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07
jun
2012

¿Es posible planificar por condiciones en Chile?

Por: Ricardo Abuauad
Director Escuela de Arquitectura UDP

Una buena parte de la discusión sobre nuestras ciudades apunta a modificar la planificación tradicional para reemplazarla por una “por condiciones”. Según la Cámara Chilena de la Construcción (Fundamenta N° 42, Bases para una política nacional de desarrollo urbano), esto supone que “el territorio se entiende posible de ser desarrollado, siempre y cuando se cumpla con una serie de condiciones o exigencias, orientadas a que los desarrollos internalicen sus externalidades, medidas caso a caso en forma objetiva y transparente”. Sin embargo, esto abre al menos dos preguntas de difícil respuesta en el Chile de hoy.

La primera, y más evidente: una planificación por condiciones supone una fiscalización importante de los organismos públicos. En otro texto de la CCHC (minuta CTR Nº 10/ 2011, Exigencias de la planificación por condiciones en el PRMS) se afirma que esta nueva forma de planificación permitiría agregar a la ciudad suelo que pudiese ser urbanizado (con condiciones), sin que fuera obligatorio que se discutiera a nivel político. Se subentiende, entonces, que la responsabilidad recaería en las instancias técnicas encargadas de verificar el cumplimiento de las exigencias. ¿Las recientes experiencias como Costanera Center o el mall de Castro no son razones suficientes para dudar de esa capacidad de control? ¿No nos obligan a evitar situaciones límites en las que un organismo público deba fiscalizar cuestiones que estén, en la práctica, más allá de su alcance? ¿No nos advierten sobre los riesgos de esperar que en adelante ocurra correctamente lo que hasta ahora sólo evidencia errores?

La otra pregunta es más de fondo. La planificación por condiciones supone que el resultado de una ciudad será una suma agregativa de decisiones individuales que han pagado los costos de realizar lo que hicieron. Un total que será, en el mejor de los casos, la suma de partes que se han hecho cargo de los efectos negativos que provocaron. Sin embargo, las ciudades que admiramos son mucho más que eso; suelen ser la consecuencia de una visión colectiva, de largo plazo, que no solamente mitigue daños, sino que se anticipe a los cambios, los organice y los convierta en oportunidades. Una buena ciudad traza un horizonte de desarrollo, y luego dispone las herramientas y prevé los recursos para que se materialice. A esto se le llama planificar. Supongamos por un momento que las metas para la capital sean la disminución de los tiempos de viaje, la reconversión de lugares centrales, la utilización eficiente de recursos. Resulta imposible que ello se produzca en base a decisiones atomizadas. Por supuesto, es indispensable poner condiciones: lo que ocurre en Sanhattan es una prueba más que clara. Pero no basta. Antes de eso es necesario que se trace el plan, ese que indica hacia dónde y cómo debe evolucionar la ciudad. Y ése, claramente, no es un plan por condiciones: es un plan, a secas.

Columna publicada originalmente en La Segunda, Ideas, 6 de Junio de 2012.

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  • Ignacio Voullième

    Lamentablemente en Chile, los poseedores del capital económico están acostumbrados a invertir muy poco y retirar grandes utilidades, es la ambición por retornos elevados lo que impide pensar en sustentabilidad, en planificación, en mitigación y en hacerse cargo del equipamiento que requerirán los nuevos proyectos.
    Si solo fueran un poco más responsables nuestras ciudades serían más habitables, si el negocio será siendo más que rentable.Por otro lado la cámara chilena de la construcción, es solo eso: construcción, lo que pase entorno a una construcción parece darle lo mismo, o al menos eso es lo que demuestra.

