
flickr.com/photos/alvaroherraiz
Podríamos nombrar una serie de ámbitos, como la sostenibilidad, la participación ciudadana, la planificación urbana, el desarrollo local, la cultura cívica, los derechos de los consumidores, los derechos laborales, los niveles de calidad de los mercados urbanos, el tratamiento del patrimonio, la sostenibilidad del sistema político; en todos ellos aparecen requerimientos emergentes que han comenzado a considerarse indispensables para asegurar el desarrollo a largo plazo. Estamos hablando, en suma, de prácticas sociales, ciudadanas y políticas que apuntan hacia la conformación de la Sociedad Civil como un actor relevante; un nivel de participación consolidado; un estrato de distribución real del poder que media entre los individuos y los grandes actores en Chile: el Mercado y el Estado.
Asumido este espacio como algo necesario para una cierta madurez social, pareciera que el caso chileno es de una relativa adolescencia. Podríamos entender este proceso como el correlato social del desarrollo urbano de una ciudad adolescente como Santiago. Varios fenómenos de organización permiten hablar de la proliferación de una serie de movimientos ciudadanos reactivos, y, yendo más allá, escasos ejemplos de agrupaciones locales que tendrían la capacidad de situar a la sociedad civil en un núcleo activo y propositivo
de desarrollo social y urbano. El problema es que ese paso a la proposición y la proactividad efectiva dependen de un capital social y cultural que está desigualmente distribuido, segregado socioeconómicamente, y territorialmente concentrado (en una sola región y en algunos puntos de Santiago).
Probablemente ha sido el ámbito de lo “urbano” donde más ejemplos han surgido, que permiten hablar en Chile, y especialmente en Santiago, de movimientos ciudadanos que pasan de la oposición a la promoción de una visión mucho más reflexiva del desarrollo urbano. Con “reflexiva”, me refiero a una capacidad de la gestión urbana de incorporar mayor cantidad de variables, acercándose al ideal de sostenibilidad social de los proyectos, maximizando los beneficios y la cantidad de beneficiados de una intervención.
El caso del Nudo Estoril, en el proceso de implementación de la Costanera Norte, fue emblemático. Un grupo de vecinos lograron plantear diseños alternativos y presionar para que el nudo vial que une Kennedy con Las Condes y Estoril incorporara parámetros de diseño urbano por mucho superiores al planteado originalmente. Otro tanto ocurrió con la agrupación Ciudad Viva, quienes, desde su comienzo como activistas contra el paso de la misma Costanera, pasaron a transformarse en promotores de proyectos para Bellavista, tanto con fondos públicos como privados. Estos ejemplos se distancian de otros que son meramente reactivos; por ejemplo, existen voces que critican casos como Yungay o Valparaíso
puesto que, si bien se ha logrado generar instrumentos para conservar estas zonas patrimoniales, esto no va acompañado de medios para poder gestionar el desarrollo necesario para que este tejido urbano no muera.
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En el Patio Bellavista hubo participación que promovió el desarrollo de la zona mediante inversión privada.
Con todo, es preciso notar que el nivel de sofisticación logado en los casos de Estoril y Bellavista, depende de que han podido disponer de importante capital cultural (información, profesionales, capacidad para generar estudios y propuestas) y capital social (niveles de organización interna, capacidad de gestión, inteligencia política, redes). Es justamente éste el meollo del asunto: es ese capital cultural y social el núcleo de las capacidades que deben tener instalados los grupos que podrían conformar una “Sociedad Civil” que participa como actor de los procesos de desarrollo. Este es el combustible de lo que podemos denominar la “demanda de sociedad civil”, es decir, grupos organizados que saben construir, ordenar y canalizar la demanda que proviene de este estado intermedio de organización colectiva, mediando entre los individuos y los dos grandes actuales actores: el Mercado y el Estado.
El problema, es que este capital social y cultural se encuentra altamente segregado
, especialmente en términos socioeconómicos (lo que se traduce en la distribución espacial en las comunas de Santiago, por ejemplo), y en términos geográfico-regionales, puesto que en Santiago existe una concentración demográfica, económica y administrativa que genera una densidad en la que estos fenómenos ocurren, en detrimento de lo que pueda pasar en las Regiones. La posibilidad de conformar esa “demanda de sociedad civil”, entonces, está restringida solamente a unos pocos, lo que restringiría la presencia de este actor, y los beneficios sociales que esto implica, a los sectores propios de la élite. A este respecto, aparece un gran diferencial que parece ser la tarea pendiente respecto al fenómeno social de la organización ciudadana.
