Foto: Felipe Fontecilla Ventura [Cientodiez]
“La misión de las universidades es establecer la vanguardia en la observación de los problemas que plantean tanto la arquitectura en particular, como la ciudad en general. De allí el interés de ver las propuestas de los jóvenes que libres de prejuicios aportan ideas frescas y sueños posibles.”
Hace más de un año, con esta cita al texto oficial de la muestra universitaria en la XV Bienal de Arquitectura de Santiago, partía un post para comentar esta visión de lo que las escuelas de arquitectura representaban para la sociedad. Por estos días, luego de haber visto la presentación realizada recientemente por Juan Román, director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Talca [Seminario Cientodiez] , puedo decir que tal visión se quedaba absolutamente corta; en el centro-sur de Chile están ocurriendo muchas cosas que así lo afirman con fuerza.
Se trata de mucho más que “propuestas de los jóvenes que libres de prejuicios aportan ideas frescas y sueños posibles”. Paradójicamente, todo se inicia con una difícil opción; Román relata que hace menos de diez años, cuando se fundaba esta nueva escuela, fue difícil llegar a la decisión de “renunciar a ser un centro de pensamiento”, para concentrarse en el “hacer”. Esto implica además la renuncia a la figuración entre el resto de las escuelas tradicionales, a cualquier tipo de Star-system y en definitiva a la centralidad, por la atención al propio territorio: la única escuela de arquitectura entre Santiago y Concepción, un estudiantado que en su mayoría está compuesto por la primera generación en su familia con estudios profesionales, un territorio identificable entre Rancagua y Chillán.
A través de una mezcla implacable entre localidad y globalidad, el 2003 se publica la idea de la CiudadValleCentral [posteado ya hace tiempo en Plataforma]. La colaboración con el holandés Winy Maas [MVRDV] y un modelo de funcionamiento que ha permitido contar con interesantes profesores visitantes y un cuerpo estable de profesores jóvenes de alta preparación académica, se mezcla con el trabajo intenso con los materiales locales, y las intervenciones en el territorio rural a través de talleres transversales de obra.
Entonces aparece el modelo de titulación más ambicioso; cada nuevo arquitecto debe ser capaz de ya no sólo diseñar, sino también gestionar y construir su proyecto de título. Este enorme peso que para muchos es excesivo, se ha resuelto de manera mucho más natural y atrayente de lo esperado, con resultados que comienzan a interesar incluso en los círculos más centrales, metropolitanos, cercanos al Star System. En el que es su último proyecto como estudiantes, y el primero como arquitectos, se ha trabajado principalmente sobre programas de interés social, susceptibles de ser financiados con fondos estataless, asegurando el interés público de las propuestas. De esta manera queda garantizado que el tiempo y energía invertido en la Universidad tiene un valor social enorme, por si mismo.
Foto: Blog de Rodrigo Sheward
Antes que ésta, hace ya bastantes años, se dio inicio en Chile a una escuela de arquitectura donde también decidieron concentrarse en experimentar con el hacer; sin embargo, para ser capaces de ello fue necesario templar todo valor social, político y económico en el refugio de lo poético. Si la Ciudad Abierta de Ritoque fue un campo fértil de la belleza, para la Universidad de Talca toda la tierra del centro-sur chileno es su Ritoque. En menos de diez años, ya van cincuenta obras construidas. Para su primer decenio, probablemente lleguen a cien. En Talca hay otra arquitectura, y otra manera de entender el territorio.
Para quienes hemos de andar y pensar en el Centro, en Santiago, la sencillez de una propuesta sensata como Talca la hace agigantarse al lado de las más tradicionales posiciones de conocimiento y poder; a partir de una sólida declaración de principios de lo que la Universidad es en la sociedad, esta escuela logra, en definitiva, “hacerse cargo de la modernidad en su territorio”. Esta última, que sería la más grande pretensión lanzada al inicio de un proyecto como éste, es aquí algo ya logrado.
La cita que dio inicio a este artículo [y al anterior], parece de una tibia ingenuidad y queda absolutamente desacreditada, cuando en Talca una Escuela de Arquitectura se transforma con decisión en un actor político y social relevante, y deja a algunos sintiendo que pierden el tiempo.






















