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18
Jul
2008

Desarrollo Humano en Chile 01: La obsesión por el orden y el temor al caos.

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Foto Vía Flickr por Desierto Atacama

 

Este artículo pretende ser el primero de una serie de reflexiones en torno a los Informes de Desarrollo Humano que realiza anualmente el PNUD [Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo] en nuestro país, y sus posibles lecturas en torno al desarrollo local y los problemas urbanos en Chile. El PNUD realiza periódicamente estudios de validez estadística para conocer el nivel de Desarrollo Humano de las distintas zonas en el mundo, entendiendo como Desarrollo Humano aquel proceso por el cual la persona se hace sujeto y beneficiario efectivo de los cambios en curso. Actualmente el PNUD trabaja en el “Informe Mundial de Desarrollo Humano 2007/2008. La Lucha contra el Cambio Climático: Solidaridad frente a un mundo dividido.” El último informe desarrollado para Chile fue el del año 2006, cuyo enfoque y principal conclusión radicó en que “las nuevas tecnologías no aseguran por si solas un avance cualitativo en el desarrollo humano”.

El estudio e informe desarrollado por PNUD sobre Desarrollo Humano, abarca una serie de aspectos que intentan ir definiéndonos como sociedad e individuos Chilenos desde una mirada plural y analítica. Partiendo de la premisa de que, como dijese François Ascher “las formas de las ciudades, tanto si han sido pensadas específicamente como si son el resultado más o menos espontáneo de dinámicas diferentes, cristalizan y reflejan las lógicas de las sociedades que acogen resulta interesante entrar al problema de nuestras ciudades desde la comprensión de la sociedad que las construye y habita, y pareciese que algunas de las claves para esta prematura comprensión estaría en los mencionados informes.

Dentro del amplio espectro de temas que abordan estos informes, quisiera referirme en esta ocasión a un capítulo titulado “La obsesión por el orden y el temor al caos” del Informe del año 2002 (Versión editada por LOM, Eugenio Ortega R., Pedro Güell V., Norbert Lechner B., Rodrigo Márquez A., Soledad Godoy M.), abordando la relación con éstos -el orden y el caos- como elementos centrales de la construcción política de los imaginarios colectivos.

“La especificidad del imaginario chileno parece radicar en la sacralización del orden como una unidad determinada desde su origen, a la vez que constantemente amenazada por el desorden. Este imaginario saca fuerza del imaginario antónimo: la omnipresencia de fuerzas oscuras al acecho. Es el miedo al “Otro”, al otro diferente y desconocido”

Ahora bien, esta condición al parecer inherente a la sociedad chilena, exacerbada con una historia reciente conflictiva y por ciudades altamente segregadas, ¿de qué manera influye en los procesos de diseño y en la construcción de ciudad? Una primera y apresurada respuesta podría estar dada por la influencia de éstas características en la definición de agendas públicas de carácter político, y la repercusión de éstas, a su vez, en la construcción de una agenda disciplinar vinculada a las necesidades de la ciudad; si bien esto es cierto, parece ser una vinculación demasiado generalista. La noción de “miedo al caos”, y la constitución de una población temerosa, y muchas veces por lo mismo extremadamente conservadora, determinará la demanda por una ciudad que se enmarca en esos espacios de control de lo propio y de escasa toma de riesgos a la hora de diseñar el medio físico, escasez de osadía también presente en el diseño de nuestras estructuras políticas y sociales.

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Al respecto resulta interesante el planteamiento hecho por el mismo informe en torno a las paradojas que se dan al existir esta condición en el actual contexto de neoliberalismo desenfrenado en el país:

“En las últimas décadas del siglo XX se observa una ruptura con la construcción político-estatal de un imaginario público, desplazado por un imaginario privado. [...] Un primer dilema se presenta al extenderse un imaginario social que otorga una mayor relevancia al deseo de “ser sí mismo”. Buscando afirmarse a sí mismo, choca una y otra vez contra las “leyes naturales” del orden. Desea “soltarse las tranzas”, pero lo frena la memoria traumática del pasado. A la par que quisiera “vivir su propia vida”, recuerda que el deseo de libertad socava el orden y lleva al conflicto. Por temor a sí mismo, al desorden que podría provocar su subjetividad, el individuo se disciplina. Y lleva una vida a contrapelo.”