Podríamos seguir largamente discutiendo estos temas:
¿A quién correspondería asumir este desafío? ¿Sería el Estado, si es que es éste el medio para asegurar la consecución del bien común? ¿No podría ser contraproducente “formalizar” lo que debiera ser una capacidad ciudadana de base? ¿La Sociedad Civil se construye desde la demanda por poder, o de la oferta de espacios desde la Política Pública? ¿Existen relatos que permitan situar a la Sociedad Civil como una agenda en sí misma, entre los ciudadanos?



















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Solo una reflexión
Hoy en día tenemos algunos ejemplos de participación ciudadana efectiva frente a conflictos de distinta naturaleza, como es el caso específicamente del barrio Yungay donde un grupo de ciudadanos lograron la protección a través de la declaratoria de zona típica. Lo destacable sin duda es en este caso el emprendimiento ciudadano, en el cual se renuncia a los beneficios económicos que llevan poner a disposición de las inmobiliarias sus propiedades por el contrario estos prefieren mantener la calidad de vida y esta comunidad es la que reconoce con claridad sus valores y emprende una lucha por exigir al estado que adopte las medidas necesarias en el marco de la ley vigente, para que este espacio que la comunidad reconoce como propio no sea perturbado por los intereses de gestiones inmobiliarias que solo responden a las normas del libre mercado.
Es por esto que es necesario poner el acento en la “calidad de la participación ciudadana”, y esta calidad solo se da cuando las personas tienen claridad de sus necesidades, tiene claridad de lo que es prioritario, junto con esto poseen una definida identidad, una historia que la reconocen y la tiene presente.
Cuando la participación ciudadana carece de calidad, simplemente es utilizada soterradamente por los intereses políticos o económicos.
El artículo de Nicolás me parece sugerente ya que llama la atención sobre la necesidad de conformar a un nuevo actor que permita lidiar entre el Estado y el Mercado en la construcción de la ciudad.
Sin embargo me hace disentir en el análisis que realiza de las manifestaciones que se dan actualmente en las calles de Santiago, en especial, en la utilización de la distinción reactivas/proactivas y en la manera cómo se cataloga el éxito o rendimiento urbano de estas manifestaciones.
Comenzaré con la dicotomía ofrecida para catalogar a los movimientos. Me parece que los grupos, agrupaciones, colectivos que se despliegan por los diferentes barrios son bastantes más complejos. Todos son en parte reactivos y propositivos, comenzaron como reactivos y terminaron proponiendo, o depende del proyecto al cual se opongan. Todos defienden algo que sólo ellos ven y que podría ser definido como su patrimonio urbano o barrial, y por otro lado, todos también proponen medidas que pueden ser de corto alcance (mejoras a los proyectos) o, de mediano o largo (políticas o propuestas de diseño urbano). Así, para caracterizar a la Sociedad Civil que por hoy actúa en la ciudad es necesario dejar de lado la utilización de sólo una dimensión, y quizás dibujar un mapa donde se desplieguen continuos como el mencionado, y otros que reflejen por ejemplo la antigüedad y conformación del barrio donde viven; otro que de cuenta del fenómeno al cuál están reaccionando (gentrificación, impacto de una gran obra, por nombrar alguno); y como último ejemplo, forma de representar y defender el barrio (carnavales, denuncias a la contraloría o propuestas de alternativas a quienes diseñan las intervenciones). Así creo yo podríamos captar la riqueza de lo que actualmente estamos viendo en las calles de cerca de veinte barrios de la ciudad.
