Esta semana escogimos la carta enviada por Eduardo Bitrán, ex ministro de Obras Públicas, a El Mercurio el día viernes 05 de noviembre.
En ella analiza posibilidades de financiamiento y concesión de dos proyectos viales en Santiago: en la Ruta 68 y en La Pirámide. Lee la carta a continuación
Señor Director:
En su editorial del martes 26 de octubre, se cuestiona la posible realización de la duodécima renegociación de la Concesión Ruta 68, con el fin de generar una nueva autopista urbana a la entrada a Santiago. Efectivamente, no se entienden las razones de efectuar esta enorme inversión mediante renegociación del contrato, cuando esta concesión está bajo el esquema de Valor Presente del Ingreso, y el Ministerio de Obras Públicas tiene disponible la opción de recomprar la concesión y relicitar una nueva en forma transparente. Una de las ventajas del esquema de Valor Presente del Ingreso, propuesto por Engel, Fischer y Galetovic, es que el contrato establece exactamente los ingresos a los que tiene derecho la concesionaria y, por tanto, se conoce el monto que el Estado tiene que compensar a aquélla en caso de recompra. Por otra parte, en la relicitación, el Estado recuperaría con creces esos recursos.
Adicionalmente, en su edición del miércoles 3 de noviembre, se informa que se ampliaría a tres pistas la bajada de la Pirámide, con una renegociación del contrato de concesión con Vespucio Norte. Esta opción es inadecuada. En efecto, si el proyecto es socialmente rentable y no se cobran peajes, éste se puede realizar como obra pública, ya que es más transparente y el costo de la deuda es más bajo que el financiamiento que puede otorgar la concesionaria. El uso de renegociaciones de concesiones para hacer nuevos proyectos que se pagan a largo plazo permite excluir inversión pública del presupuesto de la nación. Esto genera incentivos perversos que sesgan la realización de proyectos a través de la renegociación de contratos. Ello debido a que este mecanismo permite transferir deuda a futuros gobiernos, sin aprobación del Congreso. El costo para el país es que la deuda contraída por el Estado a través de la concesionaria es más cara y el costo de la obra se hace sin licitación pública. La renegociación de contratos debe reservarse para casos excepcionales, cuando las obras adicionales son imprescindibles y no existe otro mecanismo para llevarlas a cabo. El Parlamento podría aprovechar la Ley de Presupuesto para corregir esta distorsión en la contabilización de la inversión pública que realiza el MOP.
Eduardo Bitran
Ex Ministro de Obras Públicas






















![Publicación de la semana: Design Like You Give a Damn [2]](http://www.plataformaurbana.cl/wp-content/uploads/2012/05/1337389803_portada_libro.jpg)

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Antes que reafirmar la sensatez de las afirmaciones de Bitrán, cabe preguntarnos la manera en que estas negociaciones sobre infraestructura pública se producen y quien de los participantes es el que DEBE tener la misión de buscar la opción mas conveniente para los ciudadanos. Suena de una obviedad tal, pero así las cosas, aún no podemos garantizar que suceda.
En fin, las cuatro paredes siempre serán opositoras del buen resultado, y aunque la autoridad pública tiene la misión intrínseca de resguardar el bien común, solo la ciudadanía (representada o de modos mas directos) es la que debe generar, al menos, un contrapunto de negociación.
Complementariamente, es recomendable mantenernos atentos, especialmente cuando vengan llegando progresivamente y con cada vez mas frecuencia las re-licitaciones, oportunidades únicas de corrección de contratos que, progreso mediante, debieran re-dirigirse paulatinamente hacia el incremento de la rentabilidad social.
Sugiero re-leer:
http://www.plataformaurbana.cl/archive/2009/03/13/concesiones-sin-memoria-leyes-pagos-y-experiencias/
Saludos.