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Me parece muy interesante que escuelas de arquitecturas que quiza tienen pocos años en comparación a otras escuelas con mayor tradición, innoven en metodologías que lleván las ideas de proyecto de un estudiante de arquitectura, a una obra construida concreta de un estudiante ahora convertido en arquitecto, ya que esto los enfrenta a las verdaderas problematicas y dificultades, que enfrentarán en su carrera como arquitecto, de manera muy practica, sobretodo si esto da pie a obras de interés público que realmente aporten a la sociedad.
Esto me hace reflexionar acerca del poco interés por el ámbito social en la Escuela de la UC (diciendolo como estudiante integrante), me parece que esto tiene uno de sus orígenes dentro de los mismos talleres, por lo menos de formación, en que se privilegia el desarrollo de ideas en temas como hoteles, grandes restaurantes, termas, viviendas de gran tamaño, quintas de recreo… etc. en vez de estudiar casos que tengan algun interés social y que realmente puedan aportar a la sociedad.
Nicolás:
Muy buen artículo, pero me parece necesario hacer un par de precisiones.
En primer lugar, el paralelo con la UCV es, por decir lo menos, excesivo. Entre ambas Escuelas hay distancias abismales, principalmente, porque para la UCV no existe separación entre el pensar y el hacer, y al parecer, en Talca esa disociación es el punto de partida.
En segundo lugar, creo necesario precisar que el rol de la Universidad nunca ha sido el de “actuar”. Entiendo –y viví como estudiante- las ganas por aportar a la sociedad algo de lo que uno sabe, pero no es algo que la Universidad deba tomar necesariamente como política. Para eso existen muchas asociaciones satélites de la Universidad (Centros de Alumnos, Federaciones, y hasta los Partidos Políticos), que pueden hacer la ligazón con la acción. La función que la sociedad le entrega a las Universidades es la de generar conocimiento, reflexión y profesionales (en ese orden); la Universidad es la franquicia social para suspender la productividad de algunos jóvenes, para que puedan tener acceso a mejores conocimientos que la media de la población, por lo tanto, la acción del profesional en la sociedad debiera aparecer una vez que se ha cumplido con aprender esos conocimientos, no antes.
Por último, este artículo me confirma una reflexión que hace tiempo tengo, en relación al “apuro” de muchos estudiantes y arquitectos jóvenes por “hacer cosas”. No se si será tu caso, pero en el último tiempo he podido ver que los estudiantes de arquitectura cada vez hacen mas y mas cosas, hasta vivir en un constante stress. El “mito de Aravena” (el tipo exitoso antes de los 30), creo que lleva a muchos alumnos y arquitectos a una carrera desesperada por hacer mas de lo necesario, como si el ser un estudiante destacado conllevara un seguro éxito profesional. Lamentablemente, la experiencia dice todo lo contrario: no hay una correlación entre el éxito académico y el éxito profesional; el día después del título, todo vuelve a partir de cero, y toda la “experiencia” acumulada en los años de escuela sirve de bien poco. Tampoco la juventud es una exigencia; no es obligatorio tener una obra genial antes de los 30. Kahn, Koolhaas, Tschumi, o el mismo Rodrigo Pérez de Arce (por nombrar un caso cercano) no construyeron nada hasta después de los 40, y nadie puede decir que no son buenos profesionales. En ese sentido, creo que la reflexión –y la paciencia- previa a la acción es sumamente necesaria.
Francisco Diaz.
Creo que yo como Nicolas nos inscribimos en una generacion de estudiantes de arquitectura que bien descrbies en la necesidad de hacer cosas y de tener una alta proactividad antes de egresar , de meter bulla con nuestras ideas y de romper esquemas para trascender ya desde la misma escuela de arquitectura.
sin embargo ,ese stress te agota muchas veces y hoy en dia me enfrento al tema del titulo y con claridad veo tu postura.
Pero eso no es motivo para moverse y hacer cosas antes de titularse , al contrario.
Esa hiperkinesis que uno tiene como estudiante que bien te estresa y te golpea muchas veces , son experiencias necesarias para la vida, quizas no te aseguran un futuro economico ni mucho menos , pero si te cargas de experiencia arquitectonica en el ambito de pensar la arquitectura y de expresar cuales son los propios intereses , de dar a conocer nuestras opiniones y de cambiar los estigmas que rondan en el ambiente academico.
