Troles y ascensores de Valparaíso, ¿La joya del Pacífico?


©Francisca Codoceo

Cuando el 2 de julio de 2003 en París, un grupo de 21 diplomáticos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) declaró que desde ese día en adelante el casco histórico de Valparaíso -nuestro Valparaíso- era Patrimonio Cultural de la Humanidad; la noticia cruzó el Atlántico, se dio la vuelta por el Pacífico y llegó a oídos de cientos de porteños que no tardaron en reunirse en la Plaza Sotomayor a celebrar como es costumbre en el puerto; con batucadas, desfiles y bocinazos. Hasta las sirenas de los buques de la bahía entraron al concierto. A siete años de ese orgullo colectivo, los ascensores y los troles de Valparaíso han sido continuamente vendidos, comprados, cerrados y rematados. La pregunta es tan básica como dolorosa: ¿Qué significa para el Estado y sus autoridades el patrimonio de Chile?

Hace unos días, la prensa anunció que 17 troles – ocho de ellos declarados patrimonio por el Consejo de Monumentos Nacionales- serían rematados como un solo lote por $30 millones, producto de la deuda de hasta $300 millones que la Empresa de Transportes Colectivos Eléctricos S.A. (ETCE) tiene con sus trabajadores. Un día después de que la noticia fuera anunciada, todos los troles fueron vendidos por el precio mínimo a la única empresa que se presentó al remate: Trolebuses Chile S.A., la cual ha arrendado los 13 troles que están en operación a ETCE desde que ésta quebró en 2006, y además es dueña del terminal, de los paraderos y de todo el sistema integrado necesario para el funcionamiento del transporte.

¿Pero cómo ETCE paso del Estado al sector privado? En 1982, durante la dictadura, un grupo de empresarios pertenecientes a la Marina, al Ejército y a los sectores bancario y de transportes, compró al Estado el tendido eléctrico, la sub estación eléctrica, la Maestranza con camiones, horquillas, grúa y sótanos llenos de repuestos, motores nuevos de buses mercedes Benz y los troles, en $6 millones. Más tarde, la gran mayoría de estas adquisiciones se vendieron. De los empresarios que compraron ETCE, el único que hasta hoy continúa en el negocio es Pedro Massai, quien en 2009 quedó con arraigo nacional luego de que el Tribunal de Garantía de Valparaíso lo culpara de apropiación ilícita de fondo previsionales.

Como parte de una lucha que lleva años, el sindicato de trabajadores de ETCE acusó que el remate de los troles es ilícito, pues el dirigente Miguel Cárcamo, afirmó tener antecedentes de que Massai está ligado a Trolebuses Chile. Este hecho fue negado por el actual gerente de aquella empresa, Alexis Bustos.

Los trolebuses de Valparaíso son los más antiguos del mundo actualmente en servicio. El mismo año en que la UNESCO declaró a Valparaíso Patrimonio Cultural de la Humanidad, el Consejo de Monumentos Nacionales reconoció como monumentos nacionales a 16 troles Pullman Standard, construidos en Massachusetts entre 1945 y 1947, especialmente para ser usados en Chile. Actualmente, estas máquinas son las últimas en su tipo. La tasación de los 16 troles en $170 millones, dejó al Estado con prioridad de compra. Hasta la fecha, ninguna autoridad se ha pronunciado al respecto.

Este sistema de transporte -limpio- ya fracasó en su intento de conservación en Santiago. Por otra parte, los místicos ascensores -llamados “patrimonio industrial vivo” por ser los únicos en el mundo en funcionamiento- han corrido la misma suerte que los troles. La organización Ascensores de Valparaíso, califica como “urgente su defensa patrimonial a través de una protección legal adecuada y un modelo de gestión acorde a los tiempos, como asimismo una intervención técnica y patrimonial apropiada a todos y cada uno de sus sistemas“. Recordemos que en 2010, 10 de los 15 ascensores patrimoniales que eran propiedad de la empresa privada Ascensores de Valparaíso estuvieron a punto de cerrar, producto de que se había vuelto un negocio económicamente inviable. Finalmente, luego de un año de engorrosas tramitaciones, el Estado los compró en $2 mil 400 millones.

Es inaceptable que el Patrimonio Nacional, el cual también es parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad, tenga que literalmente caerse a pedazos, rechinar, oxidarse, ser rematado al mejor postor -corriendo el riesgo de que cualquier millonario se lo lleve del país-, ocasionar accidentes graves (como el que le ocurrió en 2006 a un turista inglés que cayó luego de que se desprendiera una pared del ascensor en que viajaba), demolido (como el ascensor Las Cañas), ser vendido a precios vergonzosos, rematado, comprado o recuperado en partes. El patrimonio de Chile son nuestros hijos, somos nosotros y nuestros abuelos.