002 para justificar la extensión del área urbana de Santiago en 88 mil hectáreas mediante una modificación propuesta por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU) al Plan Regulador Metropolitano de Santiago, PRMS, que finalmente se aprobó mediante Resolución Nº 107/2003 del Gobierno Regional (GORE) de la Región Metropolitana, aprobada por la Contraloría General (con firma de Contralor(a) subrogante), no sin antes haber sido representada sin toma de razón por este Organismo Contralor, y teniendo una oposición de organizaciones ciudadanas.
Cobran total vigencia hoy en día, ya que el MINVU y el GORE Región Metropolitana, nuevamente han ingresado a Contraloría General de la República la Resolución Nº 50/2012, que extiende en otras 10 mil há, el suelo urbano del Gran Santiago, Resolución que recoge la visión y demandas de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), asociación gremial de grandes inmobiliarias dueñas de la tierra de la que reclaman cambio de uso, y responsables de la actividad de la construcción y su aporte al PIB de la nación (un poder económico que compromete y captura la voluntad de los Gobiernos de turno y sus expectativas de crecimiento económico y fuentes de trabajo , factores que se esgrimen necesarios para la superación de la pobreza), y tiene una gran oposición de organizaciones ciudadana, académica y del Colegio de Arquitectos de Chile, por razones de fondo y de procedimiento, y de la que aún no resuelve el Órgano Contralor.
. Por la extensión de análisis de cada uno de estos fundamentos, los dividiré en una sucesión de comentarios al artículo en comento.
. (Continua)
(1)“Sobre la Planificación Urbana Posible en los Ochenta, El caso del área metropolitana de Buenos Aires”, Nora Clichevsky, arquitecta, miembro de CEUR, Ensayo contenido en Numeros 86-87 de Revista Ciudad y Territorio, otoño- invierno 4/1990/1/1991, Madrid, España.
(2)“Comparación con un decenio de diferencia. Imágenes satelitales revelan explosivo crecimiento de villas miseria argentinas”, El fenómeno habitacional, que ha ocupado áreas de Buenos Aires y en el sur de conurbano, ha sido un polo de atracción para personas pobres y de difícil empleabilidad en el sector formal”, Por Carlos Solar Fornazzari, El Mercurio, Internacional, pág. A6, 22.mayo.2011
(3)Id- nota anterior.