Claro que somos ambiciosos , y quizas muchos ya queremos recontruir tocopilla ,solucionar el transantiago , descontaminar santiago , disimnuir la diferencia social y hacer felices a todos los chilenos , , , quizas no nos resulte a todos , pero a mas de uno le resultara y es por eso que tenemos que empujar hacia adelante.
Hay que nivelar hacia arriba y mas de algun nuevo alejandro aravena saldra con ideas capaces de modificar problematicas actuales nacionales.
Quizas no sea ni yo , ni Cientodiez , ni Plataforma , pero hasta no asumirlo , hay que seguir creando un ambiente exigente y proactivo.
Mi humilde opinion.
Saludos.
Si bien es cierto que los estudiantes de arquitectura tienen muchas ganas de hacer cosas, no creo que sea por un afán de ser como “aravena, creo que va mas por crecer con los medios que acortan la producción y consumo de bienes culturales.
Vivir con las herramientas de discusión (como el blog donde estamos discutiendo) acorta bastante la distancia que antes había entre tener una idea, publicarla y tener respuesta.
Además, actualmente es mucho mas fácil obtener la mayor parte de la información necesaria para optar a recursos. Las entidades involucradas (desde los ministerios hasta el homecenter) han sabido sumarse a la red de información.
Por otro lado, gracias a la última tecnología de representación, se tiene más tiempo para abarcar otras áreas del proyecto. Me parece lógico que como estudiantes, nos dediquemos a la gestión, sobre todo con la noción de inmediatez bajo la que hemos crecido.
Estimado Francisco:
Muchas gracias por tu comentario. Posiciones informadas como la tuya son las que han hecho que algunas discusiones en las Plataformas incorporen reflexiones de gran valor.
Volviendo a mostrar la misma postura que en artículo, y admitiendo que pueda estar afectada por la sensación que describo al final de él, me parece que el caso de la Universidad de Talca, y en especial de su Escuela de Arquitectura, rompe muchos de los esquemas a los cuales históricamente nuestra sociedad está acostumbrada. Pienso que la decisión de hacerse cargo de un territorio tan extenso, pero a la vez tan marginal [y acotado, en términos de exposición], fuerza un orden institucional que por lo menos yo no conocía.
Al margen de mi posición, lo que se describe en el artículo no es una aspiración política, ni menos retórica, de quienes [como tú dices] somos “víctimas” del desasosiego universitario; se trata de algo que está sucediendo. Opiniones como “las ganas por aportar a la sociedad algo de lo que uno sabe, pero no es algo que la Universidad deba tomar necesariamente como política” son absolutamente válidas, pero creo que antes hay que hacer una clara distinción entre lo que pueda ser el discurso aspiracional de estudiantes que tu ves en escuelas como la de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y la visión de mundo que se está efectivamente aplicando mediante institucionalidad universitaria como la Escuela de Talca.
A mi me parece que son visiones de mundo diferentes, y que no está claro en tu comentario a cuál de las dos estás criticando.
Llevándolo al tema de las Escuelas de Arquitectura, aunque admito que pueda parecer gratuita la alusión a la UCV, no entiendo tu afirmación de que, en contraste con Valparaíso donde no existe separación entre el pensar y el hacer, “en Talca esa disociación es el punto de partida”. A riesgo de equivocarme, creo que en tal afirmación existe el peligro de pensar en que para “no separar el pensar y el hacer” es necesario un nivel de abstracción [formal-político-social-económico] como el que luce la UCV. Creo que a nivel de las escuelas de arquitectura, el gran interés de Talca es partir de la sencillez de los famosos “cubos de materia” de primer año, para seguir progresando hasta, siempre desde la universidad, llegar a materializar a la escala del proyecto puntual una idea gigantesca como la Ciudad Valle Central.
Finalmente, creo que toda esta discusión se reduce a un problema ya planteado en otras ocasiones:
Tal como pasa con los discursos contemporáneos más influyentes a nivel planetario, corremos el riesgo de confundirnos; de confundir en un discurso político [o ético, para quienes así quieran llamarlo], las estrategias de mercado con las necesidades sociales.
Sin negar toda posibilidad de calce, es distinto pensar en llegar a hacer las “obras maestras” de los arquitectos que nombras [y que inician su iluminada actividad después de los 40] o como dices “conseguir pega después del título”, v/s perseguir cambios socio-culturales, políticos y hasta económicos. Nadie ha dicho que las obras de los estudiantes de Talca sean obras maestras, aunque posiblemente su educación sí los prepare mejor que en otros lados para el mundo laboral. Sí parecen buenas obras.
