Las antigüedades Lagazio ha sido a través de su historia, partícipe de la transición de la etapa más floreciente porteña, a la mutación por la que está pasando en este momento.
Valparaíso fue un puerto significativo en el Pacífico, sumamente productivo y comercial, y por consiguiente atractivo para diversos inmigrantes, en su mayoría europeos, como lugar de oportunidades. Ahora es una ciudad testigo de ese pasado, construida en función de su productividad y de sus influencias extranjeras. Su condición de testimonio de ese pasado es lo que la hace valiosa, y fue por eso que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en el 2003.
Las antigüedades Lagazio comenzaron en 1904, con el arribo del primer Lagazio, un italiano de 14 años, al puerto. El comenzó a trabajar en una conocida casa comercial; la Casa Ugarte hasta que su prosperidad le permitió instalar su propio negocio en la calle Independencia.
Su hijo, Humberto comenzó trabajando en ese negocio, que vendía telas, cortinajes y muebles de calidad. Llegaron a ser tan exitosos en su rubro, que decoraron las casas más rimbombantes de la época, entre ellas el Palacio Rioja y el actual Palacio Presidencial en el Cerro Castillo.
Pero luego Humberto prosperó y abrió su propio negocio también en la calle Independencia; un bazar, dedicado a muebles y objetos de calidad.
Un día en 1975 Humberto Lagazio fue convidado a participar en una muestra de antigüedades en el Casino de Viña (pese a que el no se dedicaba a las antigüedades), y parece que tanto se entusiasmo, que empezó a dedicarse exclusivamente a ese rubro.
Y, claro, le fue bien. Tan bien que hasta gente de Santiago venía a Valparaíso a comprar sus antigüedades.
Hasta que hace años ya, la cosa empezó a decaer.
Las razones son muchas, la ya mencionada obsolescencia de formas de comercio tradicionales, frente a las nuevas demandas de consumo, quizás.
El problema es que, esto sería aceptable en una ciudad común y corriente, pero en una declarada Patrimonio de la Humanidad con bombos y platillos, se supone que su condición patrimonial es lo valorado, y ésta no se refiere solamente a edificios antiguos en cerros conocidos, sino a las formas que dieron a Valparaíso su atractivo y prosperidad, y estas formas en gran parte son comerciales.
El comercio tradicional no se incentiva, es reconocido por algunos como lugares valiosos, pero no cuenta con una infraestructura que lo sustente, dicen los mismos comerciantes. Es bien sabido que las calles están sucias, que hay pocos basureros, y que no hay control de plagas en Valparaíso, para empezar.
Hay elementos destinados a desaparecer, por obsolescencia funcional y económica, pero en una ciudad que se declara patrimonial, hay que tener especial cuidado con aspectos tradicionales, hay que darle un impulso básico, un mínimo incentivo para que se mantengan, ya que son parte fundamental de lo que se considera patrimonio, no solo el entorno construido, sino quienes desde el principio han participado y contribuido en el desarrollo de la ciudad.
* Fotos: Felipe Guillon G.

























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Creo que en la vida existen etapas que deben respetarse y este es el caso de la Casa Lagazio,me imagino que cumplió con su objetivo de haber vendido estilo,buen gusto y nostalgia a muchas personas, pero la vida sigue y las necesidas aunque son las mismas difieren en la forma.Igual siempre esta Casa será un referente de los demás anticuarios y amantes de lo antiguo.
Interesante, y ma trajo recuerdos, ya que tuve una tia que trabajo durante años con Humberto en la parte telas y muebles, alla en los años sesenta…
Saludos desde Francia…
Fueron los pioneros en la fabricación de cortinajes de estilo,
fundas de sillones. Tenían amplios catálogos de las mejores telas de gobelinos, felpas, algodones y estampados. Décadas
atras. Tapices. En tiempos en que todo era calidad. Después,
decayó por la introducción de sustitutos en telas. Aumentó
la competencia de nuevas tiendas en Viña, y el éxodo residen-
cial masivo desde Valparaíso a Viña y otros lugares de la región. Casas del centro de Valparaíso eran habitadas por
grupos familiares desde fines del siglo XIX y principios del
XX. La deserción fué ostensible. Valparaíso luce como dormido.
Vendrán tiempos mejores.
Casa Lagazio, era sello de distinción del comercio porteño.
Un viaje de seducción al pasado. Una atmósfera evocadora
que se debe sentir en su ubicación de siempre.