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# Julio 9, 2012 a las 18:15
 
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JUAN PABLO VIGNEAUX BRAVO dice:
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Primer fundamento: “La obsolescencia del Plano Regulador Metropolitano de Santiago de 1994 (modificado en 1997) y por ende de los límites urbanos y la obsolescencia de la Ley General de Urbanismo y Construcciones de 1975, entraban la solución a la demanda social por vivienda, la inversión y el desarrollo inmobiliario privado”.
El primer Plan Regulador Metropolitano de Chile fue el de Santiago promulgado en 1960 para un horizonte de 30 años, concebido en la tesis de titulo de los arquitectos urbanistas Pastor Correa Prats y Juan Honold Dunner (Premios Nacionales de Urbanismo 2010), fijó el crecimiento urbano y los anillos de circunvalación existentes hoy. Este instrumento de planificación territorial de 1960 fue modificado por el actual PRMS, instrumento con fuerza de Ley, aprobado por Resolución N° 20, D.O. 6.10.1994, y una posterior Resolución N°39, D.O. 12.12.1997, ambas del Gobierno Regional Metropolitano (la última incorporo las comunas de Colina, Lampa y Til-Til), según definición y procedimientos establecidos en el D.F.L. 458 de 1975, Título II, Párrafo 3°), ejecutado para un crecimiento urbano con un horizonte de mediano y largo plazo, 30 años. La tarea del Estado era contar todas las comunas involucradas con Planes Reguladores Comunales en armonía y recíproco potenciamiento con este plan director intercomunal, tarea que inexcusablemente se abandona o relega, y que sin duda hubiese ordenado el crecimiento y la inversión, como lo reconocía la Cámara Chilena de la Construcción en 1998. La acusación de obsolescencia de instrumentos y leyes tan nuevas en la historia nacional daría pie a una acusación de un “gasto grosero” del Estado, a la Seremi-Minvu, por el costo y financiamiento público que han originado.
La definición de Ley en el Código Civil es “la Ley es una norma de carácter general y obligatorio que en la forma prescrita por la Constitución manda, prohíbe o permite”.
La voluntad política de los gobiernos ha transgredido siempre este precepto en materias de decretos, decretos leyes y decretos fuerza ley que rigen la planificación urbana y territorial. Lo que las autoridades administrativas no respetan y cumplen tampoco lo hacen los particulares. Se transgrede continuamente lo que el D.F.L.458 de 1975 Ley General de Urbanismo y Construcciones, el Plan Regulador Metropolitano de Santiago y su Ordenanza, y otras, como el D.L. 3516 de 1980 Subdivisión de Predios Rústicos, prohíben. El D.L. 3516/80 del Ministerio de Agricultura, que permitió la subdivisión del suelo agrícola, rústico, en parcelas de 0,5 há, prohíbe con fuertes multas las “urbanizaciones” en suelo agrícola, al igual que el artículo 55 de la LGUC.
Acusar a los medios, a los instrumentos de planificación, como el PRMS y la LGUC, de ser las causas de la proliferación de condominios de parcelas de agrado, como lo hacen muchos, incluso Marcial Echeñique en entrevista publicada en revista Capital No. 128 26/03-7/04-2004, “Eso es lo que tenemos que agradecerle al Plan Intercomunal de Santiago” (4), estimo es erróneo y contribuye a las opiniones y juicios de obsolescencia del sector empresarial .con respecto a éstos.
Otra falta del Estado, de los Gobiernos desde 1980, respecto de su responsabilidad en la proliferación de estos “condominios” (regidos muchos de ellos por Ley 19.537 Copropiedad Inmobiliaria, que no es aplicable según su artículo 1°, párrafo tercero) es el avalúo fiscal de los predios rústicos, el mismo valor desde hace 24 años en Chile, sin considerar esta “ocupación” urbana. Impuestos o Contribuciones rurales y con un valor de suelo bajísimo que no ha hecho más que favorecer el negocio privado y perjudicar al Estado con la pérdida de esos suelos de aptitud agrícola no renovables y a las arcas fiscales con millones de dólares menos de recaudación tributaria..
A estas faltas de los Gobiernos por respaldo a la política neoliberal de dar derechos a la propiedad privada y a la economía de libre mercado, hay que sumarle otra que es relevante para la consumación de las “parcelas de agrado” en una interpretación y uso ilícito del D.L. 3.516 de 1980 y, para el menoscabo y violación de los instrumentos y leyes de la Planificación Urbana y Territorial, la promulgación, también en el gobierno militar autoritario, del D.L. 3.621 de 1981, que derogó la obligación de los profesionales de inscribirse en los Colegios Profesionales, con lo que se coartó el control de la ética profesional.
Hay un abandono del Estado de sus obligaciones e imperativos éticos de promover el Bien Común, de fijar los límites a la propiedad privada y de su obligación irrenunciable de realizar la planificación del desarrollo urbano, función privativa del Estado, según lo establece el Artículo 1° el Artículo 19 N°24 y el Artículo 19 N°21 de la Constitución Política de Chile, respectivamente.
“Toda promoción lleva implícito el concepto dinámico de acción, para lo cual el Estado necesita de voluntad y de medios. En la promoción del desarrollo urbano, la voluntad del Estado es de carácter político, los medios son la ley y los instrumentos de planificación urbana.
. El Bien Común en el desarrollo urbano es el grado positivo posible, en cada caso, en que los asentamientos humanos se aproximan al mejor uso del suelo y a la mejor habitabilidad de los espacios. La iniciativa privada debe sujetarse a la planificación que el Estado establezca, y, dentro de este marco se evaluarán las tendencias del mercado a la luz del Bien Común y de un horizonte de mediano y largo plazo, sin perjuicio de tener presente, además, parámetros de corto plazo cuando ello proceda”(5).