Y, sobre todo, VALIENTES.
Lo interesante no son cada una de las obras [para evaluarlas como buenas o malas]; lo interesante es el proyecto social [y político] de la institución, que logra reunir el tiempo y la energía de estos [hasta ahora] cincuenta arquitectos durante sus estudios.
Nuevamente gracias por tu comentario, que da a pie a las discusiones que a muchos nos gustan.
Saludos
Nicolás Valenzuela Levi
Estimadao Nicolás:
Soy Profesor Titular de Proyecto y Director del Taller Danza en la Facultad de Arquitectura de Montevideo. Algún tiempo atrás he conocido la experiencia de la Escuela de Talca por referencias de profesores amigos de Argentina y Costa Rica. En Septiembre pasado tuve el gusto de conocer personalmente su trabajo y en los primeros días de Noviembre de recibir, como Profesores Invitados, a Juan Román y Germán Valenzuela. Dictaron dos conferencias que por mi iniciativa titulamos “El Laboratorio de Talca”.
Es que eso es lo que pienso que están llevando adelante en Talca: un insólito laboratorio de pensamiento y acción arquitectónica y territorial. Un camino no comparable con otras experiencias. Ni Ciudad Abierta ni Aravena. Ni mejor ni peor. Ni más local ni más global… sencillamente es otro camino.
En Talca se está abriendo una nueva brecha que invita a transitar un derrotero aún no explorado.
No hay en ellos ni ansiedad de trascendencia ni stress. Por lo menos no del tipo del que conocemos los arquitectos y profesores en ciudades como Santiago, Buenos Aires o Montevideo.
No exagero si digo que en Talca los arquitectos no se identifican con los edificios que construyen sino con la ética de la acción. No preocupan los 40 años ni la obra que detenga el tiempo.
En una actitud probablemente incomprensible para buena parte del star sistem contempopráneo ni Román ni Valenzuela mostraron en Montevideo su obra ni se pusieron por delante de las obras de sus estudiantes. Eso es lo que más nos atrajo. Su vocación y convicción en actuar sobre el modo de pensar las prácticas materiales y no sobre ellas mismas.
En Montevideo los estudiantes del primer curso de nuestro Taller experimentan hoy con cubos de materia. Es una práctica que aprendimos en ese Laboratorio único que es Talca. No transportable…. único y singular. Un Laboratorio que hace de la especificidad del lugar su mayor disfrute y su referencia en el mundo.
Un Laboratorio que no tiene prejuicios para Winny ni para el leñador local.Tan abierto y estimulado por lo uno como por lo otro..
Nicolás, comparto en todos sus términos tu artículo… lo mismo sentimos en Montevideo al escuchar a Román y Valenzuela.
Talca es otro camino.
Nicolás:
Agradezco la amabilidad de tu respuesta, y paso a aclarar un par de puntos en cuestión.
La UCV partió con una postura, o un sentido con respecto a la arquitectura, mucho antes de ser Escuela. Desde que A. Cruz ara profesor en la UC, que venía fraguando una manera de entender las cosas, que solo pudo desarrollarse una vez que se fue con un grupo de gente a Valparaíso. Ahí, con una reflexión bajo el brazo, se vieron en la necesidad de transformarla en obras, primero en intervenciones sobre la misma escuela, luego en concursos, después en las Iglesias del Sur, y, solo finalmente, en Ritoque. Es decir, todo lo que se “hizo” traía una reflexión previa, sin que la “abstracción del mundo” fuera una condición de base. Por el contrario, en Talca deciden “renunciar a ser un centro de pensamiento para concentrarse en el “hacer””, por lo tanto la experiencia es radicalmente distinta.
Esta decisión puede ser valiente, pero a la vez es peligrosa, porque renunciar a ser centro de pensamiento, es renunciar a la condición de Universidad (lugar donde se reúne el “universo” de los conocimientos), para convertirse en un Instituto Técnico (donde se entregan solo los conocimientos que habilitan para un determinado ejercicio). Y si bien, la arquitectura podría enseñarse en Institutos Técnicos como sucede en otros países, en Chile aún tiene categoría Universitaria.
