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COLUMNA
 
18
jun
2012

Perfume a Basura: La gestión de los residuos

Los residuos sólidos urbanos son aquellos elementos, objetos o sustancias generados y desechados de actividades urbanas. En su proceso de gestión intervienen complejos componentes: la participación de múltiples actores con intereses diversos, la capacidad técnico-política para encarar procesos integrales y sustentables, la voluntad de la sociedad de acompañar y apoyar tales iniciativas. Desde esta perspectiva, se intentan aquí dilucidar cuáles son los conflictos que emergen en su generación, tratamiento y disposición; y cuáles son las estrategias posibles de gestión para minimizar impactos, racionalizar costos y sistematizar procesos.

En términos de cantidad y de composición, la generación de residuos sólidos urbanos sigue ciertos patrones estandarizados. En Argentina, del promedio de 0,91 kg/habitante por día de residuos sólidos urbanos generados, aproximadamente el 50% lo constituyen residuos orgánicos, el 17% papel y cartón, 14% plásticos, 5% vidrios, 2% metales y 12% otros.

En un escenario donde ni la ciudadanía ni la administración de gobierno llevan adelante acciones tendientes a la minimización, recuperación, tratamiento y disposición final adecuada, el total generado es vertido en basurales a cielo abierto. En otro escenario, en el cual se realiza una adecuada disposición en vertederos controlados, lo generado es enterrado en rellenos sanitarios. Si los residuos se tratan, lo que se entierra es el remanente de esos tratamientos, sustancialmente menor en peso y volumen que lo generado.

Si se realizan procesos de separación y/o recolección diferenciada, y recuperación de residuos orgánicos e inorgánicos no patogénicos, una parte de los residuos no generados vuelve al mercado a través de su comercialización, y otra continúa la ruta al relleno, planteando otro escenario. Si finalmente los hábitos y conductas permiten minimizar lo generado, encontramos el mejor escenario posible en el cual los residuos se reducen desde origen, se separan, se recuperan, se tratan y se disponen adecuadamente.

No obstante, los escenarios no son claramente definibles: se produce una combinación de situaciones definidas por la participación de múltiples actores con distintos intereses, donde las percepciones marcan un sentido de conducta y de significación del problema (rechazo, indiferencia, intolerancia, indignación), una capacidad técnico-política de los gobiernos de encarar procesos de gestión integral y sustentable de residuos, y una voluntad de la sociedad de acompañar y apoyar esos procesos.

Con esta mirada abordaremos la cuestión de los residuos sólidos urbanos: los conflictos que se presentan en su generación, tratamiento y disposición, y las estrategias posibles para su gestión integral y sustentable, como modo de contribuir a mejorar la calidad de vida de su población en las ciudades.

El plan de gestión integral de residuos

Diagnosticar, analizar, diseñar acciones, priorizarlas y definir estrategias son la base de toda tarea de planificación. En el marco de los lineamientos planteados por la ENGIRSU, el Plan Integral de Gestión de RSU se presenta como el instrumento más idóneo para planificar una gestión sustentable de los residuos sólidos en el territorio local.

Según los objetivos planteados por la ley de gestión integral de los residuos sólidos domiciliarios, existe en poder de los gobiernos locales y provinciales la facultad de aplicar políticas e instrumentos tendientes a gestionar integralmente los residuos sólidos urbanos, entendiendo por “gestión integral” a la aplicación de técnicas, tecnologías y programas convenientes para lograr objetivos específicos de manera ambientalmente correcta.

Estas acciones pueden englobarse en aquellas dirigidas a valorizar los residuos, minimizar su generación y, finalmente, aquellas formuladas para reducir los impactos generados sobre el ambiente. Dentro de estas categorías, encontramos aspectos técnicos, legales, territoriales, sociales y económicos.

El primer paso es conocer la situación existente: cuál es la línea de base para plantear cómo llegar. Es lo que suele denominarse “Mapa de los RSU”, y al respecto asegura que la generación de información es un aspecto crucial para poder planificar cursos de acción, ya que no se puede iniciar un proceso de regionalización ni se puede establecer un sistema de disposición final adecuado si no se conocen los volúmenes de generación de cada uno de los municipios, no se podrán erradicar los basurales sin determinar su localización ni dimensionar la envergadura de su impacto.

