Vivienda, Políticas Públicas y Capital Social

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Imagenes originales de flickr.com/photos/calu777/ y flickr.com/photos/

Hace tiempo tengo ganas de escribir sobre este asunto. La mayoría de las veces uno es bastante crítico respecto a las políticas públicas que operan sobre los temas urbanos en Chile. Sin embargo, quiero referirme a algo que me tiene bastante optimista. Se trata de algunos aspectos de la Política de Vivienda Social y del Programa Quiero Mi Barrio. Todo, por supuesto, tiene sus cosas buenas y malas.

El asunto es que en estos programas se están abriendo espacios para que ocurra justamente lo contrario que comentaba en un post reciente. Si políticas como las del MOP o el MTT presentan una enorme verticalidad, hay prácticas en el MINVU que con el tiempo han aprendido a ser más porosas, generando vínculos horizontales entre diferentes actores.

En la política de vivienda, los últimos años se ha venido generando el espacio para que aparezcan ONGs, municipios, grupos de pobladores y hasta universidades que se involucran en los procesos de gestión, diseño y construcción de los conjuntos de vivienda. Un buen ejemplo son las EGIS (Empresas de Gestión Inmobiliaria Social), figura que permite que participen desde empresas, hasta ONGs, municipios como el de La Pintana, o programas de universidades, como es el caso de Elemental. Finalmente, está “permeabilidad” redunda en una mayor capacidad de innovación, donde distintos actores van aportando desde sus diferentes enfoques, capacidades y agendas.

Otro caso interesante es el PQMB. Se ha planteado como una nueva manera de hacer políticas públicas, y de partida ha convocado a toda una generación de profesionales jóvenes, que están dirigiendo intervenciones en el ámbito social y físico-espacial en distintos barrios de Santiago y algunos de regiones. Si bien los objetivos que se plantean son interesantes, especialmente en relación a la sostenibilidad social de las intervenciones y puesto que se trata de trabajar sobre lo “ya existente”, existen algunos descalces entre los propósitos declarados y los alcances reales del plan. Muchas veces, la intervención en sí se queda corta con los dos años planteados, pero no deja de ser interesante la manera en que la ejecución de este programa hace que se detecten “nudos” en distintas instancias de las políticas públicas. Han aparecido nuevas necesidades, nueva experiencia y nuevas ideas para innovar en este sentido.

Más allá de los resultados de cada programa, a lo que voy es que contamos ya con una amplia experiencia en distintos ámbitos de la gestión urbana, que dan cuenta de distintas maneras de enfrentar la intersectorialidad, la interdisciplinariedad, e incorporar mayor cantidad de actores y complejidad. El punto es cómo esta heterogeneidad y complejidad va enriqueciendo los procesos y resultados, abriendo las posibilidades para la aparición de la innovación. Me gusta referirme esta situación como la aparición de un nuevo capital social y humano alrededor de la gestión urbana. Se trata, como mucho de nuestro patrimonio, de algo bastante frágil. El asunto es cómo lo potenciamos o desperdiciamos.