Y basándome en esto último, mi segunda discrepancia con Nicolás, la cual surge al ver a los vecinos del barrio Yungay en el extremo de reaccionarios. Y aquí me asalta la duda de cómo catalogamos el éxito de alguna de éstas manifestaciones urbanas; si acaso las medimos en tanto impactan en el proyecto que “invade” el territorio, o si será exitosa si llama la atención de las autoridades. Si esos son nuestros parámetros para medir el éxito, creo que la labor de los movimientos sólo los medimos en su vertiente institucional y de corto plazo. Esto trae como resultado que destaquemos aquellas manifestaciones que modifican un proyecto con algunos aspectos alternativos, pero dejamos en la oscuridad aquellas agrupaciones que proponen una nueva lectura de la ciudad, nuevas propuestas del barrio. Aquí nuevamente vuelvo al Barrio Yungay, quienes además de lograr un triunfo a nivel institucional por la declaración de zona típica, han tenido también la capacidad de desarrollar uno de los carnavales más coloridos y masivos de los últimos tiempos en nuestra ciudad, y con esto, no sólo ganan una votación en el consejo de Monumentos Nacionales, sino que proponer una nueva manera de vivir en Santiago.
Hacia esos cambios, que son de mediano o largo alcance, también hay que torcer la mirada, no sólo viendo aquellas modificaciones o paralizaciones de proyectos, sino también aquellas nuevas formas que permiten a los vecinos vivir la ciudad de otra forma.
Como les decía, provocador el artículo de Nicolás.
Nico,
Me parece que está super bien abordado el tema, felicitaciones.
Para ir directamente al fondo: sin duda ésta es una problemática a la que se han enfrentado otras sociedades que actualmente ya están en procesos más maduros de participación de la sociedad civil. Probablemente está llegando el momento de hacer un estudio serio de referentes de cómo se debiera de abordar la participación ciudadana, dejar de lado la improvisación y empezar a implementar modelos, herramientas, metodologías que sean un aporte efectivo al desarrollo de nuestras ciudades.
Estimados Eduardo y David, muchas gracias por sus comentarios.
Respecto al comentario de Eduardo:
Estoy de acuerdo con lo que planteas. Debo reconocer que mis observaciones en torno a la Sociedad Civil se restringen a una dimensión bastante concreta que es la distribución del poder, y la forma como es administrado en base a esa distribución.
Ahora sí, considero que lo que tu mencionas como triunfos de la sociedad civil son fundamentales en la construcción del capital social del que hablo, y especialmente de una identidad urbana que es de tremendo valor. Serían estos pequeños actos microculturales, micropolíticos y quien sabe si microrevolucionarios, los que finalmente van construyendo la “demanda” de la que hablo. Evidentemente que las otras dimensiones que mencionas son fundamentales.
Sin embargo, asumiendo que todo el mundo es libre de vivir como quiera su vida, y siendo la esencia del espacio público el poder acoger esa diversidad, creo que la verificación “generalizable” del tema de la Sociedad Civil sí debe necesariamente pasar por un reconocimiento de ésta como actor fundamental en el esquema de distribución del poder, donde hoy no existe.
Es decir, ¿cómo estaría yo en condiciones de juzgar como buenas o malas prácticas a alguien por su creencia, sus rituales en el espacio público, las actividades que le mueve organizar? Personalmente no me siento en condiciones de eso, y creo que en ese campo hay un riesgo de generar imposiciones normativas que no me interesan.
En cambio, creo que como sociedad chilena, no solo en el ámbito urbano, sino como muchos otros que menciono al comienzo del artículo, es necesario que construyamos esa demanda ciudadana y que finalmente sea reconocida y garantizada permanentemente en el marco institucional chileno.
A propósito ¿Supieron del informe que pronto publicará la OCDE, donde Chile será muy criticado por sus bajos niveles de sindicalización?
Lo dicen hasta quienes buscan “el desarrollo del mercado mundial”: ¡necesitamos agrupaciones colectivas intermedias! ¡Necesitamos Sociedad Civil!
Hola a todos.
El tema está superinteresante, y Plataforma Urbana sigue profundizando y abriendo caminos de opinión para nosotros los lectores y comentaristas.
Tanto el artículo de Nicolás, que encabeza la columna, como los comentarios publicados, están muy estimulantes y a cualquier lector le dan unas ganas inaguantables de meter la cucharada.