“ El urbanizar los escasos y mejores suelos agrícolas de riego y de potencial productivo del país, clase I ,II, o III, es una aberración”, según lo señala en informe ORD : N°692 del 17 de Agosto de 2001 del Ministro de Agricultura, don Jaime Campos Quiroga, al Presidente de la Comisión de Recursos Naturales, Bienes Nacionales y Medio Ambiente de la cámara de Diputados. (Continua)

El crecimiento inorgánico de Santiago producto de las impunes, reiteradas y permanentes violaciones a los medios, a los instrumentos de planificación, principalmente por la falta de voluntad política en hacerlos cumplir y no porque sean superados por el crecimiento espontáneo y leyes de mercado, han logrado un reblandecimiento en la creencia de la eficacia o validez de dichos medios e instrumentos, a tal punto, que algunos arquitectos urbanistas, académicos en Planificación Urbana, aparecen apoyando públicamente estas ZODUC, porque “son mejores que la reiterada violación del límite urbano en las últimas décadas”, en un artículo que no tuvo polémica ni desmentidos titulado: “Zoduc: Académicos aprueban que Santiago crezca”(6) .
Entendemos entonces que las aprueban no porque sean buena política, sino por “ser mejores que una reiterada violación”, lo cual, ser mejores, tampoco según hemos visto tiene certeza por sus efectos en el medioambiente y la sustentabilidad, y tampoco es verdad comprobada.
Es pertinente citar una opinión de Ricardo French-Davis con relación al crecimiento en equidad prometido por la Concertación a los chilenos, por parecerme también aplicable al cambio de políticas urbanas, a las transgresiones a las leyes y decretos leyes y la declaración de obsolescencia del marco legal: territorial hoy existente: “. … Hay que ser consecuente. Prometer y no cumplir es antiético en una democracia. Le hacemos …(continua)

(4)Marcial Echenique, doctor en urbanismo, egresado de la Universidad Católica y titulado en la Universidad de Barcelona, que el 2001 recibió el Premio Nacional de Urbanismo de Inglaterra por su Plan Maestro de Expansión de Cambridge, la ciudad donde vive hace 30 años desempeñándose como catedrático de la Universidad de Cambridge, para decir lo que dice . Echenique es director del programa master en ³Innovación en las Ciudades² impartido por dicha institución en conjunto con el MIT
(5)Extractos del D N°31 del 25.04.1985, hoy derogado por D.S. N°259 del 13.11.2000.
(6)El Mercurio, 15.11.03, artículo “Zoduc: Académicos aprueban que Santiago crezca”,

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# Julio 9, 2012 a las 18:55
 
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JUAN PABLO VIGNEAUX BRAVO dice:
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mucho daño a América Latina con gobiernos que prometen una cosa y después hacen o los obligan a hacer otra”(7) .
También pertinente es citar parte de un artículo de opinión de don Manuel Cruzat Infante, El Mercurio 11.02.2001 titulado “Reprobados”, usando un símil estudiantil de evaluación a un examen mundial de políticas públicas formuladas por las élites. Cito: “¿Por qué Chile no es un país desarrollado como Estados Unidos, Canadá, Australia, Japón, Holanda, Singapur y varios otros que podrían ser agregados a esta lista?
¿Cómo se puede explicar que después de 200 años de vida independiente nuestro producto per cápita sea sólo de entre un 13% o 20% del de los Estados Unidos, dependiendo de si la comparación es a tasas de mercado o según la paridad del poder de compra, esta última seguramente más relevante?.
…Un análisis desapasionado debe concluir que la diferencia fundamental entre países se debe a la calidad de las respectivas políticas a través del tiempo. Estas políticas, si son buenas, van creando una institucionalidad que promueve- o retrasa si son malas- el desarrollo económico y social. Ahora bien, el que un país como Estados Unidos tome consistentemente buenas decisiones y un país como Chile tome casi con la misma consistencia regulares o malas decisiones no puede ser producto del azar y si debe tener alguna explicación coherente con el proceso de toma de decisiones a nivel social. Es aquí donde la responsabilidad por esta falla histórica debe ser asignada a los grupos dirigentes o élites de todo tipo -políticas, empresariales, laborales, culturales, militares, sociales, etcétera- que son quienes, por definición, tienen el poder para las decisiones relevantes de la sociedad. La causa fundamental de esta falla de la élite dirigente es probable que haya sido simplemente la falta de conocimiento- por cierto no mala fe- a la que cabe agregar una cuota de defensa- muchas veces inconsciente- de intereses creados
…Esto debe ser corregido con urgencia y la razón es muy simple: los pobres no pueden esperar. Este es un imperativo moral ineludible sobre el cual hablamos mucho y hacemos menos de lo debido
La historia de gran parte del siglo XX en nuestra patria habría sido muy distinta si los gobiernos de todo signo político hubiesen implementado políticas eficientes (yo agregaría también permanentes y consensuadas con la ciudadanía). Su falla es la responsable de la mayor parte de los trágicos desencuentros que hemos sufrido. Pero si no queremos que en 100 años más nuestros tataranietos se hagan la misma pregunta con que parte este artículo, debemos actuar prontamente y con gran decisión. Los pobres y un verdadero patriotismo lo demandan.”, (Continua)

Segundo fundamento.”.El crecimiento económico va acompañado inevitablemente de una expansión urbana explosiva y enorme y, por lo tanto, inevitable. Este fenómeno es universal”.