  • Marcelo Cooper

    El mérito de la discusión está en la necesidad de disponer de una hoja de ruta, una idea o concepto factible para el desarrollo y evolución de nuestras ciudades. Sin conocer el destino, difícilmente cualquier camino puede ser conducente. Muy de acuerdo en que eso implica asumir con propiedad la PLANIFICACIÓN, con los efectos consecuentes en la institucionalidad y los instrumentos pertinentes.
    No obstante, ello no implica que la planificación por condiciones no pudiera ser una herramienta más adecuada que el tradicional zoning, precisamente porque integra un marco normativo con su implementación articulada. Sin duda que ello requiere de fiscalización, pero invalidar a priori la pertinencia de un instrumento por las exigencias de su implementación no parece a esta altura oportuno. Se equivoca, así, el diagnóstico respecto del Costanera Center (a diferencia del Mall de Castro), responsabilizando a un único desarrollador, cuando no es más que la guinda (desproporcionada, quizás) de una torta que se viene hace un par de décadas cocinando.
    Por otra parte, asumir que el desarrollo condicionado producirá “la suma de partes que se han hecho cargo de los efectos negativos que provocaron”, no puede sino apuntar en un sentido correcto, en especial si esos efectos han sido dimensionados preliminar y articuladamente para zonas urbanas comprehensivas.
    Hacerse cargo, entonces, es la cuestión, tal como ha sido demostrado a la fecha en las zonas condicionadas actualmente en desarrollo, en donde es posible constatar estándares urbanos altos, aunque aun no extensivos a todos los segmentos de población.
    Cuando las reglas están claras, el inmobiliario está dispuesto a asumir el costo; determinar estas reglas es una responsabilidad de todos quienes participamos de la regulación, gestión, fiscalización, desarrollo, y, desde luego, usuarios del ámbito urbano.

