
Durante las últimas dos décadas en Chile hemos visto a los Gobiernos democráticos iniciar el proceso de concesiones privadas en infraestructura, variados programas de renovación urbana, zonas de desarrollo urbano condicionado, cincos por ciento de terrenos inmobiliarios para vivienda social y recuperaciones de bordes costeros urbanos que han causado un debate nuevo, en torno a los aciertos y errores de las iniciativas, mas bien reactivos y posteriores a su implementación.
Las manifestaciones de los grupos ciudadanos organizados en la mayoría de los casos no han logrado detener estos procesos, con algunas excepciones como Valparaíso o Ñuñoa. En general, la autoridad local o nacional se ha comportado cercana a la permisividad normativa, privilegiando mayoritariamente la inversión de fondos y trabajo por sobre el cuestionamiento de sus calidades, evaluar sus impactos o defender sus capacidades de integración socio-espacial.
En esta era en la que nuestro país avanza rápidamente hacia la plena integración global y la ciudad se ve enfrentada a aceleradas transformaciones, pareciera ser que la manifiesta búsqueda de competitividad por parte de la autoridad es sinónimo de que el Estado se desregula sin límite, incluso con riesgos de desentenderse del bien común y perder su declaración original y fundamental. La forma urbana ha sido, es y será el reflejo material de estas disposiciones y conflictos.
Entonces: ¿Tiene límite la desregulación?
La aparición de movimientos ciudadanos de queja demuestra que el interés por mejorar la calidad urbana ya no es exclusivo de la autoridad y más aún, se ha hecho progresivamente cuestionable. El debate generado es valioso, aunque las posiciones duras de las partes del conflicto congelen inicialmente el avance. Los pasos al acuerdo han debido ser mutuos, en el difícil equilibrio entre economía y poesía.
Las declaraciones del Presidente del Colegio de Arquitectos parecen ser acertadas en el sentido de que al menos los Arquitectos debieran estar del lado del Estado al momento de hablar de concesiones de infraestructura o megaintervenciones urbanas. En la actual condición mas bien se establece un Arquitecto que maquilla y a dependencia de quien invierte, permite el mínimo cumplimiento y máxima ganancia: se han desperdiciado así tremendas oportunidades de Espacio Público, integración social e identidad urbana, a puertas de celebrar el país el Bicentenario de la República 2010.
Si sumamos a esto que a mas del 70% de la población de Santiago no le agrada vivir en Santiago, cada transformación que no sea analizada continuará extendiendo esta actitud de “pisarnos la cola” y reaccionar tardíamente, con los enormes costos que eso puede implicar.
El debate ha comenzado, para mejorar las condiciones actuales y hacer posible un Estado capaz de ser voraz, esta vez en la otra trinchera, la que defiende el bien común de las ciudades gratas.



















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Pienso que los arquitectos y arquitectas que nos interesamos por los temas urbanos más que tomar un cierto partido (del lado del estado o del lado de los ciudadanos descontentos) deberíamos tener una opinión, convertirnos en un referente. Las intervenciones del Colegio son escasas, tímidas, a veces un poco añejas…Faltan proposiciones, falta gestión, en definitiva falta compromiso.
http://www.temasarq.blogspot.com
De acuerdo, el estado ha perdido la brujula de respaldar el bien comun, de buscar junto a la participacion ciudadana el ideal urbano y regular para su cumplimiento, entendiendo el mercado pero no siendo un esclavo de el.
Y los arquitectos debieran fomentar la regulacion e implementacion del buen diseno (no estetica en si pero si buenas practicas como diseno urbano que complemente el entorno, cree espacios publicos de calidad y eleve el niver de vida del ciudadano comun).
Si no, los arquitectos van a seguir siendo esclavos del dinero y la mediocridad y a tener a los vecinos de enemigos en vez de aliados, creando una ciudad cada vez mas hostil y sin personalidad.
El estado hoy es como la farándula, sólo desea aparecer en el momento apropiado y listo… Para todo lo demás, tírele la foca a los privados.
kurotashiO!
lo que les interesa a todos los planificadores de los ministerios es como van a pasar el platillo después de cada proyecto, les interesa el billete y solamente el billete, que paso en chacabuco esas tierras no valían un peso, llego la ZODUC y cuanto valen ahora o cuanto las hicieron valer, el que se anticipo sabiendo ya esos cambios hizo el negocio del siglo.
y ustedes creen que no se pusieron de acuerdo entre 4 paredes con los empresarios para repartirse los terrenos.
que van a ser los ciudadanos si lo que menos les importa es ese factor entre menos se metan es mejor
que paso con el transantiago se dejo en manos de los corruptos y quedo claro donde están las proriedades del estado obviamente con los empresarios
llamenlo como quieran, yo lo llamo corrupción.