Este argumento es una manifestación más de la política económica neoliberal imperante en Chile y en el mundo occidental y cada vez más globalizada. Es un “deslizamiento” hacia la visión de que hay sólo una forma de crecimiento urbano. Al respecto es pertinente para nosotros traer a colación una respuesta de Ricardo French-Davis interrogado sobre qué opinaba de la elección de Vitorio Corbo como presidente del Banco Central de Chile en reemplazo de C. Massad “Lo veo como una cierta continuidad del 2001, y un deslizamiento hacia la visión de que sólo hay una forma de hacer economía. No es bueno que no haya debate. Eso me parece pésimo para el desarrollo económico y social del país y para el fortalecimiento de la democracia.
Cuando uno escoge un camino único, que no da ni crecimiento ni equidad en Chile ni en otros lados, es muy grave que a la gente se le diga que no hay alternativa.
Es evidente que hay opciones para hacer las cosas, sobre todo cuando la manera como ellas se están haciendo en el mundo neoliberal está mal.”
Volviendo a la filosofía sobre la moral, a la ética, citaré una respuesta de Adela Cortina(8) sobre el rol de la filosofía y que tiene relación con este fundamento y la postura oficial: “La filosofía tiene desde siempre por tarea dar razón, fundamentar quiere decir dar razón. Y es importante dar razón porque eso agudiza el sentido crítico. Me parece que lo que le sucede a nuestras sociedades es que no tenemos ningún sentido crítico, sino que todos somos conformistas y pensamos bastante poco en general. Lo que yo llamo un dogmatismo social o un fundamentalismo social. Cuando la gente dice “pues siempre ha sido así y no tiene por qué ser ahora de otra manera”, ¡pero bueno! Si eso nos lo tomamos en serio no hay manera de cambiar ni de mejorar nada. Está el fundamentalismo de los hechos, está el fundamentalismo conformista, de quienes no pensamos en nada sino que vivimos pues como viven todos. Yo creo que es como esa famosa expresión de “donde va Vicente donde va la gente”, detrás de todo el mundo haciendo lo de todo el mundo y sin desarrollar una capacidad crítica de pensar a dónde estamos yendo y a dónde quiero ir yo Creo que la filosofía tiene que agudizar la capacidad crítica y fomentar la autonomía pero solidariamente”.
Podemos afirmar, en consecuencia con el pensamiento filosófico, que no hay bien o bien aparente que dependa de la voluntad del hombre que sea “inevitable”.
Entonces no podemos tomarnos en serio esta condición de “inevitabilidad” del crecimiento urbano. Además, se contradice con el éxito de la regionalización anhelada por una inmensa mayoría de chilenos, real solución para este evitable crecimiento de Santiago. La concentración del PIB (52%) y de habitantes nacionales en la RM (43%) es impresentable a nivel mundial. Tenemos el record iberoamericano y mundial de centralismo. Otro record Santiaguino, en el 2000, compartido con Ciudad de México, era el de la contaminación ambiental… Las cifras comparativas del centralismo nacional a nivel iberoamericano y mundial fueron expuestas en artículo “Crecimiento de la Ciudad” publicado en El Mercurio el 29.12.2000 de Enrique Siefer Eiler (+)(9) , cito de éste.”…En cambio, el gran Londres cobija cómodamente al 12% de la población británica, y el Gran Paría el 15% de los franceses. Y no hay megápolis en Europa fuera de Moscú, con un modesto 5,7 de la población rusa. Un vistazo a EE.UU. permite comprobar que son sólo tres las megápolis, siendo la más grande Nueva York, con el 2,7 de la población nacional….que no ha variado su población desde hace 50 años (en el mismo período que Santiago a crecido casi 400%) ¿Y por qué no ha crecido la “capital del mundo”?. La respuesta es: ¡porque los estadounidenses no la han permitido!”. Otro artículo de opinión, de Ramón Delpiano(10) , “Alimentando al Monstruo”, El Mercurio ,16.01.2001, nos predecía que este impulso de crecimiento no admite consecuencias, al igual que la fábula del alacrán sobre la rana. Cito dos párrafos: ” Los santiaguinos parecen no reparar en que hoy las grandes urbes sólo existen como asilos de miseria, según lo acreditan: Calcuta, Bombay, Seúl, Karachi, Shangai, Río de Janeiro, Ciudad de México, Manila, Bogotá, y hasta hoy nuestra propia capital.”…
“Nueva York es el tres por ciento de la población de Estados Unidos, Santiago es el 42 por ciento de Chile. A Nueva York la sustenta una economía 100 veces mayor que la chilena, y…(continua)