Por lo demás, 50 proyectos-obras, que pueden ser o no valiosas, dicen muy poco con respecto a una Escuela. Para poder evaluar una experiencia de ese tipo, primero debiera existir una producción mucho mayor, y al menos una o dos generaciones de titulados “actuando” profesionalmente, para ver si una enseñanza distinta produce efectivamente profesionales con otras capacidades. Hasta ahora las intenciones parecen buenas, pero se requiere un lapso de tiempo mucho mayor que 10 años para poder pronunciarse a favor o en contra (de los hechos, no de las intenciones).
Ahí es donde entra la “paciencia” como factor.
Personalmente, me agrada que haya estudiantes con las “ganas” y el “ímpetu” de los que han hecho comentarios aquí. Sin embargo, pese a que podamos tener en la actualidad muchos medios de contacto y discusión, la “inmediatez de la sociedad” que alguien comentaba antes, no puede traspasarse directamente a la arquitectura.
La mayor debilidad de la Arquitectura con respecto a la relación con la sociedad, es la lentitud de las respuestas que puede entregar, precisamente por la durabilidad que se les exige. La arquitectura es lenta, y solo se puede apurar bajo la condición de afectar su calidad o su durabilidad física. A todos nos gustaría arreglar Transantiago, como alguien decía antes, pero no podemos –por ejemplo- construir 1000 paraderos a la velocidad en que hacemos un render. Esa es una condición intrínseca de la arquitectura con la que hay que aprender a vivir, sobretodo a los que quieren dedicar su vida a esto.
Hago referencia a la idea de “paciencia” versus la “im-paciencia”, porque hace un par de días conversaba con una alumna de tercer año de arquitectura, que me confesaba estar “cansada” de la cantidad de actividades extra en las que se debía involucrar para poder “destacar” o “estar vigente”, no tanto porque le encontrara sentido a una vida estresada, sino porque como ella decía “en el ambiente de la escuela es una gracia decir que no dormiste en dos días”
El desarrollo personal o profesional, no puede ir en contra de la calidad de vida. Si las cosas no son así, quiere decir que hay algo que está mal planteado.
Estuve presente en la charla sobre la Escuela de Talca, como se ha mencionado aqui me parecio otro camino: sensato, solido y de probado desinteres. Es maravilloso la mezcla de alto vuelo experimental y de atenerse a lo que se tiene que esta escuela propone, la que sin jactarse de ser un centro de pensamiento y mediante el humilde hacer esta construyendo una nueva manera a partir de una profunda y original reflexion acerca del nuevo rol del arquitecto.
Siempre he tenido conflictos con los comentarios a los artículos en los blog. Creo que esta escueta discusión es un ejemplo de lo que se puede lograr.
Por ello felicitaciones.
Bien por la UCV, Aravena y Talca, cada cual atingente en su momento; en ese sentido de atingencia y contingencia es que encuentro válido preguntarse si lo que se enseña en las Escuelas es correcto en su contenido y formato. Tanto el vislumbrar las necesidad sociales (como dice nicolás) como reconocer las cualidades de la gestión (como dice gato) son sólo algunas de las cosas con que ya se puede comenzar una discusión mayor.
Las “autoridades” (PUC al menos, que es lo que conosco) se han mostrado abiertas a la discusión. Tal vez sea hora de elevar esto a un foro mayo.
Respecto de la UCV, una precisión ad-hoc, y proveniente de la mismísima fuente, escrita hace 60 años atrás.
“Composición Pre-Arquitectónica”
En Revista Plinto N° 1, Octubre 1947
(Está en la Biblioteca de la Fac. de la Chile)
Otro dato.
La UCV fundó la Ciudad Abierta el año 1972.
Las parroquias del Sur, fueron una experiencia de los años 60.
La UCV se refundó el año 1952, con Alberto Cruz y 8 profesores más.
El año 1958 salieron los primero 8 titulados.
Los 8 títulos, fueron 8 OBRAS DE TÍTULO, es decir, el título era un proyecto construído, habitables, algunas de esas intervenciones con piedaras y hormigón persisten hasta hoy.
Amigos, me da la impresion que algunas de las opiniones aqui expuestas estan desinformadas al menos de uno de los 2 lados y ello es especialmente peligroso al comparar, que yo recuerde, las obras de la PUCV no le hacian un favor a nadie.
saludos
Ah, es que si los arquitectos se midiesen por hacer favores….
bueno el articulo, pero fenomenal la idea, dan ganas de hacer cosas y eso me parece importante.
porque siempre en plataformas terminan peliando?