Por ahora sólo quiero decir que sería interesante tratar de clarificar EL ROL del ESTADO en estas cuestiones, en el sentido de su responsabilidad por la satisfacción de necesidades básicas de la ciudadanía.
Un desarrollo urbano con supermercados, clubes, salas de cine, café internet, restaurantes, etcétera, sería muy deseable, pero no veo cómo el Estado podría dar su aporte en esos factores si escasamente le alcanza el dinero para lo básico.
Es mi convicción que el Estado debe concentrarse en la salud, el transporte, la energía, la convivencia social entre vecinos de un barrio (no entre socios de un club ubicado en Portillo o Zapallar),la educación de los niños POR COMUNA O SECTOR URBANO, la Seguridad y Prevención (Policía, Defensa Civil, FFAA), y desarrollo vial.
Desde luego, sería muy aburridor vivir en donde no encuentre uno dónde comprar un helado, tomarse una cervecita, o un café; pero sería terrible vivir en donde no haya agua potable, un puesto de salud, o transporte colectivo.
Sería extraño ver una empresa estatal de chicles, pero muy buenos sería que el Estado (y/o el Municipio) ASUMIERA lo realmente básico.
Para turistear, pasarla rico, beber y comer bien, hay empresas privadas EXCELENTES que hacen un buen trabajo en lo que han asumido como misión empresarial. El Estado no tiene que preocuparse por eso.
Tal vez Chile tiene buenas empresas privadas en muchos rubros, pero le falta desarrollo al Estado, que en verdad HA PERDIDO TERRENO.
Necesitamos gobernantes que no sean tacaños ni con los servicios a la ciudadanía ni con los sueldos a los funcionarios, porque entonces los recursos humanos de mayor calidad seguirán yéndose a trabajar en la empresa privada.
¿Que no le alcanza la plata al Estado?
Pues a echar mano de los recursos naturales, que de hecho PERTENECEN A LA NACIÓN. ¿O no?
Saludos.
HOla mi tan admirado PROFESOR, DESDE LA DISTANCIA Y EN UNO DE LOS LIBROS ELABORADOS CON UN GRUPO MAJESTUOSO EN LO Q CABE A LA DISCIPLINA DEPORTIVA de patinaje de velocidad, profesores, Muñoz, Bonilla, Vargas, y Fuentes, aqui en la cudad de Coro, estado Flacón, Venezuela, este servidor, entrenador deportivo, y educador, le felicita y aplaude su labor como propulsor del trabajo social y en pro de la generación de relevo, (infantes y adoelescentes) desearia posteriormente realizar un enlace o comunicacion, para exponer un marterial en funcion a la disciplina nombrada arriba, me encanta este deporte, y por ende lo que conlleve a desarrollar y masificarlo, gracias por lo colaboracion q pueda prestar y muchos exitos en su labor social……
HOla mi tan admirado PROFESOR, DESDE LA DISTANCIA Y EN UNO DE LOS LIBROS ELABORADOS CON UN GRUPO MAJESTUOSO EN LO Q CABE A LA DISCIPLINA DEPORTIVA de patinaje de velocidad, profesores, Muñoz, Bonilla, Vargas, y Fuentes, aqui en la cudad de Coro, estado Flacón, Venezuela, este servidor, entrenador deportivo, y educador, le felicita y aplaude su labor como propulsor del trabajo social y en pro de la generación de relevo, (infantes y adoelescentes) desearia posteriormente realizar un enlace o comunicacion, para exponer un marterial en funcion a la disciplina nombrada arriba, me encanta este deporte, y por ende lo que conlleve a desarrollar y masificarlo, gracias por lo colaboracion q pueda prestar y muchos exitos en su labor social……
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Me llamó mucho la atención el ligar la posibilidad de una Sociedad Civil activa y efectiva con la necesidad de los movimientos sociales de contar con capital cultural y social. Me parece que el análisis hecho apunta a una observación empírica hecha por el autor (sin capital social y cultural la cosa simplemente no funciona o resulta). Sin embargo, no sé si eso “debiese” ser así. Me refiero a que no me parece que un movimiento social, para ser efectivo, “deba” contar con altos niveles de capital cultural y social necesariamente. Esto, ya que las demandas establecidas se basan muchas veces en cuestiones simples y universales como una mejor calidad de vida. Lo que me llama la atención es que en Chile, dado