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11
Nov
2009

Más estado v/s más mercado… ¿Y qué pasa con la ciudad?

naviamendezfotos originales de Revista MCH y Rodrigo Pelissier

La idea de este post se generó gracias a Twitter. En la mañana del lunes pasado de pronto me aparece un mensaje de Patricio Navia denunciando que había engaño en la Encuesta Nacional Bicentenario PUC/Adimark. Luego Roberto Méndez (de Adimark) le contesta y terminan en una pugna por la visión que los chilenos tienen respecto a lo que debe hacer el Estado. Este fue el intercambio de twits:

@Patricionavia: Encuesta c/pregunta engañosa: http://tinyurl.com/ykdg33s “Estado debe asumir solo actividades que privados no tienen capacidad de realizar”

@Patricionavia: Encuesta Nac Bicentenario PUC/Adimark hace pregunta engañosa. Quien define qué actividades pueden hacer los privados? Pregunta engañosa

@Robertomendez: @patricionavia Por favor,no hay nada engañoso, la pregunta indaga en una actitud hacia la acción del Estado. http://tinyurl.com/ykdg33s

@Patricionavia: la encuesta Bicentenario PUC-Adimark podria haber preguntado si los chilenos quieren AFP estatal. La respuesta habria sido SI. Mas estado.

@Robertomendez: @patricionavia Encuesta Bicentenario incluye varias preguntas sobre confianza en el Estado. No es claro que los chilenos quieren + Estado.

@Patricionavia: Pero @robertomendez, titular Mercurio es enganoso. Chilenos quieren mas + estado. Si preguntaran x especificos, respuestas serian distintas

@Patricionavia: En ICSO-UDP lo hemos preguntado 2 años seguidos. La gente quiere mas Estado!: http://tinyurl.com/yk73n77 Hasta Piñera promete mas Estado

(recuerda seguir a Plataforma Urbana en Twitter)

A continuación varios comentarios respecto a esta pugna, y especialmente aterrizándola al ámbito urbano.

merculoTitular en El Mercurio

El fenómeno de las encuestas en Chile ha ido adquiriendo cada vez más importancia pública. De ser un instrumento principalmente utilizado por el mercado, ha pasado a ser el principal vínculo entre la opinión de los ciudadanos y las decisiones de política pública. Frente a una clase política cada vez más endogámica y hermética, y una sociedad civil absolutamente precaria con escasos ejemplos en que grupos ciudadanos logren articular claramente sus demandas y/o propuestas, el feedback de las encuestas se ha transformado en una gran excusa para los tecnócratas. Ni que hablar de los candidatos presidenciales.

Las encuestas mencionadas en esta disputa ilustran otro fenómeno, que obedece directamente al manejo de la producción de conocimiento de interés público. En la llamada “sociedad del conocimiento” ejemplos de feedback como el de estas encuestas u otras formas de influir en la agenda como es el caso de los “estudios” que la prensa suele mencionar, suponen un problema político importante. Además del Estado están los Centros de Estudios por un lado, las empresas como Adimark, los medios de prensa y finalmente las Universidades. Todos los anteriores sujetos a un constante juicio público respecto de qué intereses representan – algo que alarmantemente hoy es menor que la influencia que generan. Las universidades, que hasta algunas décadas eran prácticamente los únicos centros de producción de conocimiento, hoy se ven bajo la presión de disputar este espacio de “interés público” – o mejor dicho político – con los centros de pensamiento o “think tanks” (CEP, LyD, Chile21, Cieplan y un largo etcétera). Por esto se ven forzadas a tomar partido.