(7)Ricardo French-Davis, DC, Ingeniero Comercial, doctorado en economía en Chicago /Asesor regional principal en la CEPAL.
(8)Adela Cortina, española, filosofa, directora de la Fundación ETNOR.
(9)Enrique Siefer Eiler (+), arquitecto, Vicepresidente para Iberoamérica de la Asociación de ex Becarios y Graduados Ibero-americanos, asociación que agrupa a 3 mil profesionales chilenos y 30 mil iberoamericanos.
(10)Ramón Delpiano Del Canto, arquitecto, ex Director del Colegio de Arquitectos, fundador y Presidente de Fundación Cerro Colorado

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# Julio 9, 2012 a las 19:14
 
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JUAN PABLO VIGNEAUX BRAVO dice:
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pese a ello Nueva York flota apenas y los pagos por los servicios públicos se incrementan hasta en 10 veces la inflación norteamericana entre 1990 y 1995.”

Es lamentable que éstas y otras informaciones y estudios de profesionales e investigadores no sean consideradas por el Gobierno – representado en este caso por los miembros designados de un Comité Ejecutivo de la Reforma Urbana- al momento de tomar decisiones sobre políticas territoriales y, sobre la expansión urbana de Santiago.
Las buenas intenciones del Gobierno de darnos “una adecuada legislación para unir el impulso creativo de la empresa privada con el bien común que la autoridad esta obligada a proteger, lográndose un desarrollo urbano sano, ordenado y eficiente” tiene signos de verdad aparente, de bien común aparente.

Tercer fundamento: “Los límites urbanos son los culpables del alza de costo de los terrenos urbanos, se deben eliminar para bajar su valor, beneficiando el mercado inmobiliario y dar respuesta a la vivienda social”.

” En un 22,5 % aumentó el valor del metro cuadrado de terreno en el Gran Santiago respecto del primer trimestre del 2003 (promedio de las 34 comunas)…”, es lo que nos informa la prensa recientemente en artículo “Aumenta valor del suelo en el Gran Santiago, El Mercurio, 28.05.04, cuerpo B, pg. B12.

La ampliación de los límites urbanos producto de la Política Nacional de Desarrollo Urbano de 1979, D. S. Minvu N°420, durante el régimen militar, determinó que el suelo urbano de 45 mil há. de Santiago en 1978 subiera a 105 mil há. (Lo que modificó el PRMS/94 dejándolas en 60 mil há.). ¿Qué ocurrió? Los valores del suelo urbano subieron. Cito un extracto de un ensayo de Pablo Trivelli Oyarzun (11) de 1991, Autoritarismo Político y Liberalismo Urbano, el caso de Santiago de Chile durante el régimen militar: “Con estas medidas se pretendió dar cauce a un desarrollo natural de las ciudades, siendo la referencia de lo natural los dictámenes del mercado. Se esperaba, además, que un aumento de la oferta (potencial del suelo legalmente definido como urbano) provocaría una disminución de los precios de la tierra, lo que a su vez posibilitaría una solución automática del déficit habitacional que se venía acumulando debido a la negligencia del gobierno en esta materia. En un contexto de bonanza económica, crédito barato y un tratamiento tributario excepcionalmente favorable, los precios de los terrenos no solamente no bajaron, sino que, por el contrario, se produjo una violenta alza en los valores de suelo y una acción especulativa de grandes proporciones”.