¿Qué importancia podría tener una obra de arquitectura para una pequeña comunidad rural del valle central de Chile?
Ubicación.
El edificio se ubica en:
La región con el mayor porcentaje de ruralidad del país.
La región con el mas bajo IDH (Índice de Desarrollo Humano) del país.
La región del Maule, Chile.
El edificio se ubica a:
Salud
12 Km. de una posta.
22 Km. de una CESFAM (Centro de Salud Familiar).
47 Km. de un Hospital.
Educación
6 Km. de una escuela Básica.
22 Km. de un Liceo.
47 Km. de una Universidad.
Comunicación
3 Km. de una parada de bus rural.
6 Km. de un teléfono publico.
22 Km. de un centro de Internet publico.
47 Km. de una estación de ferrocarriles.
297 Km. de un aeropuerto. Población.
El edificio es parte de:
Un poblado rural de 58 habitantes, de los cuales 35 son adultos mayores.
Una comunidad organizada con una Junta de Vecinos y un Club de Adulto Mayor.
Programa.
El edificio es:
El lugar de actividades y reuniones de la Junta de Vecinos.
El lugar de actividades y reuniones del Club de Adulto Mayor.
El lugar donde se realizan charlas educativas.
El lugar en donde los abuelitos reciben la leche y cremas nutritivas del Programa de alimentación complementaria del Adulto Mayor, del Ministerio de Salud de Chile (PACAM)
El lugar donde se realizan los controles médicos a la comunidad, por parte del CESFAM de Pelarco.
El lugar donde se realizan misas.
Él espacio publico, él centro cívico de una comunidad de 58 personas.
El edificio es consecuencia de la activa coordinación y gestión de:
La comunidad de Bajo los Rocos.
La Ilustre Municipalidad de Pelarco.
La escuela de arquitectura de la Universidad de Talca (el alumno).
QUE ANTES NO EXISTIA, NI TAMPOCO EL INTERES…
PERO SI LA NECESIDAD DE QUE EXISTIERA.
A ver, creo que los puntos en discusión se están confundiendo….
Personalmente, considero valiosísimo lo que se hace en la escuela de Talca.
Resolver problemas a nadie le puede parecer mal; es mas, sin miedo a que la frase se malinterprete, creo que es algo “políticamente correcto”.
Nací y crecí en la Séptima Región, y sé en carne propia, que hay mucho por resolver. Sé también, que dadas las condiciones de la infraestructura pública de la región, cualquier cosa nueva es mejor que lo que había (si es que lo había). Sé también que esos problemas no son culpa de los arquitectos, ni mucho menos, que baste la arquitectura para resolverlos.
Si alguien -de verdad- quiere resolver problemas, lo mejor es que no dedique sus esfuerzos a la arquitectura. No es casualidad que, tras agronomía y las clásicas ingenierías, la carrera con mas alumnos de la Séptima Región sea Trabajo Social (3 escuelas en una región no es poco). Si una escuela de Arquitectura opta por colaborar en eso, me parece excelente.
El tema, es que eso no dice nada acerca de la Arquitectura, ni mucho menos de una Escuela. Una escuela no se valora por tal o cual proyecto; se valora por una producción sostenida en el tiempo, que genera un tipo de profesional con un perfil característico (las Escuelas no se miden por sus títulos, sino por lo que hacen sus titulados). En todas las escuelas hay muy buenos proyectos de título, y muchas veces esos proyectos de título se realizan en escala 1 a 1, por así decirlo. Pero las Escuelas no se pueden validar solo por eso, porque en la mayoría de los casos (y en casi todas las escuelas) el Proyecto de Título es el mejor proyecto de la vida de los alumnos-arquitectos. Después del Título –que, mal que mal, es una exigencia- en la mayoría de los casos, el arquitecto guarda como tesoro las láminas de su proyecto, y se integra al sistema productivo para hacer lo mismo que hacen todos los arquitectos. Como la Escuela de Talca lleva tan poco tiempo, no podemos saber aun si sus titulados van a actuar o no de una manera distinta. Valorar o criticar ahora, es muy apresurado.