“[...] si el miedo al conflicto se proyecta al futuro, podría restar vitalidad a la democracia, porque obliga a una delimitación estrecha (no conflictiva) de lo posible. [...] El mercado, como imaginario colectivo, despeja la mirada sobre los desafíos de la individualización, pero sin facilitar al individuo una imagen de sociedad. Lo social aparece como un orden natural al que habría que adaptarse.”

La dificultad planteada en esta paradoja en torno a la difícil construcción de “lo social” en el Chile actual, sin duda repercute en la construcción de “lo público”, y entendiendo la ciudad como el principal enclave de lo colectivo, se nos presenta una problemática importante, que no debiésemos perder de vista en vista frente a los objetivos de desarrollo del país (tales como la inserción en la Economía del Conocimiento , el fomento a la innovación y la contingente mejora la educación) y sus repercusiones en el medio social y físico.

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Foto vía Flickr por ratiti

*PNUD, “Desarrollo Humano en Chile Vol.1. Nosotros los chilenos: un desafío Cultural”. Eugenio Ortega R., Pedro Güell V., Norbert Lechner B., Rodrigo Márquez A., Soledad Godoy M. Santiago, LOM Ediciones, 2004.

21 Comentarios »
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Quizas por eso Valparaiso sea un respiro al “orden”, por lo caotico de su distribucion, pero conservando el encanto urbano que solo se da en ciudades unicas como esta.

 
# Julio 18, 2008 a las 10:34
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Ximena Catalán A. dice:

Me parece genial la idea de hacer esta serie de artículos reflexionando sobre el tema del desarrollo urbano en base a la valiosa información que nos entregan los informes del PNUD, información que muchas veces se pierde y no es materia de interpretación.

Saludos,
Ximena.

 
# Julio 18, 2008 a las 11:02
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[aik] dice:

Interesante artículo, pero discutible.
Asociar neoliberalismo con la obsesión por el orden me parece forzado; ¿hay algo mas desordenado que un mall? creo que el mercado ha entendido antes que nadie que favorecer la diversidad “es bueno para el negocio”, porque se crean nuevos nichos y nuevas demandas.
Y en el ambito publico ¿es ordenada la construcción de las carreteras urbanas, en las comunas periféricas?
Quizás, lo que habría que lograr, es un orden que integrara mas visiones y usos; quizás con contextos ordenados, cada uno puede hacer lo que quiera con mas plenitud.
Tomando el ejemplo del comentario anterior; a mi me parece que Valparaíso tiene un orden clarísimo. Y, por lo mismo, favorece la diversidad de cada casa, escalera y pasaje.

 
# Julio 18, 2008 a las 11:05
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Armando Osse dice:

el articulo me eparece bastante imparcial y con un ligero tono izquierdista resentido, hablan generaliadadesm la opion es valida, pero comete muchos errores, en Chile no hay barrios segregados a expecion de SAntiago y quizaz una ciudad mas, el tema de la segregacion en los barrios privados no es tem aporque es una decision de la persona o vamos a decir tambien que los departamenos son sgeregacion, el ejempllo es facil, todos saben lo que cuesta que esten todos de acuerdo en un edificio, una junta de vecinos incluso en una reunion de apoderados, por ende es mucho mas dificil estar de acuerdo o unirse a una politica urbana de un pueblo, una ciudad de 1.000.000 o mas aun de 6.000.000, quizaz solo las guerras o amezasas muy granden logran ese efecto, o la simple vision o impocicion del lider del momento, en Valpaaiso todos tenian una vision urbana clara y comun, tanto publicos como privados, construir calles y escaleras que bajan al plan, el espacio libre sera para casas