que la institucionalidad está tan fuertemente sesgada hacia ciertos sectores de la sociedad “más poderosos”, ese modelo se replica al interior de la institucionalidad, no dejándole espacio a las demandas de otros sectores, requiriendo una serie de conocimientos y capacidades, así como de contactos, para poder establecer finalmente una demanda legítima y efectiva. Me parece que no hay que concentrarse sólo en el lado de la Sociedad Civil y su falta de capital social y cultural, hay que mirar también nuestra institucionalidad y cómo ella fomenta (o no) el establecimiento de demandas ciudadanas. No puedo dejar de pensar en el caso de Australia, donde el sistema político ha simplificado cada procedimiento hasta tal punto que cualquier persona lo puede entender y realizar. Y no por eso son menos eficientes, al contrario. Por ende, incluso si uno quiere remodelar mínimamente su casa la comunidad tiene derecho a participar, en tiempos establecidos (y no eternos) y se avisa oportunamente. A nosotros, buenos para el trámite, nos cuesta imaginarlo, pero no resulta más engorroso ni tampoco menos eficiente. Al final, el asunto remite a voluntad política, pero si pensamos desde el punto de vista del gobierno (cualquiera sea este): ¿para qué crear leyes que le permitan a la Sociedad Civil aumentar sus demandas si apenas dan a basto con las que ya reciben? Además, ¿para qué agregar un actor más de presión si ya tienen suficiente con el Mercado y sus demandas?
Percibo que doña Colombina considera al mercado como una entidad suficientemente CAPAZ de manejar toda la economía nacional.
Ningún mercado, en ninguna parte del mundo, responde a la necesidades básicas de la ciudadanía, pero todos responden a LOS INTERESES.
A nuestra gente le INTERESA la cerveza, el vino, los autos deportivos, los cosméticos, las joyas, las golosinas, los detergentes, etc, etc, ninguno de los cuales puede ser considerado una NECESIDAD BÁSICA por nadie. El mercado, alegremente, responde a estos intereses, mientras el País falla lastimosamente en aspectos como el transporte, la educación, la salud, la seguridad social, la energía domiciliaria. Nada de esto se consigue en un Mall, y el “mercado” no ofrece soluciones estables.
Es el ESTADO y/o el MUNICIPIO quien tiene la responsabilidad de satisfacer estas necesidades de la ciudadanía.
Por eso es que necesitamos un estado “fuerte, principal y poderoso”. Si además de esto tenemos un mercado con una oferta amplia y de calidad, TANTO MEJOR. No soy enemigo del mercado; sólo quiero que el Estado CUMPLA con las funciones para las cuales fué inventado y por las cuales se ha sostenido como institución a través de la historia, las cuales no se reducen a dictar leyes y cobrar impuestos y multas.
Saludos.
Desde febrero 21 nadie opina aquí.
Difícilmente puedo imaginar un tema más importante que el de esta columna, pero la han abandonado como si tuviera la peste.
Las organizaciones ciudadanas: sindicatos, agremiaciones, juntas de acción comunal, clubes sociales de barrio, movimientos populares alrededor de una idea central vigente (como Ciudadanos por Valparaíso), comités del pueblo y similares, no tienen voto PERO TIENEN VOZ, y muy buena por cierto.
Artículos como el de Nicolás son estimuilantes y nos llevan a pensar en la diferencia entre INTERESES y NECESIDADES.
A todos NOS INTERESA comprar ropa de calidad, ver buenas películas en cine o tomarnos una deliciosa pilsen, pero si alguna de estas cosas llega a faltar, no se forman movimientos ciudadanos para protestar.
El acceso a servicios domiciliarios (energía, agua, etc), a la educación de nuestros hijos, a la salud de nuestra familia, al transporte colectivo, son aspectos que no pueden ser considerados como intereses sino como NECESIDADES, y para satisfacerlas el Estado y las Municipalidades son, han sido y serán siempre los responsables directos, porque el poder de nuestras organizaciones ciudadanas no logra satisfactores inmediatos sino que logra PRESIONAR y MOTIVAR a nuestros gobernantes y funcionarios para que cumplan su misión de SERVICIO A LA CIUDADANÍA.