“Santiaguinos Desmemoriados” tituló su premonitorio y notable artículo de opinión Ramón Delpiano, en ese entonces Director del Colegio de Arquitectos, publicado en El Mercurio el 21.01.2000. Cito un párrafo: “. Las CROT (Comisiones de Ordenamiento Territorial) han terminado influidas por la plusvalía de negocios de envergadura – formidable “cocaína territorial”- que se harán más rentables mientras más los consienta la autoridad. Muchos tememos que el próximo gobierno topará con nuevas presiones, que alegando, por ejemplo, menos costos para los sin casa o activar la construcción deprimida, continuarán hipotecando la salud de las generaciones venideras”.
En su artículo R. Delpiano argumentaba con cifras la falsedad de la tesis de la baja de valor del suelo urbano incorporando suelo rural al desarrollo urbano.

Han existido más argumentos de presión como es el de la igualdad de derechos de la propiedad ¿Por qué Colina, Lampa y Til-Til y no Calera de Tango, Lonquén, Pirque, etc?

Entonces, según las experiencias ya vividas, los resultados ya evaluados de esta tesis podemos concluir que: Prometer lo que no se puede cumplir es antiético, además de desmemoriado.
(…)

Parafraseando lo que Manuel Cruzat I. nos decía el 2001: si no queremos que en 100 años más nuestros tataranietos se hagan la misma pregunta con que parte este artículo, debemos actuar prontamente y con gran decisión. Los países latinoamericanos deben avanzar en poseer una ley marco regulador general del territorio nacional, poseer una Política Nacional de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Sustentable y Sostenible, que en materias de planificación sectoriales, como es la planificación urbana, sea sistémica con las políticas nacionales de otros ministerios o áreas del desarrollo, es una materia urgente y un imperativo ético de Estado, los Gobiernos de turno deben priorizar la urgente necesidad de este proyecto para sea debatido con urgencia en los parlamentos, y así lo han hecho naciones que hoy gozan internamente de mayor equidad, justicia social y prestigio por sus democracias, cómo por ejemplo la República Oriental del Uruguay que promulgó La Ley Nº18.308 , D.O. 30.JUNIO.2008, “De Ordenamiento Territorial y Desarrollo Sostenible“. Esto, aún sin el estudio de los resultados y consecuencias de esta Ley, no cabe duda que tiene un efecto en lo que refleja hoy la percepción de sus países y gobiernos que tienen sus respectivos ciudadanos en una cuarta versión de la encuesta Barómetro de las Américas, que compara a 25 naciones(12) . Uruguay, sin duda, es un ejemplo a seguir. Así creemos lo han entendido en Argentina Habitar Argentina y COFEPLAN, que hoy la reclaman(13) .

La comprensión de una planificación que contemple la globalización de las relaciones comerciales y culturales y el impacto de éstas, la geografía y los recursos naturales locales, el medio ambiente y la ecología en un orden territorial más amplio en que se insertan los asentamientos humanos, las ciudades, y el legislar sobre todo esto con la inclusión del concepto de sustentabilidad, por tanto la protección de los recursos y el medio ambiente, replanteando con seguridad definiciones y reformas necesarias en la institucionalidad de administración política que se ameriten para fortalecer la democracia y participación ciudadana y la descentralización territorial, el contemplar la planificación de un desarrollo socio económico sostenible a largo plazo bajo los parámetros de sustentabilidad, necesariamente modifica el diagnóstico fragmentado con que se ha hecho hasta hoy la planificación urbana, la consideración de distintos temas sectoriales en el estudio y diagnóstico de la ciudad edificada, tratada fragmentariamente, y donde no ha existido, incluso, coherencia entre las propuestas planteadas para cada uno de los temas.

JUAN PABLO VIGNEAUX BRAVO /Arquitecto P.U.C. de Ch. 1983 / I.C.A. 4563

(11)Pablo Trivelli O., Ingeniero Comercial, Ph.D. in Economics, Universidad de Cornell, USA., Profesor del Instituto de Estudios Urbanos- Pontificia Universidad Católica de Chile.
(12)“Cuarta versión de la encuesta barómetro de las Américas, que compara a 25 naciones. Chilenos valoran su economía, municipios y eficacia del gobierno (…)”, por Bernardita Álvarez y Felipe Indo, El Mercurio, Política, pág. C6, 7. JULIO.2012.
(13)Artículo “Pro-cre-ando ciudades”, Por Laila Robledo, Urbanista. Coordinadora Plan de Manejo de las Islas del Delta Tigre en Fundación Metropolitana. Buenos Aires. Argentina, Plataforma Urbana 6 de Julio de 2012

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