 
# Julio 18, 2008 a las 14:46
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Mario Ignacio dice:

¿Qué tiene que ver neoliberalismo con la obsesión por el orden? Todo lo contrario, en la medida que se reduzca la intervención del Estado sobre la economía, lo que tiende a predominar es la libre competencia (siempre y cuando existan ciertos resguardos contra la amenaza de los monopolios). Por lo tanto, al menos en el ámbito económico, se da una situación mucho más “caótica” donde solo el máximo de eficiencia te garantiza un éxito momentáneo (y siempre frágil). Por algo Marx acuñó la frase “todo lo sólido se desvanece en el aire” para referirse al estado de ánimo predominante en el capitalismo liberal. El mercado no genera ningún orden estable, sino un dinamismo en el cual constantemente entran y salen actores de la escena.
Por lo demás, siendo sociólogo, considero que el argumento del informe del PNUD es tremendamente “vaporoso” y hasta medio metafísico. Peca de utilizar un lenguaje demasiado abstracto, sin explicarte como se conecta ese discurso con la realidad.
Creo que la dialéctica orden-libertad es insuperable, siempre la libertad esta garantizada por un orden (legal, normativo). No existe libertad sin orden.

Tengo mis dudas ¿Cómo se traduce esa supuesta obsesión por el orden en nuestra forma de hacer ciudad? Por el contrario, creo que nuestras ciudades no son ni muy ordenadas, ni muy caóticas tampoco. Nuestras ciudades serían la evidencia empírica de que realmente no estamos tan obsesionados con el orden. De lo contrario, el rol del mercado sería mucho más reducido y las decisiones estarían concentradas en un órgano planificador centralizado (al estilo de un régimen totalitario).

 
# Julio 18, 2008 a las 14:58
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Camila:

Que título tan refrescantemente provocador y que artículo más interesante. Felicitaciones.

Respecto a lo que dice [aik], se entiende a lo que apuntas pero me parece que no es a lo que Camila se refiere. Si bien creo que podría haber cosas interesantes en leer tan literalmente la manifestación de las estructuras sociales en la forma de escaleras o pasajes, mi opinión personal es que ese nivel de reduccionismos, muy tradicional entre arquitectos, le ha hecho mucho daño a nuestras ciudades.

De hecho, es muy interesante pasar del enfoque objetual-decimonónico de los arquitectos a las visiones más sistémicas que existen en las ciencias sociales hace varias décadas, manera de la cual claramente se puede entender la observación hecha por Camila.

La manifestación más latente está, a mi juicio, en lo que ella misma mencionó como la separación entre lo privado y lo público. El desorden es entendido como algo permitido y natural en el ámbito privado, diseñado así en nuestras estructuras político-sociales, pero segregado de lo público. Siendo sensible con la obsesión objetual de los arquitectos, diría que esto se manifiesta de forma muy literal en la potencia que tuvo la agenda de la “erradicación de los campamentos”. Hoy en día las poblaciones callampas no son el fenómeno masivo de antes, y han sido erradicadas del paisaje urbano chileno, al menos del “imaginario oficial”. Lo que se ha hecho es “formalizar” la pobreza, en conjuntos de vivienda social como los que se ven en una de las fotos arriba. Ahora, si uno va a La Pintana, en las direcciones de obras y de vivienda de la municipalidad están preocupados de los gigantescos “slums” que se acumulan en los fondos de lote, detrás de las fachadas y lejos del espacio público. Eso es desorden e informalidad, pero ya no se ve, y está contenida en tu lote privado.