La propuesta de desarrollo de una gestión integral por fases -consolidando cada una de ellas e implicando a los distintos sectores de la sociedad, con objetivos a corto y medio plazo- es también una garantía para la efectividad y eficacia de las políticas, ya que la sola existencia de técnicas y tecnologías no es la garantía de éxito en el abordaje de un problema con un fuerte componente social.

En ese marco, se debe tener en cuenta que la articulación de los distintos actores con intereses es fundamental en la implementación de un plan o proyecto. Esto requiere de una conducción política y estratégica principalmente municipal, como “dueño natural” del problema y mediador de los intereses (prejuicios y beneficios) dentro de la ciudad o jurisdicción municipal.

Mediante la implementación de una adecuada GIRSU, se propone la separación domiciliaria y la recolección diferenciada y, al mismo tiempo, se destaca el fuerte vínculo que debe existir entre la minimización en la generación y la maximización de su aprovechamiento y valorización, de manera tal de lograr una disminución tanto de las cantidades generadas como de aquellas a disponer: se trata de un concepto asociado a la prevención cuantitativa, que se logra a través de la aplicación de las famosas “3R’s”, Reducir, Reusar y Reciclar.

Asimismo, en la GIRSU es vital lograr determinar el verdadero costo del servicio, que incluya la disposición final, dado que generalmente los municipios sólo consideran como costo de su gestión actual a la recolección y al barrido, sin internalizar los mencionados costos en salud e impacto al medio que representa la disposición en basurales a cielo abierto.

En el corto plazo, una estrategia que se puede implementar es lanzar programas integrales de comunicación, difusión y concientización, fundamental para difundir y generar conciencia sobre la temática, para que los distintos actores y grupos de interés conozcan los beneficios derivados de la implementación de una GIRSU adecuada y sustentable.

Estrategias comunes para una gestión integral

A fin de acometer los objetivos planteados, existen estrategias comunes para optimizar los resultados de todo plan de gestión. Dichas estrategias se pueden clasificar como: de asociatividad entre organismos de gobierno, de articulación entre actores relevantes, y de participación de la ciudadanía en procesos de toma de decisiones. Resulta de importancia propiciar la regionalización de municipios en aquellos casos que exista voluntad asociativa y donde se presenten las condiciones técnicas adecuadas.

Consiste en la conformación de regiones intermunicipales para actuar mancomunadamente en lo que se refiere a la gestión de los residuos, pudiendo de este modo generar economías de escala y con ello reducir costos (por ejemplo, distribuir entre varios municipios las inversiones iniciales para instalar un centro de disposición final), o posicionar en el mercado productos valorizados. Otra ventaja es que a través de instalaciones comunes multimunicipales se pueden reducir los impactos ambientales y complementar capacidades técnicas de los distintos municipios.

Según las incumbencias que se dictaminen en sus cartas orgánicas, también pueden contar con la posibilidad de asociarse con otros niveles de gobierno o de celebrar convenios con los mismos propósitos. Estas capacidades asociativas se encuentran además promovidas por la Ley de Gestión Integral de Residuos Sólidos Domiciliarios.

Los gobiernos locales, como principales responsables de la gestión de los residuos y siendo la escala de gobierno de mayor contacto con el territorio y la población, son los “dueños naturales” del problema; con lo cual, para garantizar su resolución deben desarrollar la capacidad de instrumentar políticas que tiendan a solucionar los conflictos que se presentan en los distintos aspectos de esta sensible cuestión que afecta a la población.

Con lo cual, es imperioso implementar estrategias en cada etapa de la ruta de los residuos. Tales estrategias están referidas a la reducción, a la valorización y a la minimización de los impactos sobre el ambiente. Y pueden instrumentarse mediante el incentivo a la reducción en origen, la recuperación, la eficiente recolección y al transporte, hasta el control sobre las empresas prestatarias de los servicios y operadoras de los centros de disposición. De este modo, se logran minimizar impactos, racionalizar costos, sistematizar procesos.

(*) Versión adaptada del trabajo publicado  “La gestión de los residuos urbanos”. En: Buenos Aires, Revista Mercado y Empresas Nro. 58, marzo 2010.

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