Cómo hacer ciudad: Málaga Smart Citizens

fuente imagen: flickr mlnilsson

La planificación estratégica ha tendido a una amplitud temática que se asocia al universo de la gestión urbana, pocas veces logrando penetrar en las transformaciones sociales asociadas a su implementación. Málaga relegó su espacio de planificación al área ambiental y energético, intentando alcanzar el concepto de smart city y con ello los smart citizens. Políticas como incrementar el papel de las energías renovables puede ser la oportunidad de aproximar la generación al consumo, insinuando nuevas pautas de comportamiento en los habitantes. Ciudadanos que usan la microgeneración eléctrica y poseen consciencia de cuánto y en qué consumen, introducen cambios significativos en cómo estos se relacionan con su medioambiente y mediourbano. Es estratégico entender que los ciudadanos generan transformaciones y por tanto, la planificación de las ciudades más sostenible en el tiempo es la que construye un capital humano y un cuerpo social que lo permita.

Los planes estratégicos de Málaga destacan por levantar desde un comienzo los atributos que caracterizan a la ciudad para consiguientemente orientar las principales políticas urbanas. Málaga mar y metrópolis, puerto y fachada litoral integrada revela las intenciones estratégicas y al mismo tiempo los gestos sobre el territorio a revertir. Es por esto que las visiones iluminan proyectos de gran envergadura, como “Málaga vértice del transporte internacional” e “Integración urbana del Guadalmedina”, un nuevo espacio para reunir a los malagueños. Por otra parte, proyectos intangibles como “Ágora Mediterráneo”, la ciudad como espacio de cultura y “Málaga [email protected]” hacia el conocimiento e innovación, cualifican las estrategias territoriales.

Málaga [email protected] centra sus esfuerzos en construir mayor capital humano, donde exista una elevada densidad de profesionales vinculados a la investigación, el conocimiento, la cultura y las TICs. Para esto, es necesario construir un terreno propicio para el encuentro de este segmento, espacios que impulsen actividades que fomenten el intercambio y transversalidad de las empresas, la ciudadanía y la administración pública, componiendo un cuerpo de la sociedad del conocimiento.

La consolidación de una plataforma social que incremente su propio capital creativo, evidencia una riqueza aguda de la ciudad, en función de la sinergia de ideas y relaciones. Una ciudad inteligente no es tal si no posee ciudadanos inteligentes que corporicen el impulso de las principales dinámicas en el interior de la ciudad. Ciudadanos capacitados, con canales expeditos de intervención sobre las decisiones de la ciudad, conscientes de su entorno urbano y natural, genera un nuevo perfil urbano, más accesible, eficiente y atractivo.

Considerando que los protagonistas del plan son los ciudadanos y su potencial creativo, es necesario que el territorio los valore. El método para planificarlo de mayor impacto es romper con la zonificación exclusiva y rígida, generando barrios del conocimiento con una alta complejidad de usos y relaciones sociales. Las infraestructuras de las telecomunicaciones exigen nuevas pautas de uso del territorio que deben ser atendidas por la normativa urbanística de los distintos municipios metropolitanos, con una mayor diversidad que permita fortalecer la cadena de valor, productividad y competitividad de las personas y las empresas. Las oportunidades de las personas ya no se encasillan en un lugar fijo, sino en función de las relaciones que pueden construir. No basta que aquellos laboralmente activos se contextualicen en su lugar de trabajo, ya que el potencial de construir ciudad y ciudadanos más conscientes de su territorio radica en fortalecer las relaciones dentro del sistema donde se emplazan e interactúan.

revitalización del centro histórico

Los barrios creativos fomentan la construcción de redes que inherentemente aluden a espacios relacionales y sectores valorizados según las interacciones que ahí ocurren. Es por esto que Richard Florida teoriza en torno al fenómeno de “dónde las personas eligen vivir”, subrayando la idea de ciudades como atractores que pueden ser cargados de oportunidades en mayor o menor medida según quienes deciden ahí habitar, invertir e interactuar. Málaga Valley surge de esta idea, aludiendo a Syllicon Valley, cluster del conocimiento, innovación y fundamentalmente un espacio que existe por las relaciones que permite que ahí se gesten.

Málaga Valley como ciudad inteligente apuesta a que los proyectos atraen nuevos proyectos. Es así que proyectando en torno a la eficiencia energética brotarán nuevas iniciativas y tecnologías en la materia. Malaga Smart City tiene objetivos de ahorro en un 20% del consumo actual, traducidos en más de 6.000 toneladas anuales de CO2 donde una gran cuota proviene de cambios en los hábitos sociales y su debido control del consumo. Este marco desprende una serie de iniciativas que recorren distintos sectores y escalas, desde reducir las emisiones a nivel ciudad en transportes o el sector eléctrico hasta el consumo de las personas y su comportamiento socioecológico. Málaga busca posicionarse en esta dinámica del contagio de la innovación, potenciando los talentos individuales junto con la identidad y autoestima de la población, entendiendo que las mayores transformaciones urbanas vienen de las personas que ahí deciden habitar.