¿Es éste un panorama nuevo que implica la pérdida de la imparcialidad académica? La verdad es que las instituciones universitarias, especialmente aquellas que no son propiedad del estado sino de algún grupo privado, se han históricamente ligado a algún grupo de poder. Ahora resulta de interés la confrontación de resultados que arrojan las encuestas ICSO/UDP y Adimark/PUC, puesto que se trata de dos de las instituciones de educación superior más importantes del país. La Universidad Diego Portales se ha asociado recientemente al sector político de la Concertación, especialmente desde su convenio con Expansiva para generar un Centro de Políticas Públicas. Por otro lado, la Universidad Católica ha sido históricamente un bastión de sectores conservadores, y desde principios de los setenta la cuna de la derecha, especialmente por la raigambre del gremialismo. Se deban las diferencias frente al tema a sesgos políticos o márgenes metodológicos, lo cierto es que el asunto del rol del Estado se ha vuelto cada vez más significativo en el debate público.

¿Y qué hay de la ciudad?

Si bien la pregunta en general del “Estado” puede arrojar distintos resultados, lo cierto es que en forma específica los chilenos piden más regulación, les simpatiza una AFP estatal y servicios como el transporte pasando a manos públicas, y especialmente ven en la educación pública la principal forma de generar un país con oportunidades para todos.

El asunto, en lo que respecta a la ciudad, debe ser entendido desde la perspectiva de los distintos ámbitos de participación del Estado en actividades que hoy se comparten con privados o simplemente el aparato público no participa.

Por ejemplo, en el ámbito del transporte hay un consenso en que éste debe asumirse como una inversión pública. El subsidio al Transantiago evidenció la inviabilidad del sistema pensado bajo la perspectiva de la rentabilidad privada, sean cual sean las causas de dicha imposibilidad. Luego, bajo el régimen de participación del estado, las mejoras en el servicio y las inversiones en infraestructura hechas estatalmente han consolidado un modelo de mucha mayor participación pública respecto a la planificación inicial. La decisión que queda es si continuar con un sistema mixto u otro completamente a cargo del Estado.

En el ámbito de la infraestructura, la colaboración público-privada ha sido alabada por los sistemas de concesiones en las Autopistas Urbanas. La crítica pasa por la falta de planificación en relación a la visión detrás del desarrollo metropolitano, en cuanto estas inversiones resultan en incentivos para el uso del automóvil. La facilidad de resolver propuestas financieramente viables desde el mundo privado, pero ausentes de la planificación general, como lo fue el Túnel San Cristóbal, ha implicado un descontrol sobre externalidades negativas como la congestión. Con un buen camino recorrido en la gestión de la infraestructura, falta todavía un avance en la definición de costos y beneficios sociales, así como de responsabilidades de mitigación.

En el ámbito de la vivienda, se ha dejado la producción al mercado. Falta una mayor regulación y hoy nos encontramos frente a sectores de las ciudades chilenas que fueron construidos bajo el modelo neoliberal de vivienda social, que parecen condenados a sumergirse potenciando el círculo de su marginalidad. Se demanda más participación pero aquí el Estado responde con subsidios. Por otro lado, irregularidades en las EGIS ha complicado el esquema de trabajo integrado con el sector privado.

En términos de la planificación, en general se requiere una mayor participación del Estado. Existen muchas ciudades en Chile donde el desarrollo privado ha hipotecado la posibilidad de distribuir equitativamente los beneficios del desarrollo urbano. Se pide en este sentido mayor previsión, creatividad y firmeza. Sin embargo, en temas tan básicos como un límite urbano se despliegan grandes y exitosos lobbys para mantener un mercado de suelos lo más libre posible – y más. El mismo Estado ha respondido a este llamado de suelos con regulaciones flexibles acomodaticias, como es el caso de las áreas, zonas o proyectos de Desarrollo Urbano Condicionado.

En cuanto al Fomento de la Actividad privada, han sido interesantes las experiencias de subsidio a la demanda asociada a intereses prioritarios de desarrollo según criterios de bien común, como es el caso del Plan de Repoblamiento de la Comuna de Santiago. Nuevamente, eso sí, se ha hachado de menos una planificación y regulación con metas claras.

En cuanto a suministros básicos como agua y electricidad, en las últimas décadas se ha avanzado en una privatización galopante.