  • Juan Pablo Vigneaux Bravo

    La “Planificación por ( o con) Condiciones “ respecto a la planificación urbana que se quiere establecer en Chile tiene su fundamento y nace llamándose “Planificación por Objetivos” a comienzos de la década pasada. Sobre esta planificación, sobre su fundamentación, copio una carta opinión enviada a El Mercurio el 4 de abrilo de 2003 que no fue publicada, y que creo pertinente a este artículo de Ricardo Abuauad:
    PLANIFICACIÓN URBANA SIN OBJETIVOS
    La planificación territorial es un imperativo del Estado, es así o debiera serlo según se desprende de nuestra Constitución Política de la República. Sin embargo, hoy es un asunto que se esta traspasando al mundo de la inversión privada. En reiteradas cartas publicadas en su prestigioso diario han aparecido comentarios elogiosos al rompimiento de los límites urbanos establecidos por el Plan Regulador Metropolitano de Santiago, a la fecha aún vigente, por parte del MINVU, inclusive de nuestro actual ministro, que desconocen, distorsionan y descalifican gravemente lo avanzado en lo que se refiere al saber y ciencia sobre planificación territorial o física de los últimos 50 años. Parece necesario y pertinente se publique también posturas al respecto opuestas y reivindicatorias de esta ciencia o disciplina. Me referiré para esto a la carta opinión de Cristian Fernández Cox, del 22.03.03, titulada “Planificación urbana por objetivos”, que por ser él arquitecto y firmar como tal y premio nacional me es imposible eludir su comentario.
    Se nos dice en dicho artículo que hay un consenso de que Santiago debe crecer. Estimo, y muchos, que mayor es el consenso de que Chile debe crecer, todas sus regiones, y para esto debe existir una Política Nacional de Desarrollo Territorial ( existía una Política Nacional de Desarrollo Urbano y se derogó), un Nuevo Mapa Regional (véase El Mercurio 16.06.2001) que no se ha definido, y un debate abierto sobre las Reformas Administrativas y Legales, que se están haciendo sin la debida transparencia y participación pública y solo con la participación de “algunos privados”. Los límites urbanos son un instrumento importante de la planificación urbana y de la protección del territorio natural que circunda una ciudad, entre ellos y muy importantes los de inmejorable condición agrícola, según lo clasifica el ministerio de agricultura y organismos internacionales. La determinación de límites no es arbitraria ni es patrimonio de un funcionario administrativo con un plumón para demarcarla, no existe la “planificación por plumón” como se señala en el artículo en comento. Los límites son el resultado de muchas variables y consensos multidisciplinarios que convergen en un instrumento, un plano, de planificación física que promueve un desarrollo integral y sustentable. Se sabe al definirlos sus causas y fundamentos. Es la inversión privada, por una legítima aspiración a mayores utilidades y rentabilidades personales, y el mismo gobierno, los que no los respetan o desconocen un tiempo después, materializándose un enorme daño al bien común y al Estado en beneficio de metas económicas y/o sociales de corto plazo, sin planificación global, sin objetivos regional y de país. Además, no se respetan porque la sanción por transgredir la ley y los instrumentos de planificación territorial es mínima en comparación a las utilidades que se generan. Las más de las veces no hay sanción.
    .La planificación física del territorio, y en él de las ciudades, es una respuesta integral al problema del subdesarrollo, es un instrumento fundamental para armonizar el urgente crecimiento económico con los procesos de socialización, se le asigna un rol fundamental como instrumento cautelador de la dimensión espacio-territorial en que se alojan estos procesos, según ya se establecía por la CEPAL en la década del 50. A partir de entonces se ha avanzado en el acervo teórico y metodológico de esta disciplina, que ha permitido sistematizar el trabajo de profesionales de diversas formaciones, y ha posibilitado a las ciencias exactas conquistar el vastísimo campo de las ciencias sociales. No es Peter Drucker y su libro “The Practice of Management”(1954) y su concepto de “administración por objetivos”, el referente teórico de la planificación territorial urbana-rural, como se nos quiere hoy imponer según se desprende del artículo en comento. En los primeros años de la década del 50 fue el francés Francois Perroux,”Léconomie du XXiéme siécle”. París, 1954, quién formuló el concepto y la teoría de los “Polos de Desarrollo” (Perroux se basó a su vez en J. Shumpeter, “La Teoría del Desarrollo Económico”, Ed. Universidad de Harvard de 1949/ 1ª Ed. en alemán en 1952, sobre la función de las innovaciones y de la gran unidad productiva.). Tal noción, la de Polos de Desarrollo, se elaboró inicialmente sólo como un instrumento para describir y explicar la estructura del desarrollo económico en un espacio abstracto. Fue otro francés, J.R. Boudeville con su libro “Los espacios económicos”. París,1961, quién pasó del espacio económico abstracto de Perroux a un contexto geográfico regional, al vincular la teoría de los Polos de Desarrollo con las formulaciones de Chistaller y Lösch que se divulgaron con el nombre de “Teorías del Lugar Central”, que formalizaron las primeras teorías globales de localización. En la actualidad, en el mundo y en Chile, al menos con anterioridad a estos últimos gobiernos, se considera como una teoría general del desarrollo en un contexto que es simultáneamente sectorial, temporal y espacial. Este marco teórico general debe interpretarse en función de la realidad regional específica, labor que en Chile derivó en la formulación del modelo de Estructura Intermedia Urbano Rural que permitía acercarse con rigor y realismo a la interpretación de nuestros espacios regionales y, por ello, a la formulación de propuestas de desarrollo y planificación física..(Ver “Desarrollo Rural Integral. Estructura Intermedia urbano-rural. Conceptualización” ODEPA. Min. de Agricultura,1977.).
    La “modernización del desarrollo urbano” propuesto hoy por las autoridades y algunos privados, invitados y/o relacionados a un poder económico o político, no solo barre con lo avanzado en materias de planificación urbano-rural hace ya más de 25 años, sino que además se sustenta en teorías y conceptos económicas, según podemos entender por la carta opinión en comento, que nada tienen que ver con la dimensión espacio- territorial en la cual se alojarían un conjunto de iniciativas establecidas por un Plan General. No se trata de métodos menos engorrosos de planificación territorial. No es planificación. No puede haber futuro promisorio.
    Al respecto reflexionemos en el siguiente dato proporcionado hace ya más de 26 años: Solo el crecimiento del Gran Santiago entre 1955-75 escamoteó 21.621 “hectáreas de riego básico”, equivalentes a una pérdida superior a los suelos ganaderos de toda la provincia de Magallanes. (referencia que aparece en tesis de grado de Felisa Mewes, Univ. de Chile, Stgo.,1976, “Evaluación económica de los suelos agrícolas regados, perdidos por el crecimiento urbano del Gran Santiago entre 1955-.1975″). Este tipo de evaluación hoy no existe ni interesa al parecer. Las pérdidas para el Estado una vez más las paga Moya
    04.04.03
    JUAN PABLO VIGNEAUX BRAVO
    Arquitecto P.U.C. Ch 1983 / ICA 4563

  • Pingback: Anónimo()

 
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