La estructura legal que rige la ciudad, a través de leyes y ordenanzas de urbanismo, manifiestan algo parecido, y ahí sí es notable una relación entre el orden neoliberal y la acentuación del orden por sobre el temor al caos. Lucas Sierra, abogado e investigador del CEP (y claramente un entusiasta de la centro-derecha, para los obtusos que vienen con descalificaciones como “izquierdistas resentidos” que ni siquiera merecen comentario), en el libro de Galetovic “Santiago: Dónde estamos y hacia adonde vamos” habla de que en el marco operativo urbano chileno existe una visión antagónica de los roles del Estado y los privados en el desarrollo urbano, en la que se formaliza una relación entre “particulares” y un ente que debe “regularlos” que perjudica la capacidad de asociación. Lo interesante que dice Sierra, es que este marco operativo-jurídico para el desarrollo urbano (paradójicamente receptáculo de los momentos más duros de la imposición de políticas neoliberales en Dictadura) coarta la capacidad de los “particulares” de establecer relaciones y asociatividades entre ellos, teniendo que siempre actuar solos enfrentados a un estado demasiado grande, sin poder generar las sinergias colectivas necesarias para desarrollar fragmentos de ciudad, por debajo de la escala “pública” que significa el Estado.

Eso es interesante y también lo ha planteado Elke Schlack en relación a que no existen espacios intermedios entre lo “público” y lo “privado”, que sería lo “colectivo”. Esto se lee tanto en las dificultades que siempre se presentan en cualquier co-propiedad hasta en los “espacios arquitectónicos” como el Mall, donde al espacio privatizado y controlado de sus interiores se les contrapone la degradación del espacio público en las cercanías (a excepción de las relacionadas con la accesibilidad de su público, donde han comenzado a aparecer fenómenos interesantes en el Paradero 14 y los Boulevares como el del Parque Arauco o el Mall Plaza La Serena en regiones). En los marcos operativo-jurídicos prima el trabajo sobre esta relación de desconfianza entre lo “público” y lo “privado” que combina graciosa y macabramente un Constitucionalismo severo con un ortodoxo “dejar hacer” que hoy, como bien dice Lechner y la gente del PNUD, se intenta “naturalizar”. Los matices que empiezan a demandarse entre lo público y lo privado (o privatizado) tienen respuestas torpes en este contexto del amor al orden-patria y temor al caos-colectivo-no-estatal.

Estos fenómenos urbanos confirman la tesis planteada por el PNUD y la excelente traducción a la ciudad que hace Camila.

 
# Julio 18, 2008 a las 16:47
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Armando:

Debieras googlear Alerce en Puerto Montt, Alto Hospicio en el norte grande y Las Compañías en La Serena para que te informes sobre el tema de la segregación en las ciudades de regiones.

Mario:

En Chile es bastante poca la regulación sobre el mercado de suelos, eso es verdad. El “orden” al que se refiere camila tiene que ver justamente con la “naturalización de un orden social” que depende en primer lugar de la fuerza de las leyes de mercado, especialmente respecto a la globalización. Por lo tanto, la tesis no queda excluida con lo que dices.

Creo que donde queda manifiesto en nuestra forma de hacer ciudad es justamente en esta esquizofrénica relación entre la desregulación del mercado de suelos y la noción de “batalla entre Estado y Privados” que se manifiesta en el contexto operativo-jurídico del desarrollo urbano. El mejor ejemplo es el subsidio estatal a la demanda en la Vivienda Social / que ejecutan privados / que tienen una demanda asegurada, formalizando la pobreza tanto en términos icónicos como en un tejido urbano de una geometría implacablemente torpe-pseudo-racional / que se ubica fuera de los límites urbanos legales justamente por el precio de suelo / que el mismo estado regula / para luego él mismo violar su regulación. Hay una cosa rara entre el “orden” institucional y el “orden” derivado de la naturalización de formas de vida que dependen de un mercado desregulado. Parece que entre estas dos cosas arman aquello que en Chile se opone al maligno caos.

Salud!