En cuanto a servicios y actividades fundamentales para el desarrollo y la calidad de vida, como es el caso de hospitales, consultorios, escuelas, liceos, espacios públicos, infraestructura deportiva, bibliotecas y equipamiento comunitario en general, se encuentran en un muy deteriorado estado transferido a la las Municipalidades. El sector público representado en los políticos locales tiene poco que decir con una distribución de la toma de decisiones, y sobre todo del presupuesto, absolutamente centralista.

Todo esto permite afirmar que la participación del Estado en temas urbanos es muy poca. Prácticamente nunca participa más allá de subsidiar la participación en distintos mercados. Hay una demanda sensible por un cambio en este sentido. Queda claro que en Dictadura y gobiernos de la Concertación cualquier protagonismo del estado es a través de los subsidios. Finalmente, más que la mera petición de “Estado”, hay una serie de ámbitos diferentes que requieren justificaciones específicas para el tipo de participación de éste. Por ejemplo, la estructura regional y municipal es absolutamente precaria y dependiente de la política central. Posiblemente haya más demanda de más Estado. Pero agreguemos que “sea bien distribuido y gestionado”.

4 Comentarios »
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Héctor dice:

La iniciativa privada en nada afecta al Estado ni a lo social o al interés común, en la medida que el Estado asume su papel de creador de leyes, árbitro y agente de control.

Es una mentira que el Estado debe asumir aquello que la iniciativa privada no, o que no tiene rentabilidad. Un argumento que se usa para ganar votos y como podemos comprobar facilmente nunca lleva a la realidad, tampoco en los paises llamados comunistas o socialistas.

La principal función del Estado es generar iniciativa privada por estímulos y cuidando reglas del juego. No es excusa que los políticos digan: de lo privado no entiendo.

No es inteligente que la iniciativa privada genere los recursos que luego el Estado va a usar en un circuito donde se pierde dinero y nunca resuelve nada, por ejemplo la corrupción, la ineficiencia y etc.

 
# Noviembre 11, 2009 a las 07:08
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Personalmente me parece que la discusión que tiene en una de sus banderas la consigna “más estado menos mercado” implica un reduccionismo. Y lo digo sintiéndome identificado con los valores de izquierda que se asocian muchas veces a esa consigna. Pero igualmente, estimado Héctor, considero que es un error pensar que hablar de una mayor presencia del estado es suprimir la iniciativa privada. Como bien lo dice la teoría liberal, el “juego” privado necesita de “reglas” (Rule of the Law) bien establecidas. Ahi está empíricamente comprobado que se pueden producir diferencias. En ese sentido, en Chile falta bastante por avanzar en temas regulatorios en muchos mercados que hoy funcionan muy mal. Temas como la falta de información, el abuso a consumidores, generación de monopolios (u oligopolios principalmente en Chile)… ahi claramente estamos en deuda. Esto sí implica un nivel de decisión ciudadana sobre las normas en que funciona el mercado: implica la necesidad de tomar decisiones colectivas, políticas, democráticas, para avanzar en ese sentido. Creo que eso es más Estado.

Si bien no creo que en general el Estado debiese inmiscuirse en actividades productivas directamente (como en tiempo de las políticas desarrollistas de I.S.I), sí existe una serie de temas de recursos naturales y bienes comunes que deben ser precautelados, y que no debiesen estar en manos de privados. Por ejemplo, RRNN y especialmente servicios básicos como el agua, la educación, la salud.

Finalmente, lo de “un circuito donde se pierde dinero y nunca resuelve nada, por ejemplo la corrupción, la ineficiencia y etc” tendría que ser más desarrollado. La misma encuesta señalada en El Mercurio muestra como tampoco hay confianza en que los privados generen soluciones. Es importante que te informes respecto a los pésimos niveles de competitividad que tiene Chile a nivel de gerencias de grandes emprsas, y sobre todo los niveles de corrupción presentes en el mundo privado. Respecto a ésto, la Colusión de las farmacias fue apenas lo poco que ha salido a la luz pública por indignante, pero existen multitud de prácticas de corrupción en el mundo privado, y lamentablemente ahí no tenemos Ley de Transparencia.