El mercado simplemente IGNORA las necesidades, pero ofrece buenas opciones para los intereses.
Saludos.
El día 21 de febrero publiquè un comentario polémico, pero parece que a nadie le interesó ese aspecto de la cuestión.
Lo más probable es que sigamos con nuestra polìtica civil CONTESTATARIA, siempre a la espera de que el daño estè hecho para protestar y marchar.
Estoy proponiendo que seamos más previsores en lo que a necesidades se refiere.
Saludos.
Rodrigo Eyzaguirre publicó un artículo criticando a los clubes de fútbol por suspender partidos; sostiene Rodrigo que un futbolista no debería diferenciarse de un médico o un bombero.
Caramba, la diferencia es obvia: la función del futbolista es ENTRETENER, porque el fútbol es un espectáculo, pero ahora no estamos para entretenciones de ninguna clase.
Es diferente si YO juego fútbol para mantener mi salud, pero esas personas que necesitan ir al estadio a “entretenerse un poco” no muestran solidaridad.
¿Qué es patriotismo? ¿Aplaudir a Massú o ayudar a las víctimas del tsunami?
Hay prioridades y hay momentos para todo; el fútbol continuará A SU DEBIDO TIEMPO, pero ahora mismo hay compatriotas sufriendo Y MURIENDO en el sur.
Si algún patrocinador o canal de TV pierde plata, eso ya es otra cosa; más perdieron nuestros compatriotas en el sur.
Nuestra “sociedad civil” no puede basarse en la entretención, en la farándula y en la parranda.
El que no tiene corazón de patriota, haga una fiesta privada en su casa y emborráchese hasta el amanecer, pero en los medios de comunicación masiva aparecemos como INSENSIBLES Y DESPREOCUPADOS.
¡Uy, sí, qué elegancia pues!
Uno de los obstáculos para la construcción de una vida ciudadana más organizada ha sido la intolerancia.
Es común la deserción de personas en las organizaciones ciudadanas por razones como las siguientes:
- “Los líderes están en contra de mis ideas; yo pierdo mi tiempo aquí”.
- “Hay muchos viejos y enfermos en el barrio; prefiero pagar en un club privado” (el barrio tiene más de medio siglo y TIENE que haber viejos).
- “El tesorero es gay”.
- “Hay muchos indígenas en la agrupación”.
- “Aquí hay mucho Pérez-Cotapos; no hay gente distinguida”.
Esta actitud intolerante se repite con una frecuencia que asusta, y los hijos de padres intolerantes tienden EN SU MAYORÍA a ser intolerantes.
Por otro lado, la tolerancia tampoco es un cheque en blanco, y no tiene sentido discutir, por ejemplo, acerca de los matrimonios gays, siendo que ellos se casan sin pedirle permiso a nadie, (desde que la religión o secta apruebe la “ceremonia”); y la “pareja” vive feliz sin molestar a nadie.
Lo grave viene cuando hay niños de por medio.
Las lesbianas y los gays están orgullosos de su condición, y lo gritan a los cuatro vientos, de manera que ESE orgullo homosexual será el ejemplo para los niños, aunque de vez en cuando algún niño o niña – por chiripa – no llegue a ser homosexual (hay un reportaje “Mi papá es gay, ¡y qué!”).
En esta temática es difícil ser tolerante, a sabiendas de que los niños son el reflejo de los padres, ¿cómo votar a favor de una ley que permita a parejas homosexuales adoptar niños?
Los gays pueden trabajar en casi podos los oficios, menos en el de educador, POR EL EJEMPLO QUE DAN.
Que vivan tranquilos pero no pidan lo que no deben pedir.
Me explico:
HAY padres gays; HAY profesores gays,
Sorry, continúo:
Hay padres y profesores gays, PERO NO PIDAN NUESTRO VISTO BUENO PARA ELLO; la sociedad civil debe ser tolerante, pero todo tiene su límite.
Fe de erratas.
Dice “en casi podos”.
Debe decir “en casi todos”.
Saludos.
4:22 PM Feb 2nd
[Plataforma Urb] Esperanzas y peligros: ¡Sociedad Civil para Chile ahora! http://tinyurl.com/b96bxv