En ese sentido -por la perspectiva que nos da el tiempo- creo que antes de asombrase por la prematura buena nueva de Talca, debiéramos volver a mirar -con seriedad- lo que se “ha hecho” en los 55 años de la UCV. Dejando de lado las interpretaciones banales de “la poética de la arquitectura” (la peor y la mas común de todas las lecturas posibles), la UCV -junto con la U de Chile-, son las escuelas que dan cátedra en cuanto al rol social del arquitecto.
Por dar un par de ejemplos.
En 1957, Miguel Lawner y alumnos de la U de Chile, proyectaron in situ la urbanización completa de la “Toma de la Victoria” (actual población de “La Victoria”).
En 1960, tras el terremoto, el Instituto de Arquitectura de la UCV y toda le Escuela –con los alumnos trabajando hasta de obreros- se dedicaron a la reconstrucción de las Iglesias de las provincias de Concepción y Valdivia.
Solo un par de ejemplos que nos hacen ver que –aun- nada nuevo hay bajo el sol, aunque sin embargo, no nos dicen mucho acerca de la Escuela como productora de profesionales con “conciencia” o “sentido” social.
Si nos dice algo, por ejemplo, el hecho de que una escuela tan reconocida como la UCV no tenga ex alumnos “famosos”.
¿Dónde están los arquitectos titulados en Valparaíso?
Cerca del 70% de los titulados de la UCV, no están discutiendo en las plataformas, ni enviando proyectos a revistas para ser publicados; por el contrario, están trabajando en organismos públicos (la mayoría de las veces en los lugares mas aislados de Chile), llevando –efectivamente- la modernidad y “el oficio” a todo el territorio.
Si todos –nosotros, no las escuelas- aspiráramos a dedicar nuestras vidas a un compromiso de ese nivel, estas discusiones no serían necesarias.
¿Por qué se piensa que mostrar algo nuevo (por lo menos en arquitectura) se hace con el fin de “figurar”? ¿Por qué aparece “la mala intención” en los comentarios al momento de hacer pública una idea, una buena e innovadora idea? Al contrario, se debería agradecer, porque se está compartiendo (no compitiendo). El que haya surgido una nueva forma de enseñar arquitectura es un bien preciado y puede ser un ejemplo a seguir. ¿No se puede ver acaso como un aporte, como una entrega de información de algo que esta ocurriendo?
La Escuela de Talca entrega los conocimientos durante 6 años, prepara a sus futuros arquitectos a través de la teoría pero de la mano con la práctica… ” hay que meterse al mar para saber lo que es realmente el agua salada” y que mejor forma que “aprender haciendo”, todos sabemos que la experiencia,el experimentar, es la mejor manera de aprender y decir convencido (por uno mismo):”es verdad lo que antes era teoría porque ahora lo viví personalmente”, es un valor agregado a la educación. Lo que la Escuela de Talca está haciendo es enseñar a un futuro arquitecto a dar sus primeros pasos hacia la realidad bajo la tutela de los profesores. Es un preámbulo al mundo laboral, es una preparación que entrega la confianza en el estudiante de arquitectura de que es posible llevar a la realidad lo que tenía imaginado en una maqueta.Y es en esa situación que el alumno se hace guerrero ante los obstáculos del camino y va a la pelea por cumplir la meta, donde hay que “arreglarsélas” para llevar a cabo la obra. El mundo laboral no es muy distinto, el “panorama” para el arquitecto en Chile no está nada de fácil. Esta forma de enseñar arquitectura, además de conocimientos y de hacer pensar, entrega la posibilidad de gestionar una obra para hacerla real. Aquí aparecen las fuerzas de la creatividad, voluntad y perseverancia en la gestión, herramientas claves para transformar un proyecto en una obra.
Los nobles materiales y grande obras nos impresionan, es cierto. La belleza es innata y no podemos dejar de contemplarla.
Pero lo “poquito”, sencillo y humilde, lo que surge del lugar natural, materia de la tierra en la que trabaja el campesino, como un tronco botado que nadie ve, puede llegar a ser un gran protagonista en una obra que logrará emocionarnos. “Con lo que hay” (nombre de una obra de título UTAL) la imaginación empieza a correr en cuanto al diseño y la gestión y “con lo poco de un comienzo se puede llegar a mucho”.
Depende de los ojos con que se mire, como el bloque de mármol(desechado anteriormente por Agostino di Duccio) el cuál fue tomado por Miguel Ángel para esculpir El David!