Saludos!

 
# Noviembre 11, 2009 a las 08:34
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Comparto la opinion de @Patricionavia respecto a que la pregunta + o – estado esta mal planteada. No creo que sea un engaño deliberado, pero refleja una falta de informacion general respecto al equilibrio entre los sectores publico y privado.

Primero hay que definir bien los muchos matices que existen entre los terminos “Sector publico” y “Estado”.

El primero puede incluir instituciones tan diversas como el gobierno central de un pais, las municipalidades, organismos financiados con fondos publicos y, en general, toda la parte de la economia de un pais que funciona con recursos comunes y que tiene un rol redistributivo de la riqueza y del acceso a servicios, desde la salud hasta la cultura.

En mi opinion, la palabra “Estado”, esta mucho mas asociada, en el imaginario colectivo, al gobierno del pais y a sus instituciones centralizadas, como el parlamento, los ministerios y el ejercito. Esto le da una connotacion particular que obviamente influye en las respuestas de una encuesta.

Si preguntaramos: “¿Esta de acuerdo con desarrollar un gobierno metropolitano con capacidad real de planificacion y de defensa de la calidad de vida en las grandes ciudades de Chile?”, creo que la respuesta seria otra.

Segundo, el aumento de la proporcion del sector publico en la economia nacional, paralelamente al aumento del nivel de vida de una nacion(ley de Wagner), mas que una opcion ideologica, es un hecho observado historicamente en todos los paises desarrollados del mundo. Esta tendencia responde a las necesidades de infraestructura y a la demanda de la poblacion por servicios superiores.

Mas que preguntarse + o – estado, el debate deberia centrarse en como perfeccionar el sector publico para desarrollar instituciones mas justas y capaces de velar por la calidad de vida de los ciudadanos.

Aterrizando esto en el ambito urbano, cuando vemos los mapas de desigualdad de Santiago (como los presentados en este blog) y los errores de planificacion como el Transantiago y el Parque Bicentenario, es evidente que en Chile hay un vacio en las instituciones democraticas de gobierno local.

Yo votaria por un nivel de autoridad metropolitana elegido por voto directo, con real capacidad de accion y con atribuciones de redistribucion de recursos comunales.

 
# Noviembre 12, 2009 a las 07:55
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En términos generales me parece que la idea de posicionar la demanda de más estado como bandera de lucha de las campañas electorales tiene un olorsillo a populismo que francamente me desagrada profundamente. La idea de ampliar la participación del estado- no sólo a través del subisido- parece ser una idea a la cuál uno fácilmente podría suscribir. Sin embargo, creo que en el estado actual de funcionamiento de los distintos organismos encargados de implemebtar las políticas públicas la idea de tener más estado puede resultar escalofriante. Junto con clamar por más estado creo que importante sería que este estado supiera profesionalizarse y poder separar de manera adecuada las aguas de la política con las del “expertise”. Me perece que esto es una condición de posibilidad necesaria para poder iniciar la discusión respecto estado v/s mercado. Criterios como la producitividad y eficiencia, no son exclusivos de la gestión privada, debemos hacer eco de aquello y optimizar la gestión de recursos de parte del estado, sin eso seguiremos empantanados en discusiones que son más que nada ideológicas y que desde mi punto de vista poco aportan al diagnóstico real de la problemática de la gestión público.
Ahora, respecto a la ciudad, creo que un buen inicio sería centrar el debate en la gobernanza urbana. La falta de un organismo con real poder de decisión en cuanto a políticas de desarrollo urbano impiden que exista la coordinación mínima para el devenir de nuestras ciudades. La idea del ayuntamiento concilia bastante con las expectativas de mayor democratización respecto a la planificación urbana y administración centralizada de la ciudad, a la idea de establecer un programa con objetivos a futuro “de ciudad” y además a la posibilidad -tan necesaria- de castigar a la mala gestión, aunque sólo sea mediante el sufragio. En esto concuedo totalmente con Matias Garretón.

 
# Noviembre 16, 2009 a las 09:29
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