 
# Julio 18, 2008 a las 17:05
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Patricio Ponce Arqueros dice:

Es realemente relevante el orden (espacial) en nuestras ciudades?

La cosa creo que cambia si se trata del orden social, que por mucho que se las asocie con el orden espacial tienen poco que ver.

Cosa diferente es que ese orden (social o político) permita o restrinja las libertades ciudadanas y facilite o impida la segregación. Segregaciòn que más que un fundamento espacial tiene que ver con las redes de oportunidades y el acceso a bienes y servicios: combustible para un desarrollo eficaz, sostenible en el tiempo y no meramente asistencialista.

Es aquí donde el “miedo al otro” entra en juego y donde el rol del estado debe actuar, generando un clima de confianza y seguridad que impida que “ver al otro” me cause miedo. Como bien linkeaba camila a los post del día del joven combatiente, no es posible que el “miedo al otro” paralice una ciudad, o termine por arrebatar al Estado partes de la ciudad o de un país, como ocurre hoy en paìses vecinos.

No confundamos orden con temor al caos, ni menos con restringir libertades. Sino miremos a Colombia.

 
# Julio 18, 2008 a las 17:43
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Armando Osses dice:

Al parecer molesto mi comentario, siendo mas especifico, Nicolas, conozco las compañias y el barrio esta a un poco mas de un kilometro del centro de la Serena, lo que pasa con los barrios perifiericos sociales no es la supuesta segregacion sino el desarraigo que sufren sus habitantes al tener que en ciudades extensas pasen de estar en el centro de las ciudades cerca de sus empleos y familia a un ambiente distinto, ademas el probrema tambien es que las villas sociales son como manchas de petroleo una o dos villas pronto seran absorvidas por el tejido urbano, pero muchas o una muy grande el tejido no la absorvera y su campo de pobreza se expandira, y lo ultimo es lo que pasa siempre el estado prefiere abarrotar de villas un area, como digo el Estado delega la construccion de villas sociales en la empresa privada, pero es el SERVIU quien tiene la ultima palabra y estima donde se construyen, el Serviu lo que hace es decidir solo bajo un espectro economico mas casas por menos dinero, y debe mirarse el asunto un poco mas alla, casas/terrenos grandes x ubicacion central= gran rentabilidad social y economica pues a esos probres les estaran regalando una casa de $20.000.000 por el precio de $5.000.000.

Nicolas sin tanto me invitas a googlear , yo te einivto que vayas a Valparaiso y conozcas el 1º Sector de Playa Ancha, cerca de ese horrible proyecto de Elemental, y veas como un sector bueno, de clase media se vino abajo con el colapso de villas sociales, el conjunto construido bajo el mandato del presidente Allesandri, consta de una calle principal pavimentada, una escuela, un barrio comercial, una multicancha y sede social, sectores con casas de 2 pisos o uno, o algunos blocks,(3 dormitorios, baño, cocina y living-comedor) 64 m2 es el promedio de las viviendas. todo el pontencial para surgir, pero que no pudo, y efecto acentuado con las sucuchos de Elemental.

Por eso eso que llaman “segregacion” es culpa de las politicas publicas y no de los privados, el Estado debe velarpor impones directrices claras como que se respeten cotas o continuaciones de calles y avenida, o derecehamente planificar las calles y que los privados la respeten como el caso de NEW YORK, donde fueron las auroridades que anticpanode a la gran capital que es NEW YORK planificaron sus calles en una perfecta cuadricula rectancgular, o algo mas cercano el ejemplo de la ciudad de CHillan, con sus hermosas avenidas que no fueron respetados para nada, el sucuso pasa porque el normar y tener un estado que regule fuertemente las ciudades hace que se tenga en el subconciente un gobierno pseudo-comunista para los empresarios dueños de la tierra, o us estado pseudo-facista para otra gente.

