La ciudad esencial del arquitecto Alejandro Aravena

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  • (La Tercera. 14/06/09)Por Graciela Marín.

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  • 1950155091_foto_proyecto_aravena.jpgFue un alumno destacado, pero estuvo a punto de dejar la arquitectura. En Harvard comenzó la idea que se convertiría en Elemental, una iniciativa de proyectos urbanos que le ha dado premios y reconocimiento. El último: el Premio Marcus a la arquitectura emergente.

    La arquitectura tenía que ofrecer más. Poco después de su egreso de la UC, en 1992, a Alejandro Aravena básicamente le encargaban restaurantes, tiendas y pubs. Nada de eso lo emocionaba mucho. Pensó incluso en desertar: compró un bar, dejó de trabajar de día y vivió de noche. El proyecto que lo trajo de vuelta fue Casa para una Escultora (1997), un encargo en el que le prometieron completa libertad.
    En su manera de pensar actual, eso podría haber sido su perdición. “Lo peor que puede pasar con la arquitectura es que te den fuero para hacer lo que te dé la gana”, dice ahora. Aravena, a los 42 años, está peligrosamente cerca de esa libertad. Premiado con el León de Plata en la Bienal de Venecia el año pasado, a principios de este fue convocado para formar parte del jurado del Premio Pritzker (lo más cercano al Nobel de la arquitectura) y, el martes pasado, obtuvo el Premio Marcus al mejor arquitecto emergente. Aravena es hoy el arquitecto local con más proyección en el exterior. Pero los laureles de su curriculum le preocupan: “Esa libertad podría convertirse en pura arbitrariedad. Me interesa más otra cosa: los premios ahorran tiempo. No hay que gastar energía explicando quién es uno y así hay más tiempo para mejorar la calidad del proyecto. Además, todavía nos cuesta un mundo sacar un contrato”.

    Más que con la libertad, por lo mismo, el prestigio de Aravena tiene que ver con su forma de tratar los problemas. Reconocido ya como un alumno destacado en la UC, fue por largo tiempo ayudante del académico Fernando Pérez. El lo recuerda como un estudiante que desde el inicio “demostró tener capacidad y talento arquitectónico, además de una inteligencia brillante. Esa es una combinación que no siempre se ve”. Sus primeras grandes obras fueron hechas al alero de esa casa de estudios: las facultades de Matemática y Medicina y, luego, las Torres Siamesas del Campus San Joaquín.

    ELEMENTAL
    No fue hasta que fue invitado a hacer clases en la Universidad de Harvard, en 2000, que se enfrentó a lo que se convertiría en su proyecto más público. “Cuando te invitan a hacer clases en Harvard, tienes que pensar en qué puedes decir que no, porque están los Pritzker haciendo clases al lado. Y en lo único que me parecía tener ventaja era en hacer cosas en contexto de escasez”, explica. Allí se encontró con el ingeniero Andrés Iacobelli, que estudiaba un magister en políticas públicas. “El tenía muy clara la película. La vivienda social era más que un problema humanitario. Era una pregunta difícil, de mérito intelectual. Me pareció natural ocupar la capacidad de Harvard para resolverla. Aunque en ese entonces yo no sabía ni qué era un subsidio”.
    Ambos crearon Elemental, una iniciativa de alcance global en la que trabaja junto a arquitectos como Gonzalo Arteaga, Diego Torres, Juan Ignacio Cerda y Fernando García Huidobro. Las condiciones de trabajo estaban prefijadas: unos 40 metros cuadrados de espacio por vivienda social y recursos limitados por el subsidio gubernamental. El desafío: dejar de pensarlas como “una casa chica”, sino como “media casa buena”, con instalaciones de calidad, buenos baños y cocinas, y la posibilidad de ampliarlas. Otra apuesta adicional: que estos hogares pudiesen insertarse dentro de la ciudad -ya no en los márgenes- para que sus pobladores lograsen acceder tanto a la plusvalía como a los servicios y oportunidades de la red urbana.
    Aravena suele ponderar las cosas así: problema versus solución; oportunidad versus conveniencia. Cuando era estudiante, se obsesionó con el estudio y la observación de edificios. No tanto de firmas específicas, ni de teorías, sino de las construcciónes en sí. “Durante muchos años viajaba y medía edificios. Nuevos y viejos, con y sin arquitecto. Así vuelves sobre los pasos del que tuvo el problema de proyectar los edificios. Es confrontarse con lo que realmente tienes que producir: obras. No teorías, ni cultura, ni discursos”.

    De eso se trata Elemental: atender lo esencial y omitir lo innecesario. “Quitamos todo lo que sea superfluo y funcionamos sólo con lo necesario”, explica. Es una práctica que le ha servido más allá de las viviendas sociales, que a estas alturas se multiplican por Chile y México. Actualmente trabajan, además, en la concepción de una viña en Alemania, el diseño finalista para el Museo de Arte en Basel y una casa en Mongolia, entre otros proyectos.
    “Lo que hace único a Aravena es que lo que él hace es elegante, tiene una cierta dignidad”, ha dicho el arquitecto Ricky Burdett, del circuito de conferencias Urban Agel. El año pasado, la revista Icon le dedicó todo un artículo a Aravena, en el que afirmaba que el chileno “podría convertirse en el niño símbolo de una arquitectura con enfoque social, que enfrente los problemas únicos del siglo XXI”.
    Más que identificar problemas, Aravena busca soluciones. Cree en la ciudad: en el último encuentro Icare la definió como “un vehículo de riqueza” y un “atajo de la equidad”. Le gustan los proyectos, pero no la política: asegura que no lo han llamado ni del gobierno de partidos políticos, “ni me interesa”. Por ahí va la idea de que Elemental sea un do tank, y no un think tank: más acción y menos vueltas. Más allá de ser una firma inimitable, busca lo contrario: acaba de presentar en Milán una serie de viviendas sociales prefabricadas. En menos de 48 horas, se puede armar una casa en cualquier lado. Eso es Elemental: soluciones ahora, sin superficialidades.

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