El caso de Valparaiso es otro muy distinto, pues la ciudad es un caos urbano, pero que como dije tiene un sentido cerro-mar, pues todas las calles, pasajes y escaleras tratan siempre se bajar al plan, por eso son escasas las calles que comunican transversalemnete los cerros, este caos urbano parte de la necesidad de viviendas en la ciudad de Valparariso y de ganarle a la topogradia, si la bahia de Valparaiso hubiese sido tan plana como la ciudad de La serena o Quintero ese caos no hubiese existido y la ciudad seria mas parecidad a Buenos Aires, Capetown Sidney y no lo que es hoy

 
# Julio 18, 2008 a las 18:19
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[aik] y Mario:
Lo planteado es todo lo contrario a creer que es el mercado el que trae el orden. Lo que plantea el informe del PNUD (y que yo cito en el artículo) es precisamente que la tradicional relación en la cultura chilena de la “obseción por el orden” entra en una relación paradojal con la instalación definitiva del neoliberalismo en la sociedad chilena. Se trata de un choque entre el orden y el marcado, y no lo contrario. Así lo plantea el informe: “al extenderse un imaginario social [neoliberalismo] que otorga una mayor relevancia al deseo de “ser sí mismo”. Buscando afirmarse a sí mismo, choca una y otra vez contra las “leyes naturales” del orden.”

Armando:
Sólo un comentario. Ciertamente los problemas de segragación, y en particular de localización de la vivienda social, tienen su origen en acciones tanto pública como privadas. No hay que olvidar que gran parte de las comunas periféricas y socialmente homogeneas de, por ejemplo, Santiago, fueron construidas por el Estado. Ahora bien, dentro de las cosas que planteas, me parece especialmente interesante para abrir una discusión lo planteado en torno a la regulación estatal; efectivamente es rol del estado dar el marco regulatorio para que los privados actuen sobre la realidad, en este caso en particular sobre el territorio; en ese sentido uno podría leer una “responsabilidad” de éste al no dar los marcos apropiados… sin embargo, parece insólito que, por lo general, se excuse los excesos de los privados en la falta de regulación. Se parte de la premisa que, si el estado no pone límites, los privados comeran todo lo que puedan (?). Las responsabilidades son compartidas, claro está; pero resulta desolador pensar que mientras el Estado no norme de manera más estricta, los privados actuaran sin algún tipo de límite, y que por lo tanto necesitamos un aparato estatal prohibitivo más que incentivador, no te parece?

Gracias por los comentarios.
Interesante discusión.

 
# Julio 18, 2008 a las 19:03
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Muchas gracias por el post.
Yo creo que habría que separar la politica neolibral, de los políticos neolibrales. Comparto que casi en su fundamento, el neoliberalismo debiera acercarnos al desorden, pero en Chile este enfoque fue implementado por el ala más conservadora y amante del orden del pais.

Saludos,

 
# Julio 19, 2008 a las 10:21
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Daniel Buzeta dice:

Muy buen articulo.
A mi parecer el tema central cuando hablamos de la “obsesión por el orden”, o la homogenizacion de los espacios, no esta tanto en una “cultura del orden” ni tampoco en la relacion publico-privada, sino que es un tema de escala.
Cualquier intervención masiva de vivienda es mas facil, rápido y barato hacerla con un orden repetitivo por razones obvias. Esto en Chile y en cualquier parte del mundo. Se mencionan los casos de la Pintana y Peñalolen, creados por el estado o por acciones publico/privadas, pero en el otro extremo vemos la misma obsesion por el orden en San Carlos de Apoquindo y Lo Barnechea creado por privados. El mismo orden pero con otro estandar.
Tampoco pienso que tenga que ver con el marxismo o el neoliberalismo. Asi como sabemos de los gigantes monoblocks creados en paises comunistas vemos las eternas poblaciones y barrios creados en la actualidad.
Mi opinión es que el tema es absolutamente economico, mientras siga siendo mas barato construir casas iguales; publicos y privados, seguiran construyendo con un orden homogeneo, en Chile y en cualquier país.

Como arquitectos creo que el desafío no es apostar a un Estado represivo sino a desarrollar nuevas estrategias de diseño que permitan crear viviendas personalizadas a un precio que pueda competir con las estandarizadas. Este desafio, con las nuevas tecnologías de diseño y producción, es cada vez mas posible.
Como urbanistas si creo que es necesario una mayor regulación estatal para asegurar espacios heterogeneos y de calidad.

 
# Julio 19, 2008 a las 12:55
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Eduardo Canteros G. dice:

Muy interesane discusión.
Simplemente quisiera llamar la atención sobre la capacidad creativa del orden, expresado como orden urbano en muchos de nuestros barrios.

En Santiago, al igual que en muchas ciudades de nuestro país, existen una serie de barrios tradicionales, los cuales, por necesidad de la ciudad y/u oportunidad de mercado, han comenzado a ser invadidos/poblados por nuevos y vistosos edificios habitacionales de altura.

Por la irrupación de estos edificios en un contexto de casas de uno o dos pisos, se ha creado un conflícto en una veintena de sectores de Santiago, donde los vecinos atacan principalmente al alcalde por permitir, mediante el Plar Regulador Comunal, el deterioro del barrio.

Los vecinos defienden un barrio conocido, el cual fue conquistado por ellos en un tiempo pasado y sobre el cual generaron un cierto orden, o manera aprendida de vivir el barrio y la ciudad. En este orden hay elementos materiales como ancho de aceras, altura y continuidad de fachadas, plazas, comercio, y también aspectos no materiales denominados como vida de barrio animada por sus habitantes mediante el uso de los espacios.

Ahora, estos vecinos critican el desorden o caos que provocarían estas nuevas intervenciones de manos de inmobilirias. Se estaría perdiendo el barrio, el sol, ya no sería posible transitar por sus calles… protestan muchso vecinos.

Este escenario simplificado del conflícto nos puede hacer pensar que los vecinos son “conservadores” o “reaccionarios”, e incluso que son un grupo de interés específico que quiere cierta clausura de su barrio.

Sin embargo, esta postura “conservadora”, ha puesto en el debate nacional la posibilidad de crear una Planificación Participativa de nuestra ciudad y comunal, poniendo en evidencia los vicios procedimentales de los actuales espacios de Participación en los Instrumentos de Planificación Territorial.

Más allá que esto se tome o no en la propuesta que el ejecutivo envió al Congreso sobre Planificación Urbana(simplemente decir que muchos de los movimientos ciudadanos defensores del barrio se demuestran muy inconformes con la propuesta Ministerial) o si en definitiva los grupos de defensa ciudadana de los barrios son o no un grupo de interés, simplemente quisiera dejar en evidencia el caracter creativo del orden urbano, y que no siempre el miedo al caos es un terreno fértil para la inmobilidad o restarle vitalidad a la democracia, sino que también puede ser un espacio para proponer, rescatar y validar las formas comunitarias e historicas bajo las cuales hemos construido un barrio.

Saludos,

 
# Julio 19, 2008 a las 15:03
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Federico URqueta dice:

Esta muy mal planteado el tema pues deberi ser:
La necesidad de orden, y el temor del dominio, pues cada vez que el Estado es estricto y pone orden a lo que hacen los privados, saltan los grandes empresarios y gentuza neoizquierdista que ante cualquier intento de poner orden, estos alegan por cualquier cosa, si por ejemplo hicierammos algo parceido a la idea de Berlusconi en Italia, ( obtener las huellas digitales de todos los italianos), por ejemplo que en Chile se tenga una base de datos de, con todas las huellas digitales y el ADN de cada chileno. para tanto la identificacion efectiva en procesos civiles como para criminales. tendriamos a esa misma gentuza alegando.

Aqui las ciudades se deben planificar de antes, por lo menos adelantarse unos 25 años como minimo, exigiendo continuar lo mas posible con la trama urbana existente, y por ejemplo controlar el crecimiento de Santiago con dos simples leyes, que Santiago no consuma mas de 70% del ingreso fiscal, siendo que esta genera solo el 55%, y subir 4 veces los impuestos a industrias contaminantes de Santiago, en especial a las industrias que perfectamente pueden funcionar en cualquier lado, y ojo que se vaya con todo, desde la usina hasta la gerencia, pues muchas empresas laborn en Conpecion, Navieras por ejemplo, pero tienen la gerencia en las Condes

 
# Julio 20, 2008 a las 11:12
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Pablo P. dice:

Muy bien Camila, buen artículo, me temo que hay varios comentadores que no leyeron, lástima.

En efecto, la ciudad es manifestación de la sociedad, de hecho, la costrucción urbana es una actividad económica muy relevante, sea privada o pública.

Pienso que yo no podría generalizar sobre algunas conclusiones que tus reflexiones parecen sugerir, por cuanto al examinar un periodo de tiempo más largo, más acorde con los ciclos propios de las ciudades, uno se topa con numerosos hechos que por diferentes cauces desembocan en la actual situación de nuestras ciudades.

Repasando motivaciones y formas de algunos procesos de grandes expansiones de Santiago, que es la única ciudad grande que más o menos conozco, se observa de inmediato una notoria discontinuidad y erraticidad en las políticas públicas respecto de la ciudad, como un pendulo entre dos extremos, por cierto, esas característiacs no son otra cosa que el correlato de la misma discontinuidad y erraticidad que caracterizó a casi toda la actividad estatal durante la mayor parte del Siglo XX.

No sé hasta qué punto es adecuado aplicar a una sociedad adjetivos apropiados para individuos, sobre todo cuando ese apelativo tiene un significado que trasciende por mucho el del diccionario. Específicamente, me dan muchas ganas de decir que aún somos una “nación adolescente”, recién dejando la niñez, ávidamente inexpertos, recién dándonos cuenta de que nuestras acciones tienen consecuencias para nosotros mismos más allá de lo inmediato.

 
# Julio 21, 2008 a las 02:32
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Marcelo dice:

jajaja…..un mall no tiene nada de “desordenado”……los pasos de cada personas son seguidos y se vigila que se mantengan dentro de un flujo premeditado.
Todo lo que pasa en un mall, es un simulacro descafeinado de lo que ocurre en el verdadero espacio publico.

caracterizar de “desordenado” lo que ocurre dentro de un mall, equivale a tratar de rockero a Joaquin Lavin porque porque combina la chaqueta de cotele con los dockers el dia viernes
(nada contra Joaquin en todo caso, me cae re bien)

un muy buen post, en todo caso.
gracias

 
# Julio 21, 2008 a las 16:06
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[aik] dice:

Marcelo, me refería a sus procesos de crecimiento, a su infraestructura.

Nicolás, tanto en el artículo como en tus aportes, se produce una ambigüedad de las palabras entre las estructuras sociales y las estructuras físicas, que me parece notable. Creo que mantener esa ambigüedad es útil para la discusión; me enseñaron y así lo creo, que uno tiene que atender tanto las construcciones como la vida que se produce en ellas.

Finalmente, qué es lo que propone el artículo? ¿cuales serían las consecuencias en la forma de la ciudad -nuestro trabajo como arquitectos- si el individuo “se soltara las trenzas” y dejara de “vivir a contrapelo”?
Mi postura es que los entornos urbanos ordenados – esta palabra es engañosa, ni por un minuto asociar a “cartesianos”- favorecen su uso mas libre y caótico. Algo que es deseable si uno cree que la ciudad debe reunir e incentivar la diferencia.

 
# Julio 22, 